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  • Diario Digital | sábado, 21 de mayo de 2022
  • Actualizado 21:45

Ariel Magnus: ¿Por qué los youtubers sacan sus libros?

Recuperamos partes de una entrevista de hace algunos años al autor argentino, del que la editorial boliviana El Cuervo acaba de lanzar su libro Doble vida, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
Ariel Magnus. CORTESÍA
Ariel Magnus. CORTESÍA
Ariel Magnus: ¿Por qué los youtubers sacan sus libros?

El escritor argentino Ariel Magnus (Buenos Aires, 1975) apuesta por la vigencia del libro en su formato tradicional, frente a la avanzada tecnológica. 

¿Te puedo decir escritor todo terreno? Es porque, además de tus novelas, que son un montón, traducís, editás, compilás, has hechos columnas… Creería que lo que aún no te llegó es la poesía…

¡Al revés! De chico escribía poesía. Pero muy rápido me di cuenta de que era un arte demasiado perfecto para mí y me entregué al barro de la prosa. Otra cosa que hice de chico fue escribir un guion de cine. Me compré el libro de Doc Comparato y lo usé de guía. También escribí una obra de teatro. Lo que nunca hice fue ensayo, todas las ideas en ese sentido las termino metiendo en la ficción. Pero medio que me le animo a todo lo que tenga que ver con la escritura y la producción de libros. Es a lo que decidí dedicar mi vida y por ahora no me arrepiento.

Publicaste Sandra en 2005 y de ahí en adelante se sucedieron las novelas a razón de una por año. ¿Cómo fueron estos casi 15 años de escritura sostenida y cómo era antes de empezar a publicar así?

En realidad, venía escribiendo desde antes, todos los días, solo que no quería publicar. Creo que tampoco hubiera podido, en todo caso nada de esa época se publicó después, no debe ser muy bueno que digamos, aunque yo naturalmente le tengo cariño. Para publicar tuve que hacer un cambio de mentalidad. Ser menos críptico, empezar a pensar en un posible lector. Eso fue lo que más cambió desde entonces, al menos con los libros que publico, porque son bastantes más los que escribo que los que me publican. Aunque trato de publicar todo. Algunas cosas ya sé mientras las escribo que no le van a interesar a nadie y sin embargo cuando las termino hago el intento al menos una vez, antes de que terminen en la caja de los inéditos.

En 2007 te ganaste por Un chino en bicicleta el premio internacional de novela “La otra orilla” y César Aira era parte del jurado. Doce años más tarde, publicás “Ideario Aira”. Contame primero en qué cosiste el libro, y luego los entretelones de tu relación con Aira. 

Aira solo profetiza en el extranjero, es verdad. Acá cerró la cortina hace rato. Mi idea también era entrevistarlo, hacer un libro de entrevistas en el que habláramos sobre cada uno de sus libros, propuesta que me rechazó con mucho entusiasmo. A modo de venganza hice este diccionario con sus mejores ideas. En realidad, lo que quería era leer todos sus libros de un saque. Y también quería hacer un diccionario, de lo que fuera. 

En cuanto a nuestra relación, cuando gané aquel premio, viajamos juntos a Colombia, yo a recibirlo y él a entregármelo, algo bastante bizarro, porque era de la editorial colombiana Norma. Me acuerdo que en el avión se estaba aburriendo y justo pasaban Ocean’s Eleven, o quizá ya era Ocean’s Thirteen, y me preguntó si la conocía y le dije que sí y que era bastante entretenida, porque me gustan las películas de robos a bancos, por muy básicas que sean. Aira la miró entera y cuando terminó me dijo que era de las peores basuras que había visto en su vida. También me acuerdo que en una reunión con el jefe de la editorial, el tipo nos dio toda una explicación de por qué la gente no compraba libros en momentos de crisis y Aira lo interrumpió para decirle que a él muchas veces le había faltado la plata, pero nunca había dejado de comprar libros. Su amor por los libros es notable. Siempre te regala uno cuando te ve. En eso y en otros aspectos es un tipo muy generoso. 

En cuanto a la relación de feminismo y literatura, ¿qué sabés? ¿Creés que haría falta una ley de cupo como en la música?

Las mujeres son las que más libros venden, pero si mirás el canon, está dominado por hombres. Obviamente que el número de venta no determina la calidad, pero que las mujeres no entren al canon, o solo entren en el rubro “literatura escrita por mujeres”, no parece inocente. Igual no pediría un cupo en el canon, solo esperaría que conquistando lugares de poder terminen ellas decidiéndolo también. Creo que en literatura las mujeres están mejor paradas que en la música, donde el cupo tiene que ver con tener lugares en los shows, es decir ganar plata, que es lo que te asegura vender (y no el canon). Digamos que en este caso la fuerza del lectorado vence al patriarcado editorial.

Un tema sobre el que también escribiste bastante es el fútbol ¿Sos de esos pataduras que lo miran por tele o jugás? ¿Qué nivel de adicción tenés con la pasión futbolera?

Lo jugaba de chico, pero en el puesto del patadura, arquero. Ahora no lo juego hace décadas, me limito a mirarlo por tele y muy de vez en cuando voy a la cancha. Es un vicio que siempre trato de cortar, por la pérdida de tiempo que implica, pero no puedo. Me entretiene mucho. Es lo único que puedo mirar en la tele y de las pocas cosas sin sentido que me distraen. Igual lo intelectualizo al escribir sobre el tema. Me encanta escribir sobre fútbol. Así que sí, tengo un nivel de adicción bastante grande. 

¿Cómo te relacionás con las redes sociales, el hashtag y todas esas cosas relacionadas a la auto promoción?

Pésimo. No tengo nada. Hace muy poco me compré un teléfono de esos que llaman inteligentes, porque te succionan el cerebro, y entré al mundo whatsapp. Apagué mi Nokia 1100 aun en funciones, listo para revivir cuando se lo pida. Mi sociabilidad virtual es un fiel espejo de mi sociabilidad fáctica, que es tirando a nula. 

El año pasado se editó un libro de Alan Pauls sobre el acto de leer. Bajo el título Multitasking reflexiona de esta forma: “Quizás el rasgo más extemporáneo de la lectura sea hoy su exclusivismo, la exigencia de dedicación total que supone, incompatible con cualquier otra cosa”. ¿Cómo ves el panorama de la avanzada tecnológica y su relación con la lectura?

Los libros se la bancan. Le están dando batalla hasta al ebook. Y creo que la van a ganar. O empatar. Cuando Filloy fue a Estados Unidos, a principio de los cincuenta, vio por primera un televisor y vaticinó que ese aparato chiquito que te obligaba a mirarlo estaba condenado al fracaso, porque la gente quería hacer otras cosas mientras escuchaba, de lo que deducía que la radio le iba a ganar. Le erró fiero, pero en algo tenía razón: la radio sobrevivió, y con fuerza. Creo que lo mismo va a pasar con los libros, por más que todos tengamos smartphone. ¿O por qué los youtubers sacan sus libros? ¿Solo por hacer guita? Eso sin duda, pero hay algo de la lectura del libro que sigue siendo atractiva. Quizá sea exactamente eso que dice Pauls, pero en términos positivos: el placer que te obliguen a hacer una sola cosa, a concentrarte en algo inmóvil. Al igual que el cuerpo, el cerebro también pide moverse, quiere ejercicio, incluso el cerebro de un adolescente cooptado por youtube.

Volviendo a tu prolífica actividad como traductor del inglés y el alemán, ¿cuáles son las traducciones que más te desafiaron y las que más te gustaron? Hay que tener en cuenta que le entraste a autores para nada sencillo como Walter Benjamin, por dar un solo ejemplo…

Benjamin sin dudas fue de los más difíciles, y eso que no hice ninguno de sus libros filosóficos. Otros complejos del alemán fueron Kleist, Peltzer y Herzog. Del inglés me llevó mucho tiempo Charles D’Ambrosio, tiene una prosa muy preciosista y llena de referencias a la cultura norteamericana más o menos actual. A veces la dificultad es cultural más que idiomática. Las traducciones con las que más cómodo me sentí fueron Defoe, Disraeli, Fassbinder… Y Kafka. No sé por qué, porque es un autor nada sencillo, pero con Kafka siento que lo entiendo perfecto y que sé en todo momento cómo traducir lo que quiere decir.  

¿Y te sirve traducir para tu tarea como escritor?

Mucho. Varios libros de ficción que escribí surgieron de libros que traduje, me resulta inspirador. Y al revés también, me encanta saber que hay un tramo del día en que no tengo que inventar nada, me siento y copio, de un idioma al otro. Además, que siento la traducción casi como un trabajo social, como un aporte a la literatura en castellano. Parafraseando a Borges, diría que otros se jacten de lo que han leído, yo estoy orgulloso de lo que he traducido.