Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 26 de septiembre de 2022
  • Actualizado 09:12

Apuntes sobre la experiencia del habitar en ‘Seúl, Sao Paulo’

Reseña sobre la reciente obra del escritor Gabriel Mamani, Premio Nacional de Novela 2019. El libro se encuentra disponible la Editorial 3600.
Portada del libro Seúl, Sao Paulo del escritor Gabriel Mamani (derecha).
Portada del libro Seúl, Sao Paulo del escritor Gabriel Mamani (derecha).
Apuntes sobre la experiencia del habitar en ‘Seúl, Sao Paulo’

Gabriel Mamani es el ganador del Premio Nacional de Novela 2019; último premio obtenido después de una serie importantísima de logros en los certámenes literarios del país, que, si bien un concurso no delimita definitivamente la calidad del proyecto literario de un autor, en algunos casos como en este, es cuestión de justicia el merecerlos en todo el amplio marco de méritos, que cada una de sus obras ha logrado en los concursos que participó. 

El premio 2019 tiene el título de Seúl, Sao Paulo y está publicada por la Editorial 3600, como lector debo decir que el año que obtuvo el premio, para la historia que Gabriel narra, se convierte en un acto de justicia absoluta a la capacidad de nombrar los imaginarios sociales; dándoles forma y materialidad en el tejido literario. Haciendo que aquello que nos envuelve como sociedad; muchas veces tan naturalizado, asumido y en la misma proporción también tan esquivado, y negado, en la forma de nuestras apreciaciones con el “Otro” amigo, enemigo, villano, socio, ciudadano, vulnerable, repugnante, y monstruoso. 

Finalmente, en un año como aquel, se premió y queda como galardonada una narrativa sobre aquello que tanto miedo y pánico genera; la identidad. La pregunta por esta, bajo ese contexto espacial, tiene una particular y diferente urgencia colectiva por ser respondida. Una urgencia para de esa forma hacer de lo que rodea a cada colectividad un espacio de trinchera y salvación contra los engendros con los que nos tocó compartir el espacio territorial de nuestra historia. 

Seúl, Sao Paulo; es una historia que se va desenvolver en esa geografía fantástica del país, que en el enmarañado cartográfico jamás queda ni mínimamente pensable y representado. Ese departamento que en su principal división queda como plano extraño que se compone desde una relación de significados antónimos de las descripciones de sus nombres y en los que la literatura bajo ningún motivo puede dejar de existir en las referencias que construyen. Dos ciudades en cuestión que hasta en sus nombres son una figura fantástica. La Paz el hoyo del asunto y la ciudad de El Alto, el piso elevado más cerca al cielo. 

La novela de Gabriel y a pesar de sonar arriesgado en el intento de sintetizar la obra en un solo eje temático, me animaría a decir que trata de la identidad en ese áspero competitivo mundo de la formación de la “masculinidad” y en la mirada de la conformación de una identidad contraria a los discursos oficiales de identidades esperadas. Accedemos a la narración desde la voz de un macho cabrío, intentando definir quién es desde lo íntimo, desde lo social, desde lo civil, desde lo amoroso y desde lo familiar. Macho cabrío que se relaciona simbólicamente en las narrativas míticas a la tensión de la tragedia. Personaje mítico que termina representando al dios de la abundancia Pan o Fauno, protectores de los pastores, señor de los bosques y dioses de la fertilidad y de la sexualidad masculina.

La narración de la relación de los primos Pacsi, y en realidad de la familia Pacsi, y en realidad de la cadencia del mundo de los ojos del macho cabrío Pacsi que en primera persona le dice al lector sobre la experiencia del servicio militar en la base aérea, de abandonar el colegio, de tener un primo brasilero – aymara, de querer partirle la cara al suboficial Sucre, de querer tener chica, de querer debutar en las Claudinas, de la problemática de asumirse como un alguien “bien”, de esos con ambiciones que terminan el cole y se van a estudiar a la universidad, o que hacen la carrera militar o policial, no de esos que entran a la EMI porque “eso es 

para los hijos cholos de la Eloy”. 

Entonces cuando leemos la novela, nos enfrentamos a un relato, constituido por una trama de cinco partes. En el que el conflicto por la identidad está atravesado por la tragedia de una edad y una realidad que desde los discursos oficiales quiere delimitar el ideal de persona. Ideal referencial del hombre de a pie, del hombre común, de ese que odia a Chile y quiere mar, que piensa que el saber manejar un arma es una garantía patriótica y representa la convicción del hombre cuidador de la nación. Ese que en teoría esta absorbido por la jornada laboral pero al que siempre se le pretende atribuir una especie de sabiduría de opinión común, fundada en “la experiencia”. Pero qué pasa, si ese bosquejo de la neutralidad, tiene como punto de partida, un determinado color de piel, un tipo de olor, una mirada de la comodidad del mundo, una sofisticación particular, un acceso específico a la institución de lo estéticamente deseado. Y que todos esos atributos de “la neutralidad” sean lo absolutamente opuestos a lo que uno es y a lo que desde esa mirada es imposible de lograr, dejando como opción un blanqueamiento que obliga a renunciar a plan de la vergüenza o el reduccionismo de la siempre tan compleja dimensión trágica del “de dónde venimos y qué le debemos”. 

La tragedia es válida en la medida en la que el afectado construye modos de ser con su conflicto. Seúl, Sao Paulo nos sitúa directamente a estas relaciones que se convierten en la arcilla de las categorías y situaciones experienciales con las que se componen “lo social”. Vemos esa relación desde los ojos de “un paria” que está creciendo y que se siente excluido por cualquier capa de su mundo. A partir de la migración del mundo convencional el narrador va construyendo su intimidad y a la vez la del mundo. A partir de esa lejanía va construyendo la intersubjetividad que termina en fracaso, materializada en el abandono del colegio, y en el faltarse a la graduación militar, para concluir como un migrante en Brasil.

Seúl, Sao Paulo es ganadora del Premio Nacional de Novela, no solo por su buena trama, no solo por la pericia del Gabriel en el manejo de las estrategias del relato. Seúl, Sao Paulo es una novela a la que debemos mirar, porque es una historia que nos confronta con lo que somos, y con lo que gran parte de la literatura actual de alguna forma hemos tratado de no escribir. A pesar de no tener una obligación, mucho menos un deber en hacerlo. Pero encontrarse con un trabajo así resuelto debe despertarnos la atención. Porque como dice la misma novela “Todos putean. En otra lengua. Desde otro corazón” lo importante es putear, o mejor dicho escribir. Contar con Seúl, Sao Paulo como novela ganadora, es un placer que problematiza lo que se dibuja hoy, concebido en otros ayeres y es un placer que como lectores podemos disfrutar.   

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