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  • Diario Digital | lunes, 20 de mayo de 2024
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Antonio Díaz Villamil: literatura infantil y escuela

Un análisis que reconoce en obras infantiles del autor paceño una poética de fantasía encaminada a conseguir nuevos lectores escolares, desde textos comprensibles
Antonio Díaz Villamil: literatura infantil y escuela

El propósito del presente artículo es ver la dimensión productiva creativa de la narrativa de un prosista y dramaturgo de la literatura infantil boliviana en relación a la formación escolar. Por eso, me dedicaré a dar una ojeada a una parte del corpus literario del escritor paceño Antonio Díaz Villamil (1897-1948). Distingo Nuevo teatro escolar boliviano (1947) y Leyendas de mi tierra (1972), dos muestras textuales que están bajo la influencia de la leyenda y la tradición. Escritura con una elaboración cuidadosa y sutil, pero que simula ser inocente. Y, que, además, está bajo el manto de la literatura del entretenimiento ameno para este universo especifico.    

Dora Gómez de Fernández, en su afán de dar una visión crítica sobre el trabajo escritural de Díaz Villamil, reconoce que estaba siempre “a la caza de populismo, de bolivianismos, de esas sabrosas maneras con que el pueblo, cuando actúa en su propio medio, expresa sus ironías, sus odios, sus amores, sus picardías, con sintaxis aymara y palabras castellanas o semi castellanas”. Esta distinción se comprueba en Nuevo teatro escolar boliviano. Libro que alberga las producciones “El juicio de Salomón”, “Retamita”, “La dentadura de Pedrito”, “Muñecas de bazar”, “El oro y el cobre”, “La mejor ofrenda”, “Las dos multas”, “El tirano Melgarejo y los estudiantes” y “El mostrenco Becerra”.    

De igual manera, las Leyendas de mi tierra acoge “Leyenda de la papa”, “La Khantuta tricolor”, “La leyenda del desaguadero”, “La esmeralda sagrada”, “El tesoro del Choqueyapu”, “La leyenda de la coca”, “La muchacha que no conocía el sabor de la sal” y “La leyenda del Ekhekho”. De las dos publicaciones, el tratamiento artístico creativo del lenguaje está forjado en un idioma claro e ingenuo que gira en torno a lo didáctico y al rescate. Didáctico porque el autor cuando traza sus dramatizaciones para el teatro escolar lo hace “desde el escenario, proyectando sobre los pequeños espectadores una nutrida gama de emociones y de sugerencias” (Díaz Villamil). Y rescate, puesto que entiende que “la lengua sonora de las leyendas es tan antigua, tan hondamente arraigada en el corazón de los humanos y en la historia espiritual de los pueblos, que es inmortal e inconmovible” (Adhemar Gehain) y no deberían descartarlos de los niños. 

La validez poética de estas realizaciones radica en trabajar sobre las leyendas y relatos costumbristas, pero orientados a la posición de los niños en etapa escolar. Es una narrativa de esfuerzo pedagógico que se presenta bajo la forma de fábulas y dramas acordes a un ambiente tradicional y folclórico. En consecuencia, se aprecia una postura costumbrista como toma de conciencia. Es un fluir natural hondamente influenciado por el enorme y bello carácter cultural boliviano que ostenta. De esto transcribo un fragmento: “Un viejo adivino llamado Kjana.Chuyma, que estaba, por orden del Inca, al servicio del templo de la Isla del Sol, había logrado huir antes de la llegada de los blancos, a las inmediaciones del lago, llevándose los tesoros sagrados del gran templo” (La leyenda de la Coca). 

Esta su literatura infantil se adecua a un perfil formativo del niño, que busca crear estimulación en el hábito de la lectura, en su periodo de escolaridad. Esto en relación directa a la triste realidad de mostrar las escasas lecturas que no consuman. A la sazón, su literatura infantil pretende promoverse en los establecimientos educativos ante la notoria ausencia de autores y libros. Así, reconoce que hacer teatro escolar es más difícil que hacer teatro en general, por considerar “los temas, los argumentos, el léxico, la profundidad del carácter de los personajes, la extensión de la obra y hasta la escenografía y la tramoya” ya que tienen que acomodarse a la mentalidad de los niños. 

De la conexión literatura infantil y escuela el autor en sus dramas genera amenidad. En concordancia copio un segmento: “La escena representa un desolado paisaje andino en medio del cual se alza una rústica choza indígena con techo de paja. A la puerta de la choza se halla sentado Pascual, el cual, al levantarse el telón ensaya con su flauta o pinquillo una melodía autóctona” (Retamita).

El aporte artístico de Díaz Villamil a la literatura infantil es recuperar tradiciones autóctonas nacionales en leyendas y dramas, con un lenguaje no espontáneo, menos oportunista. En suma, es una poética de fantasía encaminada a conseguir nuevos lectores escolares, desde textos comprensibles. Como resultado, sus dos escritos tienen la intención de crear en los niños una identidad literaria desde la línea de lo telúrico. Son narraciones contados desde una voz nativa y compuestos desde un fluir de la conciencia.