Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 24 de septiembre de 2019
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ACERCA DE ELLA, FILME GANADOR DEL OSCAR AL MEJOR GUIÓN ORIGINAL, EN CARTELERA LOCAL

And I love Her

Espero el tren que me lleve de la estación de la avenida Rhode Island hacia el centro de Washington. En el andén, mientras el frío viento invernal golpea mi cara, puedo visualizar unas cuantas personas esperando también. Silenciosas, retraídas, desconectadas. Lo único que brilla en sus rostros es la luz de la pantalla de sus smartphones. A medida que teclean algo, sueltan, de vez en cuando, sonrisas o muecas misteriosas

Una vez dentro el tren, el escenario se repite. Nadie dice nada. Nadie conversa. Pocas son las personas que todavía se miran a la cara sin estar pendientes de lo que acontece con la nueva tecnología en el bolsillo de su pantalón o dentro su cartera. Conectados y desconectados a la vez. Una vez en el centro de Washington, camino hacia el cine. Cada persona parece distante de la otra. Todos están conectados a unos audífonos blancos, escuchando música, hablando con ellos mismos, con algún conocido quizás o tal vez con Samantha

Pasada la ceremonia de los Oscar, que cada vez pinta a menos -si es que no era ya insignificante-, todavía llegan con retraso a nuestras salas algunas películas nominadas. Es el caso de Ella o Her, cinta del director y guionista Spike Jonze (Being John Malkovich Malkovich, Adaptation). La película trata acerca de Theodore Twombly (Joaquin Phoenix), un hombre solitario a punto de divorciarse que trabaja como escritor de cartas para terceras personas. Éste compra un nuevo sistema operativo basado en el modelo de Inteligencia Artificial, diseñado para satisfacer todas las necesidades del usuario. Para su sorpresa, se crea una relación romántica entre él y Samantha, la voz femenina de ese sistema operativo (Scarlett Johansson)

La cinta de Jonze, luego de sus trabajos con el magnífico Charlie Kaufman, se asemeja a la fantasía solipsista vista en Synecdoche, New York, en sus momentos más preciosamente sombríos. Haciendo a Kaufman a un lado, Ella refleja una historia de amor extraña, combinada con una reflexión sobre la tecnología como un acelerador de la soledad. En ningún momento el filme parece ser una alegoría de hombres solitarios con miedo a las mujeres, más bien parece una exploración de la búsqueda de sentido

Phoenix entrega una gentil y la vez devastadora encarnación de Theodore. La actuación del protagonista borra de la memoria interpretaciones duras como las que realiza en el falso documental I’m still here o recientemente en The Master. Phoenix nos muestra a un sujeto un tanto “chaplinesco”, un hombre de diario batallando y contemplando el alma de su naturaleza que recala en su interior. El actor nativo de Puerto Rico se introduce muy naturalmente en su papel. Abrazando la melancolía, se refugia en la voz de Samantha, un amor que para Theodore, parafraseando a Philip K. Dick en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, parece más humano que el de los humanos. Lo más curioso es que se trata de un hombre que tiene problemas para expresarse y sin embargo trabaja en una empresa escribiendo cartas románticas y sentimentales para otros. Raras veces vimos al también actor de Walk the line en una interpretación tan frágil, sensible, variopinta y con matices de colores como los de la fotografía, labor bellísima a cargo de Hoyte von Hoytema, del cual ya pudimos ver su increíble trabajo en la original sueca Let the right one in

Johansson, sin aparecer ni un solo segundo en pantalla, tiene un tono de voz dulce, sexy, cariñoso, manipulador e, incluso, uno que asusta. La voz de Johansson es íntima y gutural, como una balada dulce y suave, ya sea susurrándole a su “novio”, Theodore, o uniéndose a él en la duda. Samantha no es solo una mujer hecha de ceros y unos, no es solo un sistema operativo. Es una consciencia. O al menos así piensa un hombre lastimado por mujeres de carne y hueso. Ella no es una cosa. Ella es la chica de sus sueños en una aplicación. Ella es un todo, en sus distintos aspectos, que la hacen encantadora y única.
Los tonos neutrales de azul y gris en la ciudad de Los Ángeles, en un futuro no muy distante, contrastan con los tonos brillosos de la vestimenta y escenografía, lo cual denota una curaduría expresiva en el apartado visual. Esa sensibilidad se vuelve parte del ingenioso guión que Jonze, quien construye un mundo interior y exterior absolutamente convincente para Theodore y Samantha. El enfoque de la cinta no es la tecnología o la concepción humorística de la misma “per se”. El filme se interesa en la alienación y el rol que juega la proyección en la construcción del amor, el deseo y la identidad de uno mismo

Jonze crea un espléndido anacronismo de una película romántica que es una montaña rusa. Casi como una relación real. La relación de Theodore y Samantha habla de nosotros, en algún momento de nuestras vidas quizás, a través de las coprotagonistas en distintas etapas del enamoramiento. La ilusión, el trance y ruptura se reflejan a través de Catherine (Rooney Mara). El personaje de Olivia Wilde representa la desconfianza y el temor a salir de nuevo. El consuelo y confort que se busca ante el dolor viene de la mano de Amy (Amy Adams) y el enamorarse de nuevo por la voz de Samantha

Ella es entretenida, ingeniosa, pero también discutible e inquietante. Nos muestra un retrato triste del ser humano actual y de cómo las nuevas tecnologías, al igual que el amor -en algunos casos- nos marginan del resto de las personas. La cinta es una joyita contemporánea, de aquellas que desatan discusiones entre partidarios y detractores. Posee un soundtrack bellísimo compuesto por Arcade Fire, Owen Pallet y Karen O, además de una de las escenas de sexo más imaginativas de los últimos tiempos

A Ella se le puede acusar de cursi, hipster, de muchas fallas y vacíos. No es perfecta, aunque pueda que sí. En mi caso, solo puedo terminar citando a Paul McCartney diciendo “And I love Her”.

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