Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 30 de octubre de 2020
  • Actualizado 00:37

CINE

Algunas claves para ver Da 5 Bloods sin caer en la fiebre del debate sobre el asesinato de George Floyd

Otra mirada a la más reciente película del director Spike Lee, disponible en la plataforma de Netflix 
Ilustración de uno de los personajes de la película de Spike Lee.
Ilustración de uno de los personajes de la película de Spike Lee.
Algunas claves para ver Da 5 Bloods sin caer en la fiebre del debate sobre el asesinato de George Floyd

Hubo un tiempo en que el monopolio de las historias de Nueva York lo tenía Woody Allen o Martin Scorsese. Ambos cineastas usaron Hollywood como una especie de satélite para concentrarse en contar historias puramente nuevayorquinas, llenas del encanto y la desdicha, la violencia y la magia que puede producir tamaña urbe, símbolo de la modernidad planetaria. Pero detrás de ellos venía alguien con ganas de arrebatarles el control narrativo y ese alguien provenía de la televisión y el videoclip, de la publicidad y el mundo de MTV y -cosa muy importante en esos días- además era negro. Spike Lee se forjó como un polémico nuevo “L’enfant terrible” al poder recuperar de Nueva York no los viejos barrios italo-americanos de Scorsese ni los ambientes intelectuales de Allen, sino que se empezó a pavonear con un retrato harto cínico y harto crudo de los afroamericanos en tierra de los Donalds Trump. No fue el primero ni el único, ciertamente, pero sin duda es especial.

Spike Lee fue retratado varias veces como el valiente contestario que reivindica los derechos civiles de los negros, otras como el mordaz cuestionador de la hipocresía blanca frente a la pobreza y la vida misma de las minorías afroamericanas y también como el racista a la inversa que provoca la separación y el odio entre blancos y negros. Nada de eso, creo yo. Lee es evidentemente un narrador de la cultura afroamericana, pero cuando la retrata la hace desde una mirada muy poco quejumbrosa, no existe ese patético aire melodramático que tiene por ejemplo el guion de la horripilante película 12 años de esclavitud o el tono hipócrita paternalista que tiene la espantosa Amistad, digamos. Cuando Spike Lee se mira a sí mismo a través de sus hermanos, lo hace con un sentido autocrítico despojado de todo maniqueísmo a tal punto que sus personajes, blancos y negros, son una expresión absoluta de las contradicciones y ambigüedades de lo humano, no de las razas. 

Él mismo interpretando el papel de Mookie en Do the right thing es un bonachón querido por todo el barrio, un articulador de la convivencia racial pero, al mismo tiempo, un deplorable padre y un tipo sin norte que contrasta, por ejemplo, con el cascarrabias pero infinitamente noble Sal, el blanco del barrio, interpretado por el solvente Danny Aiello. O la minuciosa exploración que hace de la personalidad enormísima pero al mismo tiempo miserable del líder de los derechos civiles Malcolm X, con un Denzel Washington que termina por crear un antihéroe muy difícil de ser reverenciado, o la colección de infamias y al mismo tiempo grandezas que se aprenden sobre los seres humanos (blancos y negros) en esa obra superior de su filmografía llamada Clockers.  Y digo esto porque es tendencia en nuestro país su última película llamada Da 5 Bloods (5 sangres) aparecida en Netflix y de la cual ya se hicieron sendas reseñas, algunas publicadas acá en La Ramona. En todas ellas hay un denominador común: el supuesto tinte político que la película tendría para denunciar, entre otras cosas, la utilización de la población negra durante la Guerra del Vietnam y las dificultades y traumas que tuvieron los veteranos para su reconocimiento e integración al sistema norteamericano y la pertinencia de este filme para avivar el debate en torno al asesinato de George Floyd. 

Algo de eso hay, sin duda, pero creo que no es lo central. Yo pienso que lo que hizo Spike Lee en Da 5 Bloods es volver a contar la hermosísima El tesoro de la Sierra Madre de John Huston y a esa proeza darle el tratamiento que Coppola le dio a la novela de Conrad (El corazón de las tinieblas) para su película Apocalypse Now. Me explico: En Da 5 Bloods -como en El Tesoro…- se narra la historia de un grupo de personas que va detrás de un tesoro escondido y al encontrarlo sus más bajas pasiones, ambiciones, traumas, resentimientos terminan por quebrar la hermandad. Pero en el caso de la película de Lee, la exploración que hace de las miserias humanas, está ligada también a la iniquidad de la guerra, de la lucha de poder, de la inocencia perdida, de los resentimientos humanos, de la drogadicción, de la locura y de las bajas pasiones. Es decir, todo lo que se narra como trasfondo en la película de Coppola. Ergo, sí, Da 5 Bloods es una simbiosis encantadora entre ambas obras de arte.  

Que la película abunda en referencias a las iniquidades cometidas por los blancos contra los negros, es cierto. Que en la película hay una serie de críticas a la política e historia de la Norteamérica blancocentrista es indudable. Que la película conlleva una mirada sombría sobre la exclusión social de los afroamericanos es también cierto. Pero son sólo elementos que aparecen (literalmente) como inserts y collages que se diluyen en lo verdaderamente dramático: La inmundicia, fragilidad y al mismo tiempo grandeza de nuestra condición humana, ese padre que abandona a su hijo herido en plena selva o el que se arroja sobre una granada para evitar la muerte del amigo, situaciones que van más allá de la piel y de la carne y que cuestionan no la relación de razas sino nuestro frágil sentido de la humanidad que llevamos dentro. 

Pese a su innecesario final feliz, Da 5 Bloods es uno de los más altos aciertos de Spike Lee que ha sido irregular en su carrera, por cierto, pero que goza de un extraordinario cinismo que en esta película llega a su punto más notable cuando cita sin descaro la ya enunciada Apocalypse Now (el nombre de un bar, las escenas de helicópteros, uno de los personajes gritando “El horror”, “El Horror”, la música de fondo, el personaje de Delroy Lindo que se enfrenta con un “nativo” en balsa al estilo de Laurence Fishburne en la obra de Coppola) sino que además es un homenaje a todas las otras grandes películas del Vietnam por los diálogos, la fotografía, los conflictos y los personajes, incluida la referencia a la comedia Good Morning Vietnam en que el papel que originalmente lo hacía el payasito Robin Williams, ahora lo hace una inmutable dame fumadora que aprovecha el micrófono de la radio para poner a los soldados negros en contra del ejército de blancos. Sin duda, una de las mejores cosas que veremos este triste año de pandemia. Spike Lee, nos salvó la cuarentena.