Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 28 de noviembre de 2021
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Alfonso Crespo y la desmemoria histórica (II)

Segunda y última parte de este texto en el que el autor realiza una lectura crítica a propósito de la biografía del exdictador Hugo Banzer Suárez
El biógrafo Alfonso Crespo y la portada de la biografía ‘Banzer, el destino de un soldado’.                   ELABORACIÓN PROPIA
El biógrafo Alfonso Crespo y la portada de la biografía ‘Banzer, el destino de un soldado’. ELABORACIÓN PROPIA
Alfonso Crespo y la desmemoria histórica (II)

Tras los doce años de gobierno del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) se produjo el golpe de Estado en 1964, comandado por el “general del pueblo” –como lo llamó Fernando Diez de Medina al Gral. René Barrientos–. En el periodo “Barrientista”, el teniente Hugo Banzer fue designado Ministro de Educación, cargo que ocupó durante dos años, que según el relato Banzer realizó por primera vez un diagnóstico de la situación de la educación: “Los datos que arrojó este análisis eran preocupantes: el analfabetismo superaba el sesenta por ciento de la población adulta y en el campo era aún más alto”. Curiosamente, la labor ministerial se restringió a resaltar alarmantes cifras pero sin ninguna solución al respecto.  

De la conspiración a la silla presidencial 

Ya en los años setenta, bajo la presidencia de facto del Gral. Juan José Torres –del 7 de octubre de 1970 al 21 de agosto de 1971–, hubo la primera conspiración promovida por Banzer, debido a la “incautación de haciendas ganaderas por el partido comunista pekinés, indujo a algunos militares, industriales y ganaderos cruceños a complotar contra Torres”. Tras los sucesos conspiratorios, “Torres, que era débil pero noble, no acosó a Banzer y le permitió exiliarse en Argentina”. En su confinamiento en Buenos Aires, “renació la conspiración. Esta vez fraguada en el exterior e interior del país”. A principios de 1971, Banzer recibió la visita de varios dirigentes, “quienes le informaron que se tramaba una nueva subversión contra Torres e insistieron en que la encabezara”. El 21 de agosto de 1971, se suscitó la llamada “Revolución de agosto”, que según narra Banzer: “Aproximadamente a la media noche del día 21, la revolución había triunfado en La Paz. A esa hora elementos de la policía me sacaron de la habitación en que aguardaba detenido. Ellos sugirieron la idea de trasladarme al Palacio de Gobierno en uno de los jeeps de la policía”. En reunión con el alto mando militar, “los asistentes decidieron por unanimidad que el general Hugo Banzer asumiese la presidencia del República”, con el apoyo de los dos partidos antagónicos (MNR-FSB) que llegaron a conformar el Frente Popular Nacionalista.

La mirada suavizada de la dictadura     

Alfonso Crespo pone en el tapete la siguiente pregunta: “¿Disponía Banzer de la experiencia requerida para un buen desempeño de la presidencia?”. A lo cual responde: “Es probable que sintiera alguna inquietud al calibrar el compromiso que asumía y los problemas que habría de enfrentar. El primero, que lo perturbaba a menudo, era el origen de facto de su gobierno. Esta desazón fue uno de los factores que lo impulsaron a abreviar su mandato para restablecer el orden democrático y luchar durante veinte años por la democracia”. 

Posterior a ello, pasa a describir las “cualidades” del presidente Banzer: “Excelente militar, poseía conocimientos generales sobre derecho y economía política, disciplinas indispensables para un gobernante (…). Desde el primer día, Banzer implantó un estricto régimen de trabajo para sí y sus colaboradores. Madrugador, como buen soldado, fijó un horario de trabajo que empezaba a las ocho de la mañana y, con una breve interrupción al mediodía, se prolongaba hasta la entrada la noche. Fue uno de los pocos presidentes que llegaba a su despacho en el Palacio Quemado antes que sus secretarios y edecanes y, a veces, que el personal de limpieza”. Para reforzar este punto, Crespo recogió varios testimonios de los colaboradores de Banzer, los cuales corean las bondades del estadista. 

Al adentrase al periodo dictatorial de Banzer, Crespo minimiza la represión militar, arguyendo que fueron “exageradas por razones políticas”; “otras versiones contemporáneas o posteriores al gobierno de Banzer, le endosan una serie de culpas”. De modo que para el “señor de las biografías”, no hubo persecución a políticos y dirigentes, deportaciones, intervenciones, cierre de universidades y la participación en la operación Cóndor. Por el contrario, el gobierno de Banzer representó siete años de progreso, la cual fue equiparada por Crespo con el relato de la Biblia, en donde “Egipto gozó de siete años de prosperidad, denominados los siete años de vacas gordas, seguidos de siete años de penurias, los de vacas flacas”. Para fortuna de Banzer –dice Crespo– algunos años de su gobierno fueron para el país de “vacas gordas”. Esta bonanza temporal estuvo originada por factores externos como: el alza de precios de minerales y créditos internacionales. Dicho endeudamiento es “en menor escala que otros países latinoamericanos de mayor potencial económico como Brasil, México o Argentina”. Desde que Banzer dejó la silla presidencial buscó volver al poder bajo el sistema democrático: luego de diecinueve años fue posesionado como Presidente de la República, el 6 de agosto de 1997. La coyuntura que marcó al gobierno del “dictador elegido” fue conflictiva, y a eso se sumó la deteriorada salud que lo obligó a renunciar el 7 de agosto de 2001. Al año siguiente, falleció en la ciudad de Santa Cruz, a la edad de setenta y seis años. 

La otra cara de la historia 

Los mitos son peligrosos: parcializan la historia por ignorancia o complicidad. El caso concreto del libro Banzer, el destino de un soldado de Alfonso Crespo, es un claro ejemplo de la instrumentalización de la historia. Pues como se sabe, “el señor de las biografías” vendía plácidamente su pluma a sus peticionarios, y de ello se originaba biografías endulzadas o tergiversadas. Pero este prototipo de semblanzas son cuestionadas por testimonios históricos que muestran la otra cara de la medalla. Se tiene el texto La masacre del valle. Cochabamba enero de 1974, publicado en 1975 por la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia, que denunciaron las masacres de Tolata, Epizana, Sacaba. Luego, la Central Obrera Boliviana presentó el Informe sobre la Violación de los Derechos Humanos en Bolivia (1976), que enumera una serie de persecuciones a dirigentes obreros, campesinos, universitarios, maestros y periodistas. En el informe también hace referencia a varios casos individuales, en donde sufrieron torturas, desapariciones, masacres, asesinatos, y la creación de campos de concentración en Madidi, Achocalla, la Isla Coati y Chonchocoro. Además, de la apertura del centro carcelario en predios de la Universidad Gabriel René Moreno: las aulas sirvieron de celdas para cientos de prisioneros. También la dictadura de Banzer fue denunciada en el campo literario, con la publicación del libro El quijote y los perros: Antología del terror político (1979), entre otros. Las huellas bibliográficas sobre la dictadura “banzerista” nos sirven de contrapeso para ahuyentar espectros y exorcizar el pasado con un tamiz crítico ante versiones interesadas de la historia, como la presentada por Alfonso Crespo Rodas.