Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 15 de septiembre de 2019
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Adiós a Ismael Saavedra

Un breve perfil del cineasta autor de Jiwasa, quien falleció el pasado 6 de junio.
Adiós a Ismael Saavedra


Las últimas noticias no fueron buenas. Las comunicaciones más recientes confirmaban la postergación en La Paz del estreno de la película Axé. Sin embargo, leíamos con satisfacción que este tendría lugar en Cochabamba. Ismael Saavedra estrenó su último documental en abril de este año en instalaciones del Centro Simón I. Patiño.

Semanas después la noticia fue peor, Ismael Saavedra había dejado de existir. Este incansable trabajador del audiovisual falleció el pasado 6 de junio. Su relación con el cine y el audiovisual había comenzado en los años 70, cuando también formó parte del equipo del ya mítico largometraje Chuquiago (Antonio Eguino, 1977). Desde entonces, siempre estuvo relacionado con equipos que trabajaron la imagen en movimiento.

En los últimos diez años, Saavedra fue uno de los realizadores más prolíficos, sus documentales han reflexionado continuamente sobre los tiempos actuales y el denominado Proceso de Cambio, buscando incansablemente dotar de sentido a un movimiento que ha transformado el país, haciendo foco en las áreas urbanas, aquellas que habían sido “marginadas” a favor de la mirada sobre la pluriculturalidad indígena comunitaria. Una de esas piezas importantes dentro de la filmografía de Saavedra es Jiwasa (2009).

La producción cochabambina de una hora y media –aproximadamente- refleja la inquietud de Saavedra de documentar la riqueza natural del país, de sus culturas. “Es una búsqueda de significados de las formas de ser de los bolivianos, a través de imágenes y símbolos visuales y sonoros, un ir y venir de nuestra realidad en una década 1999 - 2008”, señaló su autor en febrero del 2009, cuando el documental se estrenó en la ciudad de La Paz. Las primeras tomas fueron hechas en la década de los 80, después de que Saavedra regresara de un exilio para realizar el documental. “Me sorprendió encontrar el país en democracia pero totalmente devastado económicamente. Solo había leído sobre los efectos de las políticas económicas neoliberales, verlas en la realidad boliviana fue un impacto muy grande, como ver que las mismas elites que habían gobernado durante las dictaduras militares continuaban explotando las riquezas del país”.

Por otra parte, 3.000 fue otro de sus trabajos destacados. En ese documental se profundiza sobre el origen del Plan 3.000 en Santa Cruz, uno de los lugares más dinámicos de todo el territorio nacional, y un referente de las luchas sociales urbanas en las últimas décadas. Saavedra no perdía de vista la dinámica sociopolítica boliviana, y continuamente reflexionaba sobre esto. Su largometraje 80 es una mirada al pasado, a las jornadas del año 1980 y su fatídico día señalado en el calendario, el 17 de julio, cuando se consumó el último golpe militar de la historia de nuestro país. Aquel episodio dramático que fue consumado con el asalto a la Central Obrera Boliviana (COB) y el asesinato -entre otros- del líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz.

Saavedra tenía también una profunda vocación musical. Su grupo de rock OM le ocupó otra parte importante de su vida. Junto a Luis Cuncar y Marcelo Palacios, subió al escenario del cine 6 de Agosto en La Paz, el domingo 29 de junio de 2014, para acompañar musicalmente el estreno de su película Autodescolonización. Definitivamente esto representaba un evento singular en la agenda cultural paceña, se trataba del retorno de un emblemático grupo de rock para dar la bienvenida a un documental que propone la transformación, el cambio de paradigma desde lo personal con una proyección hacia lo colectivo.

En 2016, el ahora llamado Ensamble OM hizo de las suyas en la sala Óscar Soria de Cinemateca Boliviana, cuando, a modo de preludio, se presentó antes de la proyección del documental Hojas sueltas de René Lechleiter. En esa ocasión, lo que más llamaba la atención del público asistente fue un gong que el mismísimo Saavedra tocaba para propiciar un ambiente previo a la exhibición de la película, de este modo hacía algo que no es usual en nuestro medio, se trata de generar una experiencia, la cual se completa con el hecho cinematográfico propiamente dicho.

El realizador estaba continuamente trabajando en sus propias imágenes, por una parte aquellas que tenían como fin formar parte de alguna nueva producción; y por otra las que no necesariamente tenían un objetivo inmediato, sino que podían ser de utilidad en otro momento, en un futuro que ahora ya no existe más. Con su sombrero, su barba larga y entrecana, ha dejado de existir Ismael Saavedra. Su obra le sobrevivirá.



Crítico e investigador de cine - [email protected]