Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 19 de octubre de 2021
  • Actualizado 11:38

LA HACIENDA DE SIVINGANI, EL CASTILLO DE PUKA ORKO Y EL CEMENTERIO SON ALGUNOS SITIOS QUE, POR CIRCUNSTANCIAS NATURALES E HISTÓRICAS, EMERGIERON EN TERRITORIO PUNATEÑO

Joyas turísticas se custodian en lo más recóndito de Punata

Joyas turísticas se custodian en lo más recóndito de Punata



Gracias a una conspiración de la naturaleza, Punata tiene el privilegio de decir que “Perla del Valle” no es solo un denominativo que le ha dado el pueblo, sino una característica que se visualiza hasta en los sectores más recónditos de su territorio.

Los sitios que verdaderamente justifican que a Punata se la apode “Perla del Valle” son los naturales, aquellos que no son de inmediato acceso, pero tienen mucho que ofrecer, turísticamente hablando.

Entre ellos están la hacienda de Sivingani, el castillo de Puka Orko e incluso el cementerio municipal.

Esta valía del territorio punateño está más allá de su histórica plaza que, en el marco de su efeméride 177, se remoza con banderines, guirnaldas y otros ornamentos; más allá de sus mercados, donde todos los martes confluyen decenas de productores para comercializar las hortalizas que cultivan “año redondo”; incluso está más allá de la “esquina del rosquete”, que se asemeja a una mini hilera montañosa porque los comerciantes suelen acomodar sus rosquillas una sobre otra hasta darle una altura considerable.

MÁS DE UN SIGLO A tres kilómetros del centro histórico punateño, 15 minutos en vehículo particular para precisar, está una de las haciendas más añejas del Valle Alto cochabambino, la hacienda de Sivingani.

La infraestructura es patrimonio histórico de Punata no solo por su antigüedad, más de 200 años, según información proporcionada por la Municipalidad, sino por sus características: está protegida por muros de más de un metro de espesor y en su interior aún moran quienes dicen ser los tataranietos de uno de los primeros propietarios del lugar, don Juan Delgadillo.

Hilarión Delgadillo, un hombre de 69 años, actualmente vive en la hacienda junto a dos de sus hermanas que tambien son de la tercera edad.

Ingresar a su hacienda por el viejo portón de madera es como transportarse al pasado, pues la infraestructura posee muchos elementos característicos de la época colonial y republicana.

Todos sus ambientes, esos que tienen ventanales circulares, muros de adobe y gradas de madera están construidos en torno a un gran patio.

De entre todos los espacios de la hacienda, el que más llama la atención es la capilla, con características especiales.

Hacienda de una santa

A pesar de que los descendientes de la familia Delgadillo son los que ocupan actualmente la hacienda de Sivingani, el propietario inicial fue un terrateniente, Juan Delgadillo. A lo largo del tiempo y por diversas circunstancias, la propiedad pasó a manos de otras personas.

Entre todos los dueños anteriores a los Delgadillo estaba la familia Zegarra, que tomó la iniciativa de construir una capilla para la virgen Santa Ana en la parte posterior de la hacienda. La fecha de construcción de la capilla no está precisada, lo cierto es que los punateños tienen tanta devoción a Santa Ana que cada año, en el mes de julio, le organizan una fiesta patronal. Uno de los actuales propietarios de la hacienda de Sivingani, Hilarión Delgadillo contó que, por ejemplo, en la gestión pasada al menos 100 fraternidades llegaron al lugar a bailar por devoción a la mamita. Además, varios grupos folclóricos de Cochabamba amenizaron la celebración. Los turistas pueden visitar la capilla de Sivingani en el marco de su fiesta patronal o los domingos, durante las misas de media mañana.

Arte e historia predominan en mausoleos del cementerio punateño

Un cementerio es un espacio común y corriente en cualquier pueblo, pero en Punata no. Los elementos históricos y artísticos que poseen los mausoleos punateños llaman la atención de propios y extraños. Por eso, este espacio que está ubicado a poco más de un kilómetro de la plaza principal de Punata se convirtió en un atractivo turístico.

Al ingreso lo que destaca es una caja de cristal de más de dos metros de altura que guarda en su interior un carro mortuorio de la época colonial, que servía para velar a los muertos.

En torno a esta reliquia hay árboles que, en vez de ser talados por estar secos, fueron tallados con figuras atractivas y luego pintados. En el interior hay mausoleos que, a simple vista, dan pistas sobre los dueños. Por ejemplo, hay mausoleos revestidos con mármol, otros conservan sus tejados coloniales e incluso hay algunos subterráneos.

Un castillo en las faldas del Puka Orko

En las faldas del Puka Orko (término quechua que significa cerro rojo), se erige un castillo que está construido íntegramente con piedra laja.

Sus muros espesos, ventanales arqueados y torres altas, se avistan a más de un kilómetro de distancia. El hecho de que el castillo esté emplazado en un cerro “pelado”, es decir carente de vegetación y viviendas, también ayuda a que se aviste de lejos.

Los comunarios cuentan que durante mucho tiempo el castillo estuvo abandonado porque, tras la reforma agraria del 1952, terminó el régimen del terrateniente que lo mandó a construir.

Sin embargo, recientemente ocho hermanos de diferentes congregaciones compraron este castillo que, por el paso del tiempo, estaba completamente deteriorado.

Los actuales dueños están en proceso de remodelación del castillo, con dos propósitos. Uno de ellos es que el espacio sirva para acoger a enfermos, niños abandonados y demás. El segundo es que el castillo sea un espacio turístico.

Por eso, en la parte posterior de la estructura está en proceso de construcción una piscina olímpica.

El sacerdote Tomás Flores prevé que el castillo de Puka Orko abra sus puertas al público a principios de la siguiente gestión. Entre tanto, los turistas pueden hacer un recorrido por este lugar donde se llega solo en vehículos particulares o en taxis. Desde la plaza principal de Punata hasta el castillo, la tarifa no es más de 10 bolivianos.

Terruño que da alimento  a Bolivia durante el año redondo

La Perla del Valle se caracteriza por su fértil tierra que “año redondo”, según los agricultores, provee hortalizas y frutos a su gente, a la del resto de los departamentos del país e incluso a la del exterior.

Plantaciones de cebolla, rábano y remolacha son las que más resaltan en una de las zonas productivas de la provincia, K’uchu Punata.

Pasearse por ese sector es una experiencia interesante, pues algunos pobladores, a tiempo de cumplir con sus actividades agrícolas, hablan de ellas.

Sus hijos también están muy interiorizados con la agricultura es más, algunos de ellos, a muy corta edad, ya ayudan a sus padres.

En el sector de K’uchu Punata, OPINIÓN encontró a una mujer lavando cebollas recién cosechadas en el río. Le ayudaba otra mujer y sus dos hijos de no más cinco años de edad. Para los pequeños esa actividad se constituye en un juego, más que en un trabajo.