Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 29 de febrero de 2024
  • Actualizado 10:32

EN CERCADO QUEDA SÓLO EL 20 POR CIENTO DE TIERRAS AGRÍCOLAS CULTIVABLES. LA PRESIÓN URBANA Y LA CONSTRUCCIÓN DE VIVIENDAS HA DERIVADO EN LA PÉRDIDA DE SUELOS AGRÍCOLAS Y EL DESABASTECIMIENTO DE AGUA PARA RIEGO Y CONSUMO HUMANO

La agricultura se extingue y la mancha urbana se dispara

La agricultura se extingue y la mancha urbana se dispara



En los últimos 10 años las áreas de cultivos agrícolas se redujeron a un 20 por ciento en el municipio de Cercado, mientras que el ritmo de crecimiento de la mancha urbana supera el 60 por ciento cada decenio. Ante esta situación, tanto la seguridad y soberanía alimentaria así como el sustento de familias en el valle es cada vez más crítico.

El director del Servicio Departamental de Desarrollo Agropecuario (SEDAG), Rubén Paichucama, informó que la presión urbana está afectando, aunque en menor proporción, a siete municipios más, Sacaba, Vinto, Sipe Sipe, Quillacollo, Punata, Cliza y Tarata.

Paichucama señala que 229 mil hectáreas de tierras fueron sembradas este año, pero al menos el 70 por ciento de las tierras no está siendo cultivada, principalmente por la migración de campesinos productores.

La migración hacia zonas urbanas se refleja en el ritmo de crecimiento, que muestra que el año 1900 sólo el 14 por ciento de los habitantes era urbano, en 1976, el porcentaje urbano alcanzó a 42 por ciento , en 1992 llegó al 58 por ciento y finalmente el año 2001, la proporción urbana subió el 62 por ciento , según datos comparativos de la investigadora del Centro de Planificación y Gestión (Ceplag), Carmen Ledo.

La alta presión urbana ha reducido también la disponibilidad de agua para riego. Para el representante de la Comisión interinstitucional de Defensa de los Derechos de la Madre Tierra, Omar Fernández, la principal amenaza a la agricultura, son los loteamientos y la permanente perforación de pozos para consumo humano que reducen los caudales en los pozos destinados al riego.

Según Fernández la ampliación de la mancha urbana estaría alentando la agresión de loteadores, que se expanden principalmente en tierras agrícolas, afectando no sólo a los suelos sino bloqueando los canales de riego y eliminando áreas de pastoreo tradicionales.

Pero al igual que al agro, el déficit de agua repercute también en la región metropolitana, mismo que a la fecha tendría un déficit de 1.879 litros de agua por segundo para abastecer a 1’536.000 habitantes.

El responsable de Planificación y Gestión del Agua de la Gobernación, Luis Salazar, señaló que además de la presión urbana los efectos de cambio climático estarían incidiendo en el desabastecimiento de agua. En la zona andina del departamento, de las 734 comunidades sólo 504 cuentan con el servicio de agua, es decir sólo el 69 por ciento de cobertura.

La pérdida de este recurso ha llevado a pensar, en varias oportunidades, en una segunda Guerra del Agua. Una de las más críticas fue el cierre de válvulas cuando vecinos de El Paso alertaban sobre la desertización de sus suelos a causa de la sobreexplotación de acuíferos en su territorio. Recién, otro conflicto se desató entre los municipios Quillacollo y Vinto, a raíz del intento de este último de perforar un pozo en un territorio en litigio.

Paichucama señaló que la única salida es la delineación de políticas que delimiten y hagan respetar las tierras agrícolas, tal como lo hacen las comunidades indígenas. “Ellos -los comunarios- tienen bien definidas sus áreas de cultivo y lo respetan”, dijo. En contraposición a esta organización están los campesinos de los valles Bajo y Central, que venden sus tierras tentados por miles de dólares ofrecidos perdiendo así su única fuente de sustento sostenible.

Revalorizar la cultura en pro de la soberanía alimentaria

La revalorización de la sabiduría de los pueblos indígenas en la agricultura es para la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) una de las estrategias para asegurar la soberanía alimentaria, pero además para un manejo sostenible de recursos.

El conocimiento y la cultura local, expresados en las costumbres, rituales y prácticas ancestrales son factores que, además de asegurar una buena producción, fortalecen la organización de respeto a la Madre Tierra. La propuesta es el resultado de más de 25 años de investigación, donde se evidenció que las prácticas de un desarrollo occidental moderno sólo lograron reducir la fertilidad del suelo, anular la soberanía alimentaria y aniquilar la riqueza cultural de los pueblos.