Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 07 de mayo de 2021
  • Actualizado 09:19

DOS NIÑOS QUEDAN HUÉRFANOS Y PIDEN PENA MÁXIMA PARA EL FEMINICIDA

Vilma dejó Aiquile buscando mejor vida hasta que su expareja la mató

Marcelino, su exconcubino, la degolló en la puerta de un supermercado en Santa Cruz, hace una semana. La seguía y vigilaba hasta por una cámara que instaló en el cuarto de ella.
Familiares y amigos velan el cuerpo de Vilma, una joven aiquileña que radicaba en Santa Cruz.     El Deber
Familiares y amigos velan el cuerpo de Vilma, una joven aiquileña que radicaba en Santa Cruz. El Deber
Vilma dejó Aiquile buscando mejor vida hasta que su expareja la mató

Vilma F.Z., de 25 años, perdió la vida a manos de su exconcubino en la puerta de un supermercado de Santa Cruz, hace una semana. La joven nacida en Aiquile, municipio de Cochabamba, dejó su pueblo en busca de oportunidades y se mudó a Santa Cruz, hace unos 10 años.

En ese departamento, conoció a Marcelino M.A., quien le prometió amor eterno, pero se convirtió en su verdugo. Es el padre de sus dos hijos; un niño que ahora tiene siete años y una niña, de dos. Su familia desde que se enteraron de su relación, cuando ella estaba embarazada de su primer bebé, notaron que el hombre bebía alcohol en exceso y era agresivo.

Vilma y Marcelino vivían en alquiler en una vivienda de la Radial 17 ½, donde también alquilaron unas tiendas que están en la parte frontal del inmueble. A la joven aiquileña le gustaba la cocina y decidió montar un restaurante para mantener a sus hijos; además no quería depender de su pareja porque notaba que su relación iba empeorando porque el padre de sus hijos bebía mucho, la celaba con clientes y era violento con ella y los niños.

La mujer cansada de las agresiones rompió su relación hace más de un año. Ellos continuaron viviendo en la misma propiedad, pero en distintas habitaciones. Marcelino, de 39 años, siguió con su negocio de venta de abarrotes y licores, y algunas veces lo veían con personas que vivían bajo un puente con quienes bebía alcohol. El hombre no aceptaba que su relación había terminado y continuaba maltratándola, celándola e incluso tenía instalada una cámara de vigilancia en la habitación de su expareja.

VILMA BUSCÓ AYUDA La joven presentó tres denuncias por violencia familiar y doméstica en contra de Marcelino; la última demanda fue el 21 de marzo, dos semanas antes de su muerte, cuando la golpeó a ella y a su madre, dejándolas con siete y cinco días de impedimento, respectivamente. El problema habría iniciado porque él quería llevarse a su hija menor.

La Policía detuvo a Marcelino, pero lo liberaron tras que cumpliera ocho horas de arresto. El abogado de la familia de la víctima, Julio César Zenteno, observó que el hombre no haya sido aprehendido considerando que había antecedentes de violencia. Dijo que si lo hubiesen puesto ante un juez seguramente iban a enviarlo preventivamente a una cárcel y se habría evitado el feminicidio de Vilma.

Desde la Fiscalía, dieron a conocer que dieron medidas de protección a la víctima. El agresor debía desalojar el inmueble donde vivía Vilma y sus hijos, tenía prohibido acercarse a su expareja y los lugares a los que concurría, entre otras órdenes. Debía cumplirse con la supervisión del policía asignado al caso, pero nadie la acompañó ni hizo seguimiento de su situación, aseguró Arminda F., hermana de la víctima.

EL CRIMEN Las cámaras de vigilancia, del supermercado cercano a la casa de Vilma, muestran el momento en el que ella es atacada por su expareja con un cuchillo carnicero.

Se ve que la joven usó su celular y se mantuvo en el ingreso al supermercado presuntamente porque creyó que ahí Marcelino no iba a hacerle nada, pero él se aproximó y la tomó del cuello estando ella de espaldas. Sacó un cuchillo y le realizó cortes en el cuello hasta que cayó al piso, donde la apuñaló unas tres veces para asegurarse de que estuviera sin vida.

Después, se conoció que Vilma habló con Arminda y le dijo que su expareja le estaba siguiendo. Su hermana se ofreció a ir por ella, pero la joven le dijo que ya estaba saliendo del supermercado y, desde entonces, no le respondió más el teléfono.

La Policía aprehendió a Marcelino y fue enviado al penal de Chonchocoro de La Paz, con detención preventiva por seis meses, para resguardar su vida porque estaría en riesgo en Palmasola. En ese tiempo, colectarán todos los elementos para que en un juicio sea sentenciado a 30 años de prisión.

Marcelino argumentó que tomó una gaseosa en el supermercado y que le pusieron algo, y que no recuerda nada de lo que pasó hasta que fue detenido por los uniformados. Unos días después del crimen, robaron en la tienda del feminicida y se llevaron los registros de las cámaras de vigilancia, pero presumen que Marcelino o sus allegados enviaron a los supuestos delincuentes para desaparecer pruebas.

Arminda, de 19 años, señaló que asumirá el rol de madre y cuidará de sus dos sobrinos. Continuará con el negocio de su hermana para sustentar su hogar. La Dirección Regional del Movimiento Al Socialismo (MAS) gestionó ante la Agencia Estatal de Viviendas la construcción de un inmueble para la familia de Vilma; esa solicitud ya habría sido aceptada, según asambleístas.