Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 03 de diciembre de 2021
  • Actualizado 10:17

LOS HERIDOS DE TRANS CARRASCO SUFREN ABANDONO

El viacrucis de Genaro, una de las víctimas del Trans Carrasco: él sigue vivo, sus piernas dan pelea

Los sobrevivientes del accidente ocurrido en el Chapare, el 2 de marzo viven un calvario. Las historias son dramáticas. Genaro Ojeda, padre de cinco niños, requiere ayuda para continuar con su tratamiento médico; además era el único sustento de su familia. Si desea colaborar puede comunicarse con su hermano Gonzalo al 74117390.
Genaro Ojeda, el herido más grave del Trans Carrasco, en la cama 2C de la clínica Escobar, acompañado de su padre.  DICO SOLÍS
Genaro Ojeda, el herido más grave del Trans Carrasco, en la cama 2C de la clínica Escobar, acompañado de su padre. DICO SOLÍS
El viacrucis de Genaro, una de las víctimas del Trans Carrasco: él sigue vivo, sus piernas dan pelea

Recostado sobre una cama hospitalaria, Genaro Ojeda Janko aguardaba nuestra visita en una sala del centro médico quirúrgico de trauma y medicina tradicional “Escobar” de Cliza, del doctor Faridt Escobar, quien es parte de una familia de profesionales cliceños conocidos como “hueseros” o “kjaghodores” (palabra en quechua que traducida al español significa frotadores).

Tras percatarse de nuestra presencia y la de su padre, se muestra tranquilo, pero su voz se quiebra cuando comienza a recordar lo ocurrido la madrugada del 2 de marzo, cuando la flota de Trans Carrasco que abordó, junto con su esposa, su madre y dos de sus cinco hijos, se embarrancó en la zona del Cañadón, dejando 22 fallecidos y más de 15 heridos. “Partimos la noche del lunes hacia Ivirgarzama. Fui mirando la carretera hasta Colomi, pero luego me dormí y desperté al escuchar los gritos de toda la gente, creo que también grité porque el bus estaba corriendo; yo creo que ya le habían fallado los frenos y … ¡qhoron! nos hemos metido (al barranco). No recuerdo nada más, no sé cómo me sacaron de ahí y solo desperté en el hospital Viedma”.

De tez morena, delgado y con voz amable, el hombre de 31 años está viviendo un calvario desde el hecho de tránsito que “le cambió la vida”. No solo tiene fracturada la clavícula derecha y el cúbito izquierdo, uno de los huesos del brazo, sino que su columna está fracturada y con lesión de médula. No ha podido mover las piernas, pero no pierde la esperanza de hacerlo con mucha paciencia y fe. Por ahora, el personal de la clínica y su familia le ayuda a alimentarse, acomodarle las almohadas, asearlo y cuidan de él.

Es el herido más grave del accidente de Trans Carrasco. “Una semana y un día esperé atención en el Viedma; toda esa semana estuve llorando de dolor con mi columna fracturada y mi brazo quebrado. Me pusieron inyecciones, sueros y me programaban cirugías, pero las iban postergando hasta que mis familiares de pena decidieron traerme aquí y, desde entonces, he ido mejorando.

Estamos endeudados, nos hemos prestado dinero de todo lado; solo mi traslado, en ambulancia, hasta Cliza nos costó 400 bolivianos. El SOAT cubrió supuestamente mi atención en el Viedma, pero no fui intervenido ahí y no nos quieren devolver el dinero. Pido a la empresa de transporte, a las autoridades departamentales y de Gobierno que me ayuden, no puedo con todo. Tengo mi esposa y mis hijos (de 11, 9, 7, 6 y de casi 3 años)”, dice, entre lágrimas.

Genaro ansía volver a ser el que era antes del accidente, cuando salía de su casa ubicada en Lomas de Santa Bárbara, a la altura del kilómetro 8 de la avenida Petrolera, rumbo a una fábrica de viguetas en Champarrancho, una zona cercana al aeropuerto, donde operaba máquinas. Su sueldo era de apenas 3.500 bolivianos, pero se apoyaban con los ingresos de una tienda de barrio que pusieron, junto con su esposa, en su vivienda, aquella que construyeron con crédito bancario hace tres años y que aún deben pagar.

“Mi familia no me quiere decir cuánto ya se ha gastado, sé que es mucho. Me preocupa mi familia, mis hijos que están llorando, mi esposa y mi madre. Mi señora también está siendo tratada porque le pusieron un platino por la clavícula y cojea por una lesión en su pierna, pero no se está haciendo curar todo porque no tenemos plata, somos gente que venimos del campo (...). De mi mamá me han dicho que está mejor, pero no la he visto después del accidente. Por eso, pido ayuda”, lamenta.

Genaro estaba viajando, con su familia, por una semana para cosechar coca del terreno de sus padres, quienes le pidieron ayuda, aprovechando que esos días estaba haciendo bastante sol. Tenía previsto volver a su hogar hasta el sábado para participar de las elecciones subnacionales del 7 de marzo. 

Al concluir la entrevista, se quedó en compañía de su padre, quien todos los días sale a Cliza para velar por el bienestar de su hijo. Antes de abandonar la clínica, conversamos con su médico, quien dijo que el diagnóstico de Genaro es reservado, pero asegura que ha evolucionado bastante considerando que a ese centro llegó “inestable”. Tenía dificultades para respirar y le pusieron oxígeno; además le dio fiebre al menos tres noches, entre otros malestares. Después de estabilizarlo, comenzaron a tratar sus fracturas y prevén que esté internado unas tres o cuatro semanas más.

Aunque, eso no quiere decir que saldrá completamente recuperado; su tratamiento es largo y tendrá que ser muy paciente y fuerte ante todo pronóstico porque su estado es delicado. “La esperanza es lo último que se pierde”, reflexiona el especialista.

Después de recorrer poco más de 40 kilómetros, hasta llegar a la ciudad de Cochabamba, nos dirigimos a la oficina de la flota Trans Carrasco, en la Parada Chapare, donde una joven nos atiende y le hacemos conocer nuestro interés de contactar a alguno de los ejecutivos de la empresa para escuchar su versión de los hechos y las acciones que realizan en favor de las víctimas. “No está aquí ninguno de los ejecutivos y no tengo autorizado dar teléfonos”.

Ante esa respuesta, le pedimos que por favor se comunique con alguno de ellos para explicarle quiénes éramos y qué estábamos buscando, y preguntar si podrían acceder a una entrevista personal o telefónica. La joven tomó su celular y llamó a una persona, a quien le dijo que nuestro medio de comunicación estaba en sus oficinas. “No le doy el teléfono de nadie, ¿no?”, le dice, mientras oíamos su conversación, y tras cortar la llamada refiere: “están fuera del departamento y no pueden atenderte”.

De todos modos, le dejamos nuestro contacto telefónico por si algún ejecutivo se daba tiempo para atendernos, no sin antes hacerle saber que saldría un suplemento sobre el accidente el 19 de abril, pero hasta el cierre de edición de este informe no fuimos contactados por los representantes de Trans Carrasco.

Los familiares de las víctimas refieren que el secretario de conflictos de la empresa, Porfirio Delgado, les prometió apoyo, pero consideran que sus propuestas son ínfimas; además ya no los atendió y faltó a la última reunión que programaron para después de Semana Santa.