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  • Diario Digital | lunes, 29 de noviembre de 2021
  • Actualizado 23:59

Dan 6 años de cárcel a feminicida y se abre debate por penas leves a menores de edad

El autor confeso, de 17 años, le puso veneno a un vaso de limonada, se lo dio de beber a su enamorada y le quitó la vida. La Justicia lo envió al Centro Cometa de Cochabamba.

Una vista del Centro de Reintegración Social Cometa. ARCHIVO
Una vista del Centro de Reintegración Social Cometa donde fue trasladado el feminicida de Noemí, en Cochabamba. ARCHIVO
Dan 6 años de cárcel a feminicida y se abre debate por penas leves a menores de edad

Noemí, de 15 años, murió la noche del viernes 17 de septiembre luego de ser envenenada por su enamorado, de 17 años, en una cancha deportiva próxima a su domicilio en la zona de Valle Hermoso, al sur de la ciudad de Cochabamba. El feminicida recibió una condena mínima –seis años de reclusión- por ser menor de edad amparado en el Código Niño, Niña y Adolescente.

Los familiares de Noemí no encuentran consuelo por su asesinato. Tenían la esperanza de conseguir justicia, pero el feminicida confeso, al no haber alcanzado la mayoría de edad, fue sentenciado a seis años de presidio en el Centro de Reintegración Social Cometa. Prevén pedir su traslado al penal de El Abra en cuanto cumpla 18 años.

Para los dolientes la pena es “irrisoria”. No es la primera vez que se cuestiona las sentencias mínimas para jóvenes agresores que saldrían de los centros de rehabilitación entre los 21 y 24 años constituyéndose en un “peligro para la sociedad”. Los autores, en muchos casos, actuaron con saña, premeditación y sin remordimiento.

En este caso, el feminicida se dirigió la tarde del viernes al mercado y compró el veneno. Luego, llamó y citó a su enamorada en una cancha deportiva donde, con engaños, le dio de beber en un vaso limonada mezclada con una sustancia tóxica que provocó a los pocos minutos su convulsión y desvanecimiento. El adolescente llamó a la madre de Noemí y juntos la trasladaron al hospital Harry Williams en un taxi, pero llegó sin signos vitales y se determinó que su deceso fue a causa de “intoxicación aguda”, informó el director de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV) de Cochabamba, Richard Vargas.

El jefe policial señaló que personal de la FELCV Alalay se constituyó al hospital al promediar las 22:00 para realizar el levantamiento legal del cadáver de la adolescente. El autor del feminicidio dijo, durante la entrevista policial, que le dio la bebida para interrumpir un embarazo, pero los resultados de la autopsia revelaron que la víctima no se encontraba en estado de gestación.

En presencia de la Fiscalía y Defensoría de la Niñez y Adolescencia, declaró que tenía una relación con Noemí desde hace un año. Según familiares de la víctima, ella estaba emocionada porque iba a asistir a una fiesta de quince años como “damita” y estaba buscando un “paje” que la acompañe y “eso habría molestado a su enamorado, quien decidió quitarle la vida”. Sin embargo, ese ni ningún otro argumento puede justificar el asesinato de una persona o un hecho violento.

Sobre las sentencias mínimas, activistas proponen la modificación de las normas para evitar la impunidad y reincidencia.

María del Carmen Bernal, sobreviviente de violencia y activista de Mujeres de Fuego, dijo que han pedido en reiteradas oportunidades, junto con familias de víctimas, que se haga cambios a la Ley 548, Código Niña, Niño y Adolescente, y Ley 348, Integral Para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia, para que los adolescentes, desde los 15 años, puedan ser juzgados como adultos y no bajo un sistema penal para adolescentes considerando que han cometido feminicidios, asesinatos o violaciones.

“No hay respuesta a este pedido, hasta ahora. Lastimosamente, estas personas se benefician con penas mínimas y en algunos casos hasta huyen de los centros de rehabilitación porque no hay seguridad. La supuesta rehabilitación no es coherente con los delitos que cometen (…). Tampoco se debería corromper a los adolescentes que están en ese lugar por delitos menores y ponerlos en el mismo sitio que a feminicidas que descuartizan, dan veneno para matar o actúan con saña”.

Añadió que nuevamente pedirán cambios en las normas considerando los últimos casos registrados en el país.

Matusalén Matute M.L. estuvo “limpio” casi nueve meses, pero volvió a matar sin remordimiento, con odio y ostentando poder. El 6 de septiembre, asesinó a su exenamorada Mayerli Sandy C.Q. y desmembró su cuerpo en un bosquecillo de la zona de Alto Inca Llojeta, en La Paz. Él y otro hombre, Roberto H.Q., son investigados por el feminicidio de la joven, de 18 años, que soñaba ser enfermera o parvularia.

Matute cayó preso antes por violar y matar en 2014 a una niña en la comunidad Santa Ana de Mosetén en Palos Blancos, provincia Sud Yungas de La Paz. En ese entonces, el autor del delito tenía 15 años y, por ser menor de edad, lo sentenciaron a seis años de presidio en el Centro de Rehabilitación de Qalahuma. No es el único hecho que se le atribuye, también habría matado a otra menor de edad unos meses antes y los pobladores presumían que se trataba de un caso de trata y tráfico de órganos, pero la investigación no tuvo avances.

Matusalén, de 22 años, dejó Qalahuma el 18 de diciembre de 2020 tras cumplir su sentencia, pero volvió a matar. Por ello, activistas y abogados plantean modificar las normas que favorecen a adolescentes feminicidas y violadores.