Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 20 de abril de 2021
  • Actualizado 11:34

Baterista, tenista y futbolistas, entre las víctimas de la tragedia de la UPEA

Los siete jóvenes, de entre 19 y 23 años, cayeron, la mañana del martes, desde una altura de casi 17 metros, en el edificio de esa universidad.
Gemio Mamani y Loyda Suazo, dos de las siete víctimas de la UPEA.  FACEBOOK
Gemio Mamani y Loyda Suazo, dos de las siete víctimas de la UPEA. FACEBOOK
Baterista, tenista y futbolistas, entre las víctimas de la tragedia de la UPEA

Anahí Chipana L., Loyda Suazo M., Raúl Cadena Ch., Gemio Estuder M., Tania Choque R., Saúl Yerko Mamani S. y Limber Lucana A., de entre 19 y 23 años, son los universitarios que perdieron la vida tras caer del quinto piso, de una altura de 16.70 metros, de un edificio de la Universidad Pública de El Alto (UPEA).

Siete de los 11 jóvenes que cayeron hasta la planta baja, tras que cediera la baranda, fallecieron entre el martes y el miércoles, mientras que cuatro fueron hospitalizados y dos ya fueron dados de alta. 

Anahí, Loyda y Raúl perdieron la vida casi al instante en predios de la casa superior de estudios, mientras que Gemio, Tania y Saúl fallecieron en centros médicos, el mismo día del accidente. Limber, la séptima víctima, luchó 24 horas más por su vida en terapia intensiva y murió cerca de las 10:30 del miércoles.

Sus familias lloran las muertes y exigen justicia. Las víctimas mortales eran muy jóvenes y tenían futuros promisorios, quienes soñaban culminar sus estudios e iniciar una vida laboral fructífera. Sin embargo, esos sueños se truncaron en apenas unos segundos, el tiempo que duró la caída desde el quinto piso del edificio, tras un forcejeo entre estudiantes.

Un baterista, una tenista y arquera y unos futbolistas están entre las víctimas de la tragedia de la UPEA.

1. Loyda Suazo M., oriunda de Sorata, es una de las jóvenes que perdió la vida en la casa superior de estudios. La joven, de 21 años, fue una destacada deportista sorateña; sus familiares recibieron un homenaje póstumo, desde el Concejo Municipal, por su aporte a la juventud.

Le apasionaba jugar tenis de mesa y fútbol. Era una de las mejores arqueras de su población y llevó a la unidad educativa Enrique Peñaranda en Sorata, donde culminó su bachillerato en 2018, a los primeros sitios de los juegos Plurinacionales y la Copa Nissan. 

Representó a Sorata en ambos deportes, en varias oportunidades. “Era una jovencita dedicada, estudiosa y deportista. Salimos cinco años campeones en tenis de mesa y los últimos tres años, antes de que ella salga bachiller, integró la selección de fútbol de damas, donde fuimos subcampeones a nivel departamental”, contó, a los medios de comunicación, su profesor José Mejía.

Luego, Loyda se mudó a La Paz y estaba viviendo con una familiar. Ingresó a la carrera de Ciencias de la Educación siguiendo sus sueños; uno de ellos la docencia. 

2. Anahí Chipana L., de 21 años, soñaba con ser profesora. “Era muy alegre, decidida, solidaria y le gustaba viajar, precisamente nos había propuesto realizar un viaje y ese fue su último deseo que quedó pendiente”, lamentó una de sus familiares.

Su madre dijo que era su compañera. “Tenía muchas iniciativas, nos impulsaba a compartir en familia haciendo queques, pastelitos u otras actividades. Ella quería ser profesora porque le gustaban los niños”. 

3. Raúl Cadena Choque, de 21 años, empezó hace poco su carrera. El joven, proveniente de una familia humilde, buscaba superarse y se esforzaba día a día para enorgullecer a sus padres.

La víctima fue enterrada el miércoles en el cementerio Prados de Ventilla, al mismo tiempo que sus compañeros Anahí Chipana y Gemio Mamani. Los administradores del campo santo concedieron el espacio para el descanso eterno de los jóvenes, de manera gratuita y perpetua.

4. Gemio Estuder Mamani J. era el baterista de la agrupación cristiana Fragancia Divina, con quienes viajó a varios países representando a Bolivia. El joven, de 21 años, estudiaba Contaduría Pública.

Uno de sus cuatro hermanos contó, a los medios de comunicación, que Gemio soñaba con formar su propia banda, teniendo a su hermanito como el tecladista. Su mamá dijo que mostró interés por la música desde muy niño. “Usaba las tapas de las ollas para armar una especie de batería. Después, en su adolescencia, comenzó a tocar en la iglesia y fue mejorando más y más”.

Su última tocada fue en un canal el domingo, dos días antes del trágico día. Su madre relató que, esa mañana, se despidió de sus hijos y les pidió volver rápido de la universidad, mientras ella iba a Copacabana. Gemio y su hermana, la noche anterior, le contaron que irían a la UPEA porque estaban obligados con multas económicas.

La mujer recibió la llamada de su hija cerca de las 10:00. “Mami el Gemio se ha accidentando, me dijo mi hija. Pensé que estaba herido, pero luego me dice ‘mi hermano ha fallecido’. Yo dejé a mi hijo sano y me enteró que ha sufrido un accidente y que ha perdido la vida. Quiero justicia”, exclamó, entre llanto, su madre. 

5. Tania Choque R. era la mayor de tres hermanos. La universitaria, de 22 años, estaba en su segundo año de Ciencias de la Educación y soñaba trabajar en una institución como educadora.

Después de salir bachiller y vencer su formación como premilitar quiso ingresar a la Academia de Policías, pero no fue aceptada. “Ella estaba decidida a estudiar y trabajar, y ser un ejemplo para sus hermanitos”. 

La joven fue enterrada en su pueblo, Guaqui. Sus papás exigen justicia y denunciaron que no recibieron ayuda de las autoridades de la universidad.

6. Saúl Yerko Mamani S., de 23 años, estudiaba Ciencias de la Educación. Su mamá relató que, el martes por la mañana, salieron juntos de su casa. “Estaba lloviznando y él me cubrió con su paraguas. Llegamos a la parada del auto y se sentó a mi lado, mientras me contaba que ser delegado de la UPEA era difícil”.

La mujer señaló que antes de mediodía se enteró del accidente en la universidad donde estudiaba su hijo. Lo llamó para saber si todo andaba bien, pero él ya no respondía su teléfono.

7. A Limber Lucana A. le gustaba jugar fútbol. Salió del cuartel y empezó a estudiar para rendir su examen el 13 de febrero e ingresar a Economía en la UPEA. Esa trágica mañana, salió de su casa diciendo que iba a matricularse y ver sus horarios para empezar sus clases virtuales.

“Mi hermano era muy alegre, entrador e inteligente. Una persona que tenía ganas de estudiar y con muchos sueños”, dijo su hermana.

Su padre contó que él quería ser militar, pero que no lo aceptaron por su estatura. Entonces, buscó otras opciones y aunque su mamá le sugirió descansar este año por la pandemia, Limber tenía muchas ganas de salir adelante y “no quería perder el tiempo”.