Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 16 de mayo de 2022
  • Actualizado 03:10

Arquitecto: dan 30 años de cárcel a Edwin, principal autor, y a su primo

Carata planeó el asesinato de Ariel Rodríguez por “venganza”. El profesional quiso cuidar a su hermana de un potencial feminicida. Su familia aguarda sus restos para despedirlo.

Erika Vargas, Edwin Carata, Lucio Aranibar y Brayan Quispe (de izquierda a derecha) durante la audiencia por el asesinato del arquitecto. DICO SOLÍS
Erika Vargas, Edwin Carata, Lucio Aranibar y Brayan Quispe (de izquierda a derecha) durante la audiencia por el asesinato del arquitecto. DICO SOLÍS
Arquitecto: dan 30 años de cárcel a Edwin, principal autor, y a su primo

La familia del arquitecto Ariel Rodríguez Orellana lloró tras escuchar la sentencia que estableció la pena máxima, de 30 años de presidio, para Edwin Carata Bejarano, principal autor del asesinato, y su primo Brayan Quispe Bejarano, culpables del macabro crimen del joven profesional que el 23 de octubre de 2020 salió en su camioneta de su casa ubicada en Pacata Baja, pero no volvió más.

Los otros dos acusados, Lucio Aranibar M. y Erika Beatriz Vargas G., recibieron dos años de cárcel por encubrimiento.

“Estoy un poco más tranquila, pero no feliz porque el asesino seguirá viendo a sus hijos, pero mi hija se quedó sin padre y ha dejado solos a sus papás (adultos mayores)”, dijo Mayumi Luizaga, viuda del arquitecto,  al concluir ayer el juicio.

DOLOR Y SILENCIO

  El macabro crimen “destrozó” a la familia de Ariel y, a un año y poco más de seis meses del hecho, aún no encuentra consuelo. La Justicia ordenó que Edwin Carata y su primo Brayan Quispe cumplan condena, sin derecho a indulto, en las cárceles de El Abra y San Sebastián Varones, respectivamente. Ese fallo los alivia, pero no devuelve a Ariel, a quien ni siquiera aún pudieron darle cristiana sepultura en su tierra natal de Arani, Valle Alto de Cochabamba.

Parte de los restos óseos calcinados del arquitecto siguen en el Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF), desde hace casi 14 meses, y se prevé que sean devueltos a los dolientes en los próximos días. Carmen Orellana (de 71 años), madre de la víctima, le ha pedido a Edwin Carata, en más de una oportunidad, que le diga dónde dejó los restos de su hijo, pero él solo la ignoró. Ella quiere juntar los huesos o restos que queden de su único hijo varón, quien veía por sus padres, para que descanse en paz. 

“Ese de guindo (Edwin Carata) ha matado a mi hijo. Ha descuartizado su cuerpo y luego lo ha quemado. No hay (todos) sus restos”, dijo entristecida Carmen dirigiéndose a los medios de comunicación y apuntando al autor material e intelectual horas antes de que se conociera la sentencia. 

Los papás de Ariel viven en Arani. Ellos se alistaban desde muy temprano para llegar a las audiencias de juicio oral que se llevaron a cabo en el Tribunal Departamental de Justicia, de la avenida San Martín. Tenían la esperanza de que Edwin Carata, de 32 años, admita el crimen y dé a conocer dónde abandonó los restos de su hijo. La semana pasada, Carmen se dirigió al autor clamando piedad.

“¿Dónde están los restos que faltan de mi hijito?, dime, te voy a perdonar”, le dijo, pero él fingió no oírla. 

El 19 de marzo de 2021, Brayan Quispe no pudo más con la culpa. El joven, de 22 años, no podía dormir porque Ariel se le aparecía en sueños y terminó confesando que el arquitecto fue asesinado. Dirigió a los investigadores hasta los lugares donde dejó los restos del asesinado. Según su versión, su primo le entregó unas siete bolsas negras, donde estaban los restos, para que los fuera a dejar en inmediaciones del inmueble donde ocurrió el crimen. Aseguró que él no participó del asesinato y que fue “engañado” por Edwin Carata, quien negó su autoría hasta el final, pese a que las pruebas colectadas demuestran que es el autor principal del asesinato de Ariel Rodríguez.

Los otros dos sentenciados por encubrimiento tenían relación con Edwin Carata. A Lucio Aranibar lo conoció en la cárcel, mientras ambos estaban presos por otros hechos. Él usó la tarjeta de débito de la víctima y le envió dinero a su amigo. Declaró que Edwin Carata le entregó la tarjeta y el PIN para que haga las transacciones a cambio de quedarse con un porcentaje de la plata. 

Erika Beatriz Vargas, madre de tres niños, iba a ser su comadre. Ella estaba ocupando la casa donde el arquitecto fue asesinado. Según su testimonio, Edwin Carata (un amigo que conoció su esposo en prisión), alquiló el inmueble y le ofreció ayuda. Le dijo que podía quedarse con sus niños en esa vivienda, pero que el 23 de octubre de 2020, cuando ocurrió el crimen, le pidió las llaves diciéndole que haría una parrillada con sus amigos. Erika declaró que salió del lugar, con sus hijos, y que se quedó a dormir en el domicilio de sus padres.

La joven aseguró que no conocía a Brayan Quispe, primo del principal autor, pero el flujo de llamadas demostró que tuvieron comunicación reiterada días antes del asesinato. La Justicia la juzgó por encubrimiento.

Sobre el dictamen, el abogado de la familia del arquitecto, Rolando Ramos, dijo que la decisión del Tribunal de Sentencia No. 1 fue “imparcial, ecuánime y justa”. “Valoraron todas las pruebas documentales, periciales y testificales. Los dos acusados principales han sido condenados a 30 años de cárcel, ese era el resultado que estábamos esperando”.

Hay otras dos personas, vínculadas a la venta de la camioneta (recuperada) del arquitecto, investigadas. Una se encontraría en el exterior. 

23 DE OCTUBRE

Ariel Rodríguez desapareció a sus 30 años en octubre de 2020. Salió a una reunión laboral, pero le “tendieron una trampa”.

Ariel y Mayumi esperaban con ansías la llegada de su primer bebé cuando ocurrió el crimen. La joven no descansó un solo día y, estando embarazada, recorrió distintas oficinas pidiendo que le ayuden a buscar a su pareja. Luego, siguió tocando puertas exigiendo justicia, mientras cargaba a su niña u otras veces su mamá le acompañaba para cuidar de la pequeña, mientras ella iba a hablar con policías o fiscales encargados de la investigación. 

Durante el juicio se estableció que Edwin Carata planeó el asesinato por “venganza” y temas “económicos”. El arquitecto, al igual que su familia, no aceptaba la relación de una de sus hermanas con el que se convirtió en su verdugo porque él estuvo preso antes por intentar matar a su expareja. La hermana de la víctima terminó esa relación, pero Edwin Carata culpó a Ariel Rodríguez y decidió acabar con su vida.