Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 31 de octubre de 2020
  • Actualizado 06:22

Tuki Tuki y Valentina son las víctimas silenciosas del fuego

Fueron un símbolo de la supervivencia, pero, una vez más, la mano humanadestruyó la vida de estos animales silvestres que perdieron su hábitat.
 

La osa Valentina y el tucán Tuki Tuki tras su rescate. ARCHIVO
La osa Valentina y el tucán Tuki Tuki tras su rescate. ARCHIVO
Tuki Tuki y Valentina son las víctimas silenciosas del fuego

La muerte de Tuki Tuki removió los recuerdos de lo que pasó hace un año en la Chiquitanía (Santa Cruz) con Valentina.

El tucán y la osa hormiguera, que se convertían en símbolo de la supervivencia y una esperanza para la fauna silvestre, fueron víctimas silenciosas, una vez más, de la mano del hombre.

Se suman a los más de 2.3 millones de animales que murieron en 2019, producto de los incendios en casi un millón de hectáreas de bosques, en Santa Cruz, y forman parte de las 43 especies más afectadas, según expertos biólogos. Un reciente informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) establece que el mundo perdió más de dos tercios de la fauna silvestre en menos de 50 años.

Su instinto los llevó a huir del fuego y fueron encontrados agonizando. Sus historias conmovieron a la población. Otros no tuvieron la misma suerte y al intentar salvar su vida fueron atropellados o cazados.

Tuki Tuki fue uno de los últimos, este año. Perdió parte del pico tras ser golpeado con una piedra cuando buscaba su alimento en los árboles frutales de una estancia. Se hicieron todos los esfuerzos para salvarlo, pero el estrés y una cardiomiopatía acabaron con su vida, ayer. Su imagen inundó las redes sociales con llamados de conciencia, indignación y pedidos para dar con los responsables de este delito de biocidio.

La osa bandera Valentina, en 2019, tenía quemaduras de tercer grado en sus cuatro patas, además de un cuadro de deshidratación e inanición agudo. Estuvo 18 horas en estado de coma. Su recuperación la hizo en Play Land Park, donde este año apareció muerto y una necropsia reveló que fue por un shock hipovolémico, es decir, una golpiza con un objeto contundente. Faltaban pocos días para que vuelva a su hábitat. Se hicieron los máximos esfuerzos para salvarla, tomando en cuenta que su especie está en peligro de extinción en el país

SOBREVIVIENTES DEL INFIERNO

Otras víctimas silenciosas del año pasado fueron una boa (kaa), un pejichi (Máximo) y un halcón (Lucho) que también fueron rescatados del fuego volvieron a su hábitat tras recuperarse de la deshidratación, quemaduras e inhalación de humo.

El resto, tuvo que permanecer en los diferentes refugios tras sufrir daños irreversibles como la amputación de sus extremidades y también fueron bautizados con un nombre.

Está un tucán que tenía el ala mutilada tras una infección; el loro José, que estuvo a punto de perder el ojo; Josesano, un corechi (armadillo) rescatado en San José de Chiquitos con quemaduras de consideración y daño en los ojos; Chiqui, un chancho bebé tropero que estaba junto a su madre muerta; y Chuvi, un gavilán pollero que tenía las plumas de las alas y cola quemadas. Los últimos en llegar a este lugar fueron una osita hormiguera bebé y una nutria o londra.