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  • Diario Digital | lunes, 27 de junio de 2022
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AUTORIDADES LABORALES NO SE MANIFIESTAN AL RESPECTO

Trabajadoras del hogar en pandemia: sin casa, sin trabajo, sin vida

Amparo se enfermó de cáncer y la despidieron. Lucía quedó viuda y sus empleadores la presionaron para que se vaya. Primitiva quedó cautiva en su trabajo, sin poder ver a su familia por meses. Basilia murió. Ninguna tenía seguro.
La Asamblea Extraordinaria de la Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar de Bolivia, el 2 de abril en Cochabamba. OPINIÓN
La Asamblea Extraordinaria de la Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar de Bolivia, el 2 de abril en Cochabamba. OPINIÓN
Trabajadoras del hogar en pandemia: sin casa, sin trabajo, sin vida

Un miedo que llega de manera violenta, dolor en el pecho, el frío que recorre el cuerpo, palpitaciones. Es lo que Amparo Bravo (55), trabajadora del hogar, sintió cuando sus empleadores le echaron de su trabajo en plena pandemia del coronavirus, COVID-19, luego de 19 años junto a ellos, con un sueldo de mil bolivianos, menos de la mitad del salario mínimo nacional.

Antes, ya había sentido angustias de este tipo, dolores y sensaciones inexplicables. Una vez, cuando hace tres años, antes de la pandemia, se enteró que tenía cáncer. Otra, después, cuando le dijeron que estaba desahuciada.

 

En números, ella es una de las más de 117 mil personas trabajadoras de hogar que hay en Bolivia, según la Encuesta de Hogares 2016, del Instituto Nacional de Estadística (INE). Y es una de las cerca de 8 mil afiliadas a sindicatos y a la Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar de Bolivia (Fenatrahob). Es Secretaria General del Sindicato de Trabajadoras del Hogar de Oruro (Sintrahor).

Durante las épocas más duras de la pandemia, este sector vio vulnerados sus derechos uno a uno con más intensidad que antes, con despidos, sin seguros de salud, con sobrecarga laboral, injusta remuneración, restricciones en cuanto a ingresos y salidas, enfermedad y hasta muerte.

Amparo Bravo, secretaria general del Sindicato de Trabajadoras del Hogar de Oruro, el 2 de abril. OPINIÓN
Amparo Bravo, secretaria general del Sindicato de Trabajadoras del Hogar de Oruro, el 2 de abril. OPINIÓN


 
DESPIDOS
“Yo, en carne propia, he sufrido despido de mi trabajo. Yo ya trabajaba 19 años. Pero, por la pandemia, me despidieron. Me dijeron que podía contagiar a mis jefes y a su familia yendo y viniendo. Entonces, sin pena ni gloria, me despidieron. Así, sin darme un pretexto, solo la pandemia”, lamenta Amparo.

Para no quedar desempleada en plena pandemia, ofreció quedarse sin salir, y solo hacerlo a fin de mes para poder ver a sus hijas; es madre de cinco.

“Me dijeron que no, ‘puede usted en esa salida traer la enfermedad’, me dijeron”.

No vio opciones. Se quedó sin empleo tras casi dos décadas con la misma familia.

La actual ejecutiva nacional de la Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar de Bolivia (Fenatrahob), Lidia Quispe, quien vive en La Paz, sintió de cerca la crisis que trajo consigo la pandemia, desde la recarga laboral hasta la imposibilidad de ver a su familia durante meses. 

La actual ejecutiva nacional de la Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar de Bolivia (Fenatrahob), Lidia Quispe. OPINIÓN
La actual ejecutiva nacional de la Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar de Bolivia (Fenatrahob), Lidia Quispe. OPINIÓN

 

La emergencia sanitaria ocasionó que varias trabajadoras perdieran sus empleos, sobre todo aquellas que cumplen sus labores “cama afuera”, como le dicen al trabajo por horas que realizan en casas particulares, sin quedarse a dormir.

“Nos decían ‘si quieres trabajar, entonces te quedas y no sales’. No dejaban salir. Una por querer trabajar, porque tiene familia por detrás, también aceptaba. Yo tenía que decidir si seguía trabajando. ‘Si quieres trabajar, te tienes que quedar un mes adentro, sin salir’ me dijeron”, relata Lidia.

Los golpes en plena pandemia también le llegaron a Lucía Ramos, de Cochabamba, quien sirvió desde sus 12 años a varias familias. En más de tres décadas en el trabajo del hogar, una de sus batallas más difíciles fue durante la pandemia, cuando enviudó, se quedó con sus dos hijos en una casa en alquiler y perdió su trabajo.

En ese tiempo, Lucía, quien trabajaba “cama afuera”, pidió a sus empleadores que le den un par de días para resolver algunos asuntos personales, pero le advirtieron que si no se presentaba a su fuente laboral iban a buscar a otra persona. “He sido forzada (…). Por las responsabilidades en mi hogar y al haberme quedado viuda, me tocó agachar la cabeza”. 

Cumplió su contrato con esa familia; pero, los problemas se agudizaron porque no quisieron reconocer sus beneficios. “Me dijeron que no eran una empresa y que yo estaba pidiéndoles algo que no me correspondía y eso que no estaba ganando ni el salario mínimo. Yo les había pedido que a eso nomás (al sueldo que percibía) me arreglen”. 

La mujer pidió ayuda al Sindicato y, junto con sus representantes, presentó una denuncia en la Jefatura del Trabajo en Cochabamba. Sus empleadores fueron citados y el funcionario que llevó su caso estaba exigiendo la nivelación al sueldo mínimo en cumplimiento de la ley. Lucía se sintió “maltratada” y solo quiso salir de ese problema, por lo que terminó aceptando un “arreglo” que favoreció a los que la contrataron, quienes le hacían trabajar ocho horas diarias, pero no cumplían con la remuneración mínima.

Ella lamenta que algunos empleadores no valoren el trabajo del hogar y las llamen “atrevidas” o “abusivas” cuando reclaman por sus derechos. Dijo que no solo hacen limpieza o cocina, sino que se convierten en niñeras, profesoras, psicólogas y enfermeras. “Nuestra labor es importante porque una profesional ejerce su carrera, mientras la trabajadora del hogar administra y dirige su hogar para que marche adelante”.

Marcha por el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar en Cochabamba, el 30 de marzo. OPINIÓN
Marcha por el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar en Cochabamba, el 30 de marzo. OPINIÓN

 

Otra de sus compañeras se sintió “discriminada”. Mayra Estefanía creció en una casa donde su mamá limpiaba, cocinaba, ordenaba y hacía todo lo necesario para dejarla impecable y ahora juntas realizan el trabajo del hogar, pero ya no “cama adentro”.

Durante la pandemia, una familia las contrató. Les llamaban para que limpien, pero les pagaban menos de lo acordado poniendo excusas. Mayra y su madre quedaron decepcionadas, pero no presentaron una denuncia porque se enteraron, por sus compañeras, que esos procesos demandan “tiempo y dinero” y se resuelven en años.

Mientras, Primitiva Colque, secretaria general del Sindicato de Trabajadoras del Hogar de Cochabamba, no pisó las calles por casi cuatro meses. Ella, al igual que sus empleadores que hicieron teletrabajo, permaneció en su hogar por temor al contagio. No pudo visitar a sus seres queridos ni siquiera en sus días libres.

Sin embargo, sus jefes respetaban sus domingos y feriados a diferencia de otros empleadores que obligaban a sus trabajadoras a realizar distintas tareas de la casa sin paga. Primitiva se quedaba en su habitación sin preocuparse de los quehaceres domésticos.

La familia que la contrató cumple con el salario mínimo, pero trabaja más de ocho horas diarias, porque en menos tiempo no puede terminar sus tareas. Hace todo lo posible para desocuparse hasta las 18:00. Luego, se alista rápidamente para dirigirse a un establecimiento educativo donde a diario se esfuerza para concluir sus estudios y obtener su diploma de bachiller.

Primitiva Colque, secretaria general del Sindicato de Trabajadoras del Hogar de Cochabamba. OPINIÓN
Primitiva Colque, secretaria general del Sindicato de Trabajadoras del Hogar de Cochabamba. OPINIÓN

 

Otra de las representantes de Cochabamba, Gregoria Gabriel, recuerda que quienes pudieron mantener su empleo en las épocas más complejas de la pandemia se quedaron encerradas y con recarga laboral. “No había sábado ni domingo; si estabas ahí, tenías que estar trabajando”.

Hay quienes se vieron obligadas a volver a sus pueblos. Otras optaron por actividades como vender manzanilla, eucalipto, fósforos, lo que se podía.

Algunas trabajaban sin que les paguen por el plato de comida. “Se ha visto, aunque no mucho”, expresa Gregoria.

Ella no estaba trabajando en la época de la pandemia. Lo hacía día por medio, cuando le llamaban, pero en ese tiempo, su teléfono dejó de sonar. “Hemos sobrevivido, realmente”, dice.

Gregoria Gabriel, representante Trabajadoras del Hogar Cochabamba. OPINIÓN
Gregoria Gabriel, representante Trabajadoras del Hogar Cochabamba. OPINIÓN

 

La pandemia ha agudizado la precariedad laboral. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en Bolivia, nueve de cada diez trabajadoras del hogar perdieron su trabajo durante el primer año de la pandemia de la COVID-19.

Más de 117 mil
En el Estado Plurinacional de Bolivia, 117.735 personas son empleadas/os del hogar, de las cuales 94.3% son mujeres y 5.7% son hombres, además el 28,1% de esta categoría ocupacional, pertenece al rango de edad de 15 a 24 años, según la Encuesta de Hogares 2016, informó el Instituto Nacional de Estadística (INE).

 

RECARGA LABORAL
Frente al cambio en la rutina de las trabajadoras del hogar, el salario no aumentó, pero el trabajo sí. Las horas laborales se hicieron más largas sin que eso suponga un beneficio económico.

Lidia tiene dos hijos. A raíz de la pandemia, su esposo dejó de generar ingresos. Frente a esta compleja situación, asumió el rol de proveedora y decidió seguir trabajando, pese a la amenaza del virus.

“El empleador me dijo ‘o lo tomas o te vas, porque tengo miedo de que traigas la enfermedad’. Entonces, no me quedó otra que aceptar”, cuenta. 

Permaneció en la casa de su empleadora durante tres meses, tiempo en el que no vio a sus hijos. El único contacto que tenía era con su esposo, quien cada mes se acercaba al domicilio para recoger el sueldo de Lidia y poder sustentarse con eso. 

Esa separación forzada le afectó. Sus dos hijos, de 13 y 7 años, tuvieron que entender a la fuerza que su mamá no estaría durante largo tiempo. “No fue nada fácil. Siempre está la preocupación (…). Solo hablaba por teléfono”.

Lidia narra que recibía la presión de su empleadora, quien, en varias ocasiones, le decía que le hacía un favor al darle trabajo. La separación de sus hijos, la recarga laboral y la presión afectaron su salud mental y le provocaron estrés. 

El quiebre surgió luego de que pidió un aumento de salario debido a que antes trabajaba de lunes a viernes, pero durante la cuarentena desempeñó sus labores incluso los domingos. Se lo negaron.

Una representante de La Paz, Juana Durán, describe que hay quienes requerían durante la pandemia ayuda de sus compañeras. 

Juana Durán, representante Trabajadoras del Hogar La Paz. OPINIÓN
Juana Durán, representante Trabajadoras del Hogar La Paz. OPINIÓN

 

“A una trabajadora le habían detenido culpándole por robar joyas de la señora, por no pagar sus beneficios, por no despedirle directamente. Porque si despides directamente, tienes que pagarle sus beneficios. Por eso la culparon, para que se asuste y se vaya así nomás”.

Asambleas:
En medio de las injusticias que identificaban las trabajadoras del hogar, estaban restringidas de buscar apoyo entre ellas, pues las reuniones eran imposibles, los sindicatos estaban cerrados. En abril lograron una asamblea extraordinaria en Cochabamba.

 

UN SEGURO “MENTIRA” 
Amparo volvió a la casa de donde le echaron a pedir que le devuelvan el empleo porque estaba enferma y ella sola se encargaba de sus hijas. La respuesta fue negativa.

“Yo tengo cáncer. Yo hago constantemente quimio. Yo hablé para que al menos me colaboren para una quimio siquiera (…). Si a mí me han hecho esto, que tengo una enfermedad, ¿qué será a las demás?”.

Fue diagnosticada con cáncer hace tres años, justo antes de la pandemia. Nunca tuvo seguro médico.

A la angustia por su enfermedad se sumó la dura época del miedo ante la pandemia; además, le quitaron cualquier esperanza de cura a su mal.

“Estoy desahuciada. No tiene remedio. ¿Cuántas compañeras estarán pasando por esto? (llora)”.

En las lágrimas de Amparo hay dolor por no encontrar salida ni para ella ni para sus compañeras, quienes buscan mejores condiciones de trabajo, de salud y de vida.

El Decreto Supremo 4589 del 28 de septiembre de 2021 reglamenta la Ley N° 2450, del 9 de abril de 2003, de Regulación del Trabajo Asalariado del Hogar, referido a la afiliación de las trabajadoras o trabajadores asalariados del hogar ante la Caja Nacional de Salud (CNS).

Esta norma estipula que “se aplicará a toda persona natural empleadora o empleador y trabajadora o trabajador asalariado del hogar en el territorio boliviano”.

En el detalle establece aspectos como que todo empleador que tenga bajo su dependencia a una trabajadora o trabajador asalariado del hogar “que perciba un salario mayor o igual al Salario Mínimo Nacional, debe registrarse ante la Caja Nacional de Salud”, previo cumplimiento de los requisitos establecidos por ese Ente Gestor.

Trabajadoras y trabajadores del hogar protestan por sus derechos en Cochabamba. OPINIÓN
Trabajadoras y trabajadores del hogar protestan por sus derechos en Cochabamba. OPINIÓN

 

“El seguro de salud que han lanzado, es un seguro mentira porque dicen que es con sueldo básico; nadie gana el sueldo básico. Yo digo que el seguro es un fraude, por solo ganar votos o por ganar aliados al Gobierno. Para mí no es un seguro bueno, porque yo que estoy enferma, no tengo ese acceso”, dice Amparo.

Habló con sus empleadores sobre el tema, pero no logró el acceso al beneficio.

Para Gregoria Gabriel, el salario mínimo limita a la mayoría el acceso a la atención de salud.

“Ahí está la trampa. ¿Qué de los que trabajan día por medio?, ¿qué de los que trabajan con lavado de ropa, planchado, limpieza? Esto no se ha socializado, han aprobado y ya. La ley está hecha, los decretos salen, las normas salen, pero no se cumplen”.

Detalla que desde la promulgación del decreto hay “apenas” 23 afiliadas que accedieron al beneficio en la Caja Nacional de Salud. Según las dirigentes, en La Paz hay 11 afiliadas; en Santa Cruz, 4; en Cochabamba, 4; y en Trinidad otras tantas.

“En la pandemia, varias se enfermaron, hasta mi persona. No trabajaba; ya había ese temor de los empleadores. Nos decían ‘tú vas a traer la pandemia, es mejor que no salgas”, dice Gregoria.

Juana informa que hay trabajadoras del hogar que sufrieron coronavirus.

“En La Paz, dos han fallecido; no estaban sindicalizadas. En el lado de Trinidad y Potosí se han enfermado bastantes (…). Ni una compañera ha recibido apoyo de sus empleadores para curarse de coronavirus. Las compañeras estaban enfermas y los empleadores a su gusto les han despedido. A su suerte, se han curado con medicina natural (…). Han despedido bastante, también para no afiliarles a la Caja o han reducido el trabajo a horas”.

Para Lidia, el seguro médico fue algo casi impensado. Cuando intentó comentarlo con su empleadora recibió amenazas. “Si me vas a estar hablando de eso, Lidia, es mejor que descanses. Tú recibes tu sueldo al mes”, recuerda que le dijeron.

Por ahora no trabaja en ninguna casa. Elige descansar porque la pandemia fue dura. Vio a muchas de sus compañeras contagiarse y atender a pacientes COVID.

Entretanto, Juana recuerda con dolor que Basilia Catari, quien en 1993 fue fundadora de la Fenatrahob y elegida como su Secretaria Ejecutiva, murió víctima del coronavirus.

“Ha estado mucho tiempo enferma, años, pero el coronavirus vino y ahí nomás. Tenía artritis y várices. El coronavirus lo ha complicado. Nadie la ha apoyado, salvo nosotras”.

Trabajadoras del hogar toman apuntes en la realización de una asamblea nacional de su sector, en Cochabamba. OPINIÓN
Trabajadoras del hogar toman apuntes en la realización de una asamblea nacional de su sector, en Cochabamba. OPINIÓN

 

NI SALARIO MÍNIMO NI LIQUIDACIÓN 
Amparo quedó sin ingresos mensuales; tampoco le pagaron su liquidación.

“Se dijo que se iba a pagar medio sueldo a todos, pero no se cumplió eso; no me pagaron”.

En Bolivia, el salario mínimo es de 2.250 bolivianos, en la actualidad. A Amparo le pagaban mil bolivianos al mes. Cuando fue diagnosticada con cáncer, no dejó de trabajar porque lo necesitaba.

“Me decían que descanse, que haga con calma, tenían ese cuidado porque estaba enferma. Pero, sin contemplación alguna me despidieron luego, sabiendo que yo necesitaba el trabajo”.

Cuando le despidieron, le pagaron una liquidación, “pero no lo correcto”, que debiera considerar el promedio de los tres últimos salarios mensuales, de acuerdo con la norma vigente.

“En el Ministerio de Trabajo me dijeron que tenían que liquidarme con un sueldo. Pero solo me dieron 500 bolivianos, mi sueldo eran mil bolivianos. Me dieron 1.500 bolivianos. Me dijeron que, como estábamos en pandemia, no tenían dinero”.

No inició ninguna demanda porque considera que no tendría el dinero para seguir un proceso, por los costos de un abogado.

“Fui a hablar con la Directora de Trabajo, y me dijo ‘¿qué va a hacer?, al final estamos en pandemia, tiene que entender que nadie tiene dinero’. Pero, por algo agarran los empleadores a las trabajadoras, porque tienen más dinero que nosotras”.

Por su lado, Gregoria agrega que cuando llegan al Ministerio de Trabajo, existe primera y segunda conminatoria y, luego, se va por la vía judicial. “Pero, siempre hay obstáculos”, y perciben que existe parcialidad en favor de los empleadores.

Juana expresa que en La Paz hay bastantes procesos.

“Yo estoy siguiendo el de una compañera. El empleador es de otro país, así que no podemos dar directamente citación. Pero, cuando el empleador no se presenta, es bien difícil exigir”.

Zenobia Mamani, secretaria de conflictos del Sindicato de Trabajadoras del Hogar de Cochabamba, manifiesta que desde 2020, cuando comenzó la pandemia, muchas no pudieron cobrar salarios o beneficios sociales, les sobrecargaron el trabajo y les despidieron injustificadamente.

Una de sus colegas, dice, fue abandonada por sus empleadores en la Terminal de Buses de Cochabamba tras un año de trabajo. Sus representantes la apoyan en la demanda, pero aún no logran un acuerdo.

Para muchas trabajadoras del hogar buscar ayuda en el Ministerio de Trabajo es “una pérdida de tiempo”.

“No tienen para pagar un abogado porque deben llevar el pan cada día a sus hogares, pagar sus alquileres. ¿Con qué tiempo van a seguir sus procesos?, porque hay que ir detrás de la justicia. Si no andas, el caso se archiva”.

Una trabajadora prepara alimentos. ARCHIVO
Una trabajadora prepara alimentos. ARCHIVO

 

Zenobia acompañó a varias compañeras a hablar con los demandados a fin de conciliar y llegar a un acuerdo, aunque no sea el “justo”. “Hemos tenido que peregrinar detrás de los empleadores tratando de negociar. Con 10 compañeras así hemos solucionado, aunque una parte (de lo adeudado) han reconocido. Otros ni siquiera nos reciben las citaciones y nos cierran las puertas”.

Lamenta que, en la mayoría de los casos, los empleadores incumplan con el pago de un salario mínimo nacional. La jornada laboral supera las ocho horas diarias, incluyendo en algunos casos fines de semana, no gozan de vacaciones anuales ni beneficios sociales en caso de retiro forzoso o voluntario, son víctimas de maltrato verbal, de amenazas e incluso de agresiones físicas cuando surgen conflictos laborales.

Durante un mes, OPINIÓN intentó contactar con autoridades del Ministerio de Trabajo y con su representante en Cochabamba obteniendo negativas bajo argumento de enfermedad y falta de tiempo.

En el mundo
Según la OIT, de los 75.6 millones de trabajadores domésticos en todo el mundo, el 76.2% son mujeres. Aunque prestan servicios esenciales, rara vez tienen acceso a derechos y protección.

 

LOS EMPLEADORES
Existen contados empleadores en el país que acatan la normativa y cumplen con los beneficios sociales y seguros de salud para sus trabajadoras. La mayoría excluye esa posibilidad.

Una empleadora, de quien se reserva su identidad, cuestiona que haya gente que no cumple con la ley.

Pondera las funciones de la trabajadora que tiene en su casa, ya que durante la cuarentena hubo enfermos con COVID.

"Ayudaba con las cosas de la casa porque nosotros estábamos mal. Nos fue muy útil para preparar la comida o hacer la limpieza".

Otra empleadora, Patricia (nombre cambiado), tenía el servicio de una trabajadora del hogar desde tiempo antes de la pandemia. Reconoce que, por temor, decidió prescindir de ella. “La verdad es que tenía miedo por mis papás y el COVID, porque ellos son de la tercera edad. O sea, decidí despedirla nomás y que se vaya”.

Expresa que no concretó la liquidación.

“La verdad, no (cumplí con esa obligación), porque no se acostumbra darles a las empleadas su liquidación”.
Después, cuando los casos de coronavirus bajaron, contrató a otra persona.

Las trabajadoras del hogar coinciden en su pedido de “no solo palabras” a las autoridades bolivianas, piden desde hace décadas el cumplimiento de sus derechos. Elevan la voz cuando encuentran oportunidad, como en algunas marchas o en sus asambleas.

El 8 de octubre de 2021, días después de la aprobación del Decreto Supremo 4589, acompañando su texto con la imagen de una de las trabajadoras del hogar, tal vez una de las pocas que accedieron al seguro médico, el presidente de Bolivia, Luis Arce, tuiteó: “Ver la esperanza y la alegría en los ojos de doña Justina refuerza nuestro compromiso de trabajo incansable por nuestro pueblo. Hoy las trabajadoras del hogar comenzaron su afiliación a la Caja Nacional de Salud. ¡La reconstrucción económica no para! #EstamosSaliendoAdelante”.

Pero, no es el caso de Amparo, Gregoria, Lidia, Juana, Primitiva, Lucía, Mayra, Zenobia y otras miles de personas que, en medio de la pandemia, trabajan en el país sin seguro social, de salud ni otros beneficios. Tampoco es el caso de las que pierden sus trabajos por reclamar esos derechos.

APUNTES: 
Antecedentes históricos
En el libro “Camila. Memorias de la militancia política en el trabajo asalariado del hogar”, de Casimira Rodríguez Romero, se exponen hitos históricos:

  • La existencia de las trabajadoras del hogar en Bolivia puede remontarse al periodo colonial, cuando mujeres españolas o criollas contaban con el servicio de mestizas y/o indígenas para las labores domésticas.
  • Se organizaron sindicalmente por primera vez en 1935, en el Sindicato de Culinarias. Una de sus líderes históricas fue Petronila Infantes.
  • En 1948, se incorporaron a la Ley General de Trabajo con cuatro artículos.
  • En 1960 se creó un Sindicato de Empleadas de Potosí, apadrinado por la Iglesia católica.
  • En La Paz, los primeros sindicatos fueron los de Sopocachi y San Pedro, en la primera mitad de los años 80.
  • El Sindicato de Trabajadoras del Hogar de Cochabamba se fundó en 1987.
  • En Santa Cruz se creó una organización de trabajadoras en 1990.
  • En 1993, se fundó la Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar de Bolivia (Fenatrahob), como su Secretaria Ejecutiva fue elegida Basilia Catari.
  • Para 1996, Sucre ya tenía su sindicato. Potosí tenía una organización similar en ese mismo año.
  • Entre 1996 y 2001, la Fenatrahob avaló el funcionamiento de organizaciones en Oruro, Tarija, Trinidad y San Ignacio de Moxos.
  • Tras años de gestiones y protestas callejeras, en 2003, consiguieron la promulgación de la Ley 2450 de Regulación del Trabajo Asalariado del Hogar, que, entre otras conquistas, estableció jornadas de ocho horas de trabajo para externas y diez para internas; vacaciones de 15 días; descanso en fines de semana y feriados; e indemnización según los años de trabajo.
  • En 2006, la cochabambina Casimira Rodríguez, cofundadora de la Fenatrahob y Secretaria Ejecutiva de la Confederación Latinoamericana y Caribeña de Trabajadoras del Hogar, fue designada como Ministra de Justicia del primer Gobierno de Evo Morales.


 
Este trabajo periodístico se hizo con la colaboración de Brenda Molina, Nicole Vargas y Santiago Espinoza.

Esta investigación fue realizada en el marco del Fondo Concursable Spotlight XII de apoyo a la Investigación Periodística en los Medios de Comunicación que impulsa la Fundación Para el Periodismo.