Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 18 de noviembre de 2019
  • Actualizado 05:48

El papel del indio en la historia política de Bolivia

Desde 1952 persiste el problema de agrupar al indígena en un solo sector, desconociendo su multiculturalidad.
Indígenas participan en la marcha por la vida y la tierra en la década del 90/APC BOLIVIA
Indígenas participan en la marcha por la vida y la tierra en la década del 90/APC BOLIVIA
El papel del indio en la historia política de Bolivia

¿Cómo ha pasado la clase indígena de estar excluida al voto a ocupar los principales cargos de poder? Historiadores, politólogos y antropólogos han coincidido que es el resultado de un largo proceso histórico marcado por rebeliones armadas y demandas principalmente relacionadas con la soberanía de sus tierras y el derecho a la educación.

Insurgencia

Según Irurozqui, los indígenas descubrieron sus posibilidades de crecimiento social a través de la rebelión. 

 Con la llegada a la presidencia del actual mandatario Evo Morales se ha visibilizado al sector reconociendo 36 naciones indígenas con la fundación del Estado Plurinacional de Bolivia. Sin embargo, ha agrupado la multiculturalidad en un solo grupo el “indígena originario campesino”, ofuscando la particularidad de cada una de las comunidades.

REPASO HISTÓRICO 

La constitución de 1839 determinó por primera vez el voto directo en Bolivia. Era un sufragio censitario dirigido para hombres, alfabetos y un nivel determinado de renta. A pesar de que la clase indígena quedaba excluida de la ciudadanía plena, la historiadora española Marta Irurozqui y la politóloga María Teresa Zegada cuestionan que el indígena era apolítico y sus prácticas se reducían a movimientos de resistencia. 

“A pesar de que el indígena no tenía derecho al voto, siempre fue un sector a considerar por los partidos políticos con quienes mantenían vínculos. Los indígenas no solamente eran la masa gravitante, sino que a través de liderazgo de los caciques lograron movilizarse reclamando sus demandas como la abolición del pongueaje, el derecho a la educación y la soberanía sobre sus tierras”, explica Zegada. 

Irurozqui refuerza esta tesis recordando las sublevaciones indígenas en 1870 como respuesta a la decisión del presidente Mariano Melgarejo de someter las tierras de las comunidades a subasta pública. Para el historiador Mariano Baptista Gumucio este hecho significó la primera participación política directa del indio, a través de la resistencia indígena liderada por Luciano Wilka, quien, con su ejercito, “a base de hondazos hizo escapar al ejercito de Melgarejo a la frontera del Perú. Eran 40, llegaron seis”.

Otro hito histórico es la Guerra Federal de 1899, cuando por primera vez el sector indígena, a la cabeza de Pablo Zárate Wilka, se une a un partido, como es el Liberal. Las causas, según Irurozqui, fueron las represalias a las matanzas en la finca Santa Rosa y en Corocoro. “

El suceso marcaría un antés y después en la noción del papel del indio, cuando  las tropas de Wilka masacraron al destacamento liberal de Pando. Poniendo en alerta una ‘guerra racial”, escribe Irurozqui.

El carácter revolucionario del indígena volvería a marcar presencia en el siglo XX. En 1945 unos 1.500 campesinos en fincas de Potosí, Tarija y Aiquile se sublevaron contra las familias patronales, quizá motivados pro el Primer Congreso Indígena de 1945, en el que se planteó la abolición del pongueaje. 

Todo este proceso tiene su paroxismo en la revolución de 1952 que trajo al año siguiente la Reforma Agraria que terminaba con el latifundio e incluía el voto universal, haciendo participar por primera vez a la clase indígena en la política de manera legal y constitucional. 

Sin embargo, de acuerdo a Baptista, el indígena que participó en la revolución era uno distinto, “recogido en los primeros sindicatos y presente en mineros y fabriles de ascendencia quechua y aymara, pero ya asalariados, siendo parte no de una etnia sino de la clase baja media”.  Este problema también lo vislumbra Zegada, quien indica que Paz Estenssoro agrupó en un solo grupo a un sector tan variado, “problema que se arrastra hasta el día de hoy”. 

En las décadas delos 70 y 80 aparecen los primeros partidos políticos indígenas, influenciados por los movimientos kataristas. Algunos ejemplos importantes son el Movimiento Revolucionario Tupaq Katari de Liberación (MRTKL) o el Movimiento Indio Tupak Katari (MITKA). Esta visibilización del sector alcanzó su punto más alto en marcha por la vida y el territorio en los 90.

Paradójicamente,  cuenta Baptista, la primera gestión del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997), que tuvo como vicepresidente al aymara Víctor Hugo Cárdenas, permitió que los indígenas ocuparan cargados de alcaldes y escaños en los concejos municipales y luego en el Senado, gracias a la Ley de Participación Popular, que municipalizó el territorio nacional mediante la creación de más de 300 gobiernos locales, que le permitió a Evo Morales ser diputado por el Chapare. 

En 2006 empieza la era masista con Morales, proceso que Baptista califica como “nieto de la revolución del 52”.  Zegada lo caracteriza como “hábil y oportunista” al condensar todo el oleaje de los 90, a través de un pacto y una propuesta en la nueva Constitución Política del Estado y la fundación del Estado Plurinacional de Bolivia que reconoce a 36 naciones originarias.

El Gobierno aprueba en 2006 la ley de Reconducción Comunitaria de la Reforma Agraria que estableció la verificación de la función económica social de la tierra. 

DIFERENTES INTERÉSES 

Según Yanira Silvetty de la Unidad de Culturas del Centro de Ecología y Pueblos Andinos, existe un rechazo al termino “indio” desde los propios pueblos indígena-originarios ya que bajo tal denominación “hace referencia a la llegada de Colón y su creencia de que había llegado a la India. 

“En las reformas del 52, se adoptó el término campesino, que se refería  a la misma población indígena originaria, pero esta desligada de sus antecedentes étnicos y culturales tomados más como categoría socioeconómica o clase social”, argumenta Silvetty.

Para Baptista, el conflicto persiste hasta la actualidad, intentando unificar las demandas de sectores disimiles. Zegada concuerda con la idea, sosteniendo que la estructura de un campesino es muy distinta a la del indígena. 

“El último habita en una comunidad y tiene una practica civilizadora distinta. Desde los 90, el indígena ha luchad más por una lucha comunitaria, de derechos y autogobierno. El ejemplo más claro ha sido el del Tipnis. Los indígenas no querían que se toque sus tierras versus los campesinos del trópico que tienen una lógica más expansiva, de capitalismo y producción a escala. Es un sector parcela que ya no es agropecuario o agrícola, sino sindicalista o transportista”. 

Los historiadores coinciden que la revolución del 52, que es el inicio de la participación política del indígena, no hizo una diferenciación con el tema del indígena, lo incorporó a todos bajo el hegemónico de campesino o pueblo, sin hacer una especificidad del sujeto como comunidad, cultura o civilización.