Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 18 de enero de 2021
  • Actualizado 03:00

NECESITAN COSECHAS DE AGUA

Mujeres yamparas rompen idea de machismo y dirigen talleres contra el virus

Aseguran que en la comunidad son parte de la toma de decisiones, al igual que los hombres. La pandemia hizo que comenzaran a investigar más sobre alimentación. La nación sufre sequía.

Mujeres yamparas, al pie de la lucha. Gentileza Casto Limachi
Mujeres yamparas, al pie de la lucha. Gentileza Casto Limachi
Mujeres yamparas rompen idea de machismo y dirigen talleres contra el virus

En un país como Bolivia, donde las noticias sobre casos de violencia y crímenes de género parecen haberle montado una franca carrera a aquellas que se enfocan en registrar los estragos del coronavirus en las planas de los medios, asoma, como bálsamo, un fenómeno tan rico en historia ancestral como natural: la idea de equidad entre el hombre y la mujer, misma que embandera el sector femenino de la Nación Yampara y que ha sabido asimilar a través del tiempo. Allí están ellas, las mujeres yamparas, las indígenas consideradas como “seres sagrados” dentro de la nación originaria (en el municipio chuquisaqueño de Tarabuco), que resiste más de 500 años y que no apaga su voz en la lucha por sus derechos humanos.

Julia Pachacopa se presenta como exautoridad originaria de Puka Puka. Confiesa que la pandemia ha generado mucho temor en los ayllus (las familias), pero ello solo sucedió al principio, cuando desconocían cómo enfrentar al enemigo. Ahora, el miedo es cosa descartada. Cuenta que la investigación, la solidaridad en cuanto a la socialización de saberes y el hecho de haber recurrido a abuelas y adultos mayores han sido elementos esenciales para armarse una coraza ante al virus y llevar adelante una seguidilla de talleres y capacitaciones como herramientas de combate. Todo es compartido. Si una de ellas descubre las bondades de alguna planta medicinal, jamás las conserva para sí misma.

Julia asegura que han sabido controlar al patógeno con la premisa, casi instrucción colectiva, de no asistir a hospitales. “Estábamos con susto, pero cuando la enfermedad llego, fácilmente nos hemos curado. Como mujeres, aprendimos de las hierbas. No sabíamos para qué servían algunas. Preguntamos a las señoras mayores. Nos hemos preparado. Hacemos talleres, nos reunimos maridos y mujeres. Cada familia, siempre sabe de alguna planta. Juntamos todas las que conocemos y las intercambiamos. Con eso, fácilmente hemos pasado. Ya no hay enfermos”, describe, con respecto al uso de la wira wira, el eucalipto y el molle, entre otros. 

En los talleres autogestionados participan familias enteras, que se congregan generalmente cuando se pone el sol. “Hemos aprendido a hacer pequeñas capacitaciones. Entre mujeres nos reunimos, consultamos, analizamos e investigamos. Cada persona sabe lo que hace en su casa. Eso compartimos y complementamos. La unidad es importante”.

Descubrieron, así, que la alimentación con base en productos de la tierra y la anulación casi completa del consumo de carne roja eran dos elementos prioritarios; que desechar comida procesada e intensificar la ingesta de cereales naturales y jugos con manzanilla, quinua con manzana, y harina de maíz, también era parte de uno de los pilares para reforzar el organismo. “A veces, utilizábamos Toddy (marca de un saborizante de chocolate) o cafecito, pero debido a esa enfermedad ya no lo hacemos. Hemos decidido no usar cosas enlatadas o en sobre. Entonces, fue necesario hacerles entender a los más pequeños sobre la importancia de comer adecuadamente. Tomaron la iniciativa y lograron que los niños comprendieran.

Casto Limachi Kally, director ejecutivo de Turismo Integral Comunitario Familiar (TICOF) Ayllu Puka Puka, comparte que tres han sido los pilares en los que se apoyó la Nación Yampara, en general, pues los logros han sido producto de la unión de todos, no solo del género femenino: la alimentación natural basada en cereales y sus cosechas; las plantas medicinales presentes en cerros y ríos; y, por último, la capacidad psicológica.  

“A la enfermedad no la hemos esperado con temor, sino con alegría, para acompañarnos, convivir y aprender de ella. La música fue importante”, narra la exautoridad, para completar que el curaca “tata Claudio” Limachi, luego de haber sido aislado durante algunos días y superar los malestares del virus, salió, levantó el charango y se dispuso a cantar libremente, en clara señal de victoria.

Julia, por su parte, se encarga de sentar que los cruza el concepto de complementariedad. Es decir, no existe el hombre sin la mujer, y viceversa. Allí, la idea de “machismo” no encuentra razón de ser. Si la autoridad masculina no asiste a una reunión trascendental en el pueblo, es la esposa quien concentra el mando de forma automática, pues en el momento en el que el marido goza de facultades como autoridad, ella se convierte en la versión femenina, con el mismo grado de responsabilidades. “En el pueblo, no nos bajan a las mujeres. En las reuniones, opinamos y asumimos las responsabilidades”.  

Según Limachi, esta complementariedad persistente obedece al ayllu. De ahí que la Nación Yampara contemple los derechos de la familia y no los derechos de manera segregada. “La mujer es considerada como la más importante. El esposo debe preguntar sí o sí para tomar decisiones”.

TEJIDOS CON HISTORIAS Las vestimentas que usan exhiben tejidos con sus propias historias. Sus vivencias y libros personales quedan retratados en los colores y texturas, así como también los horizontes de las generaciones que vendrán, en consonancia con Limachi. Lo espiritual queda plasmado en lo físico. “Mi mamá, que fue autoridad, decía que, algunas mujeres, quizás sean libros pequeños; otras, libros grandes. Lo importante es lo que está escrito allí”.

DERECHOS NO ATENDIDOS Y SEQUÍA La situación es crítica. La población carece de agua para el consumo, los cultivos y los animales. Es por ello que se han declarado en estado de emergencia. El “tata Claudio” Limachi avisa que no cuentan con agua para beber. “No tenemos agua para tomar, tampoco para nuestros animales. Estamos sufriendo, tampoco hay cosechas de agua. El problema más grave es por las deudas. Con la producción (papas, trigo y cebada) no sacamos ni 200 bolivianos mensualmente. En esta temporada ya teníamos que sembrarnos, es tiempo. Estamos en desastre”. 

El proyecto de cosecha de agua por familia es el pedido más sonoro entre los yamparas, que reclaman asistencia del Estado y que cuentan con personería jurídica legalmente establecida gracias a una lucha incansable en la que el extinto curaca Tomás Valle sentó un papel esencial. “Los pueblos nativos no dependemos de ningún partido político, ¿pero dónde está la atención a nuestros derechos? El agua es prioridad. Las autoridades deben atendernos. Pedimos cosecha de agua por familia para toda la Nación Yampara”, recalca Casto Limachi.

Claudio Limachi, por su parte, considera que han sido manipulados por políticos y que los derechos sanitarios, educativos y culturales les han sido privados. De ahí que considere que el presente es peor que el coronavirus. “Para nosotros, más fregado que la enfermedad es la mala atención”.