Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 24 de octubre de 2021
  • Actualizado 02:42

Cuatro mitos que influyen en la poca aceptación de las vacunas en Pando

En este departamento se vencieron 1.200 dosis de la vacuna contra la COVID-19. El principal motivo es la poca afluencia de personas a los puntos de vacunación a causa de la desinformación 
Una imagen referencial de vacunas y bulos. Bolivia Verifica
Una imagen referencial de vacunas y bulos. Bolivia Verifica
Cuatro mitos que influyen en la poca aceptación de las vacunas en Pando

La responsable del Programa Ampliado de Inmunización (PAI), Roxana Lima, informó el 8 de octubre que son cuatro las creencias basadas en desinformación que inciden en que una parte de la población en Pando no acuda a vacunarse contra la COVID-19.

La implantación de un microchip a las personas, la supuesta esterilidad en los vacunados, la conversión de las mujeres en “hipersexuales” y la enfermedad grave por la inmunización son las cuatro falsedades que están circulando en las redes sociales con mayor viralidad

“La población ha dejado de vacunarse por la mala información en redes sociales, algunas personas creen que les insertan un chip o les transmiten cierta enfermedad, mientras que en las comunidades indígenas creen que los hombres se volverán estériles y las mujeres hipersexuales, además, algunas religiones prohíben a sus seguidores vacunarse. Son criterios equivocados”, declaró Lima el pasado 8 de octubre, según reporta el medio pandino Portada TV que cooperó con este material a Bolivia Verifica.

Según el Servicio Departamental de Salud de Pando (Sedes) 1.200 vacunas de AstraZeneca se vencieron en esa región. Los citados mitos circulan por redes sociales como Facebook, Twitter, WhatsApp y Telegram principalmente.

Bolivia Verifica rastreó cada uno de esos mitos para desmentirlos.

MICROCHIP

Esta no es más que una teoría conspirativa que ha surgido para alentar a que las personas no se vacunen.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) informó que esta versión es falsa, situación que se puede comprobar con  la simple revisión de los componentes de las vacunas.

“Los microchips nunca se han usado en las vacunas y no son parte de las vacunas contra la COVID-19”, indica el sitio oficial de la OPS.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos explican que las funciones de la vacuna es únicamente enseñar al cuerpo a combatir al virus, no es para rastrear los movimientos de las personas.

“Las vacunas actúan estimulando la producción de anticuerpos de su sistema inmunitario, de la misma forma que lo haría si se viera expuesto a la enfermedad. Después de vacunarse, desarrolla inmunidad a esa enfermedad sin tener que padecerla antes”, describe en su sitio web.

Este mito ya fue desmentido en Bolivia Verifica y otras verificadoras como Chequeado de Argentina y Maldita.es de España, coincidiendo que esta teoría no tiene un sustento científico y que no hay evidencia alguna de este extremo.

Este mito comenzó a circular hace un año. Todo comenzó a partir de un posteo en marzo de 2020 del empresario estadounidense Bill Gates, cofundador de Microsoft, en la plataforma Reddit, cuyas afirmaciones fueron tergiversadas.

Gates en esa oportunidad, declaró que para un mejor seguimiento de la transmisión del virus, “eventualmente tendrán algún tipo de certificados digitales para ver quién se ha recuperado o ha recibido una prueba recientemente, o cuando esté disponible una vacuna, saber quién la ha recibido”.  En ningún momento el empresario se refirió a microchips o algo similar.

En base a esta publicación, diferentes organizaciones que se negaban a la pandemia, difundieron la versión de la supuesta implantación de microchips en las personas con el fin de “controlarlas”.

Con la aplicación de las vacunas, estos grupos sustentaron dicha versión con el supuesto fenómeno del objeto metálico que se adhiere al cuerpo, situación que fue desmentida anteriormente por Bolivia Verifica.

ENFERMEDAD

La OPS y los CDC han informado que es falso que las vacunas te introduzcan el virus de la COVID-19, o que estén provocando la aparición de nuevas variantes. En las fichas técnicas de las vacunas están descritos los posibles efectos secundarios enumerados.

Los efectos secundarios más comunes después de la vacunación son: dolor de cabeza, fiebre, dolor muscular, malestar general y cansancio, los que desparecen generalmente en tres días.

Los casos reportados de miocarditis en personas vacunadas son mínimos, especialmente con la vacuna Pfizer,  siendo tratados con éxito, sin representar mayor preocupación.

Si bien, las vacunas tienen algunos efectos adversos, la OPS y los CDC de Estados Unidos han comprobado, con las cifras de contagiados, que son más los beneficios que estas brindan.

Una persona inmunizada es menos probable que llegue a las unidades de terapia intensiva por contagio de COVID-19.

ESTERILIDAD

La OPS afirma que la única función de las vacunas es crear anticuerpos que sepan cómo combatir al virus si una persona llega a contagiarse, “no hacen más que eso”. No influyen en el organismo de ninguna manera.

Además, las vacunas ya se van utilizando casi diez meses en Bolivia y no se tiene un solo reporte de este tipo.

La epidemióloga Jaqueline Cordero explicó que las vacunas no tienen “ninguna relación” con los aparatos reproductivos ni algo similar, por lo que este extremo es “imposible”.

HIPERSEXUALES

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la hipersexualidad es un trastorno mental del “impulso sexual excesivo”.

La OMS en su Clasificación Internacional de Enfermedades CIE-11 define el desorden en el comportamiento sexual compulsivo como “un patrón persistente de falla para controlar los deseos sexuales o impulsos sexuales intensos y repetitivos que resultan en un comportamiento repetitivo”.

Es decir, se registra un aumento excesivo en la actividad sexual de una persona con consecuencias negativas sociales, emocionales y físicas. Generalmente, la persona deja de disfrutar el momento sexual por estar obsesionada con tener más encuentros de este tipo.

La hipersexualidad no tiene ninguna relación con las vacunas. La inmunización no influye de ninguna forma en la sexualidad de las personas, no altera su ADN, ni afecta el ciclo menstrual de las mujeres.

Esta versión no tiene sustento científico ni se ha registrado algún caso en el mundo que relacione a las vacunas con la hipersexualidad. Este mito es difundido especialmente desde sectas o grupos de carácter religioso.  

¿QUÉ HACEN LAS VACUNAS?

El proceso de inmunización contra la COVID-19 en Bolivia es realizado con las vacunas Pfizer, AstraZeneca, Sinopharm, Jassen de J&J y Sputnik V, cada una tiene una diferente forma de crear los anticuerpos.

Acá te mostramos una breve explicación de cómo funcionan los diferentes tipos de vacunas:

Las vacunas ARNm (Pfizer), contienen material del virus que causa la COVID-19, el cual instruye a las células a crear una proteína inocua que es exclusiva del virus. Una vez que las células copian la proteína, destruyen el material genético de la vacuna. El organismo reconoce que esa proteína no debería estar presente y crea linfocitos T y linfocitos B que recordarán cómo combatir al virus Sars-CoV-2 si la persona se infecta en el futuro. Los linfocitos son células del sistema inmunitario.
Las vacunas de vectores (AstraZeneca, Jassen y Sputnik V) contienen una versión modificada de otro virus diferente del que causa la COVID-19. Dentro de la envoltura del virus modificado, hay material del virus que causa la COVID-19, lo que se llama “vector viral”. Una vez que el vector viral está en las células, el material genético les da instrucciones a las células para que produzcan una proteína que es exclusiva del virus que causa la COVID-19. Con estas instrucciones, las células hacen copias de la proteína, despertando en el organismo una respuesta que empieza a crear linfocitos T y linfocitos B. Los linfocitos recordarán cómo combatir el virus si nos llegamos a infectar en el futuro.
Virus desactivado (Sinopharm). Estas vacunas contienen muestras del virus original, pero desactivadas o muertas que son introducidas al organismo para que las células lo identifiquen y comiencen a crear en el cuerpo linfocitos T y linfocitos B que combatirán al virus si este apareciera en el futuro. Este método es el más tradicional que se utiliza para crear vacunas contra un virus.