Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 21 de octubre de 2020
  • Actualizado 04:08

Llegan al fondo de la copa, pero logran salir con ayuda de Peniel

 Para el administrador del centro de rehabilitación de alcohólicos de El Alto, Erland Sotelo “el alcoholismo no es una enfermedad, es una herida en el corazón”.

Una vista del frontis del centro de rehabilitación Peniel. Peter Luna
Una vista del frontis del centro de rehabilitación Peniel. Peter Luna
Llegan al fondo de la copa, pero logran salir con ayuda de Peniel

Luego de haber descrito la cruda realidad de los “cementerios de elefantes” de El Alto, un abogado se contactó con este periodista, y le dijo que la publicación le traía recuerdos de su experiencia con el alcoholismo, pero que gracias al apoyo de una fundación logró salir de esa situación y se reencontró con su familia.

El interés por conocer dicha institución fue grande así que nos dirigimos hasta la zona El Kenko en la ciudad de El Alto. Llegamos a la calle 3 y avenida Néstor Galindo lugar donde funciona el centro de rehabilitación para alcohólicos y drogadictos “Misión Global Peniel”; al ingresar un pasaje de la biblia nos dio la bienvenida “aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo Jehová me recogerá” (Salmos 27:10).

El lugar, un inmueble de no más de 300 metros donde 40 internos se rehabilitan pese a que la capacidad es para 26, sin embargo, habilitaron otro espacio en el templo para cobijar a personas que buscan una forma de huir de las garras del alcoholismo. El lugar es administrado por el pastor Erland Sotelo quien hace muchos años también era víctima del alcohol.

Sotelo, de origen beniano, contó que se encarga de la administración en los últimos 6 años. El centro fue creado hace 31 años por un pastor que vino de Brasil a nuestro país, y desde entonces consolidaron tres establecimientos, uno en El Alto, otro en Buena Vista, Santa Cruz, y el tercero se ubica en Riberalta.

Su experiencia con el alcohol empezó a los 20 años, cuenta Sotelo, quien era músico. A los 33 años estuvo en situación calle a causa del alcoholismo “también soy rehabilitado, era drogadicto y alcohólico, vivía en situación calle varios años, ahí Dios me habló y me llamó, fui a un centro de rehabilitación cristiano que busqué en Santa Cruz y allá se abrió la puerta para que pueda venir a apoyar esta obra que ya estaba funcionando. Llegué como auxiliar y el propósito de Dios era que me quede a cargo”, dijo.

Programa de rehabilitación

Explicó que el programa de rehabilitación de una persona con adicción al alcoholo pasa por tres fases. La primera de 21 días (ambientación) es la más difícil toda vez que el organismo de un bebedor está acostumbrado a recibir alcohol y dejar de hacerlo provoca angustia.

“La etapa más difícil para ellos son los primeros 21 días donde la ansiedad se dispara y empiezan a desesperarse, unos lloran, se tiran los pelos, dan vueltas, salen corriendo y otros deciden tomarse de la mano de Dios para poder decir yo puedo”, dijo Sotelo quien agregó que durante ese periodo la única arma que tienen los internos es la oración.

La segunda fase contempla la mentalización para su programa de rehabilitación, para ello, se les hace notar que tienen a disposición la fuerza de voluntad, la palabra de Dios, la oración, el ayuno y la interacción con sus compañeros.

La tercera fase es la administración personal, vale decir que identifican el origen de la adicción al alcohol para que a través de la palabra de Dios puedan “curar esa herida”.

“No es recibido uno solo, ni yo llegué al consumo de alcohol y drogas sin una causa, la biblia dice: como el gorrión en su vagar así la maldición nunca llega sin causa, entonces en cada uno de ellos hay un corazón sangrando, ya sea frustración, decepción, abuso físico, sexual, rechazo, perdida de un ser querido y otras circunstancias que produjeron una herida en el corazón de cada uno de ellos”, dijo Sotelo, quien resalta que ese tercer paso es el más importante para llegar a la restauración de una vida.

Sostenibilidad

Los internos del centro Misión Global Peniel se sostienen mediante la colaboración de la sociedad, por lo que acuden a los mercados populares para pedir ayuda de alimentos, los días martes salen por carne, mientras que los viernes lo hacen por frutas y verduras; al margen de aquella colaboración que reciben, también elaboran pan artesanal y queques, con lo que financian el pago de servicios básicos.

Pese a ser una organización dedicada al bienestar social, el centro de rehabilitación Peniel no recibe ayuda de las autoridades, Sotelo contó que por la cantidad de internos que al momento se tiene (40), es necesario tener una infraestructura más grande para la comodidad de los internos, sin embargo, deben instalarse incluso en la capilla donde duermen sobre el piso.

Agregó que enviaron cartas a diferentes autoridades para solicitar una nueva infraestructura, pero la respuesta fue negativa porque la institución es privada, pese a que llevan adelante una acción social.

El 60% de los internos son padres quienes se vienen rehabilitando y gradualmente vuelven al seno familiar, pero con otra mentalidad gracias al apoyo que reciben en ese centro.

Sobreviviente de una wajt’a

En la jerga alcohólica, contó Sotelo, que los bebedores que están en las calles de la ciudad de El Alto o La Paz son conocidos como “guerreros” por consumir los denominados “soldaditos”, alcohol en botellas pequeñas o los “generales” que vienen en envases de litro. Muchos de ellos encuentran la muerte por el frio, la cirrosis o algún ataque con arma cortante o contundente.

El administrador del centro señaló que en esta parte del país muchas personas practican los ritos de las wajt’as (ofrendas) a la Pachamama con fetos de llama, pero que en algunos casos recurren a los bebedores consuetudinarios a quienes los entierran estando con vida.

“Hay la tradición acá de que antes de hacer un edificio se hacen ofrendas. Tuve un interno que se escapó de eso, por eso llegó aquí al otro día porque cuando entró en razón a su amigo lo estaban sacrificando en una de las zapatas y el siguiente era él, por lo que salió pidiendo auxilio”, dijo Sotelo quien finalizó señalando que: “el alcoholismo no es una enfermedad, es una herida en el corazón”.

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