Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 25 de mayo de 2022
  • Actualizado 09:22

El Ekeko, de jorobado, panzón y sin ropa a ser el “dios de la abundancia”

En el pasado también apareció la Ekeka para representar la dualidad. Se trata de la misma figura, pero con genitales femeninos. Sin embargo, este personaje no se marcó con fuerza.
Ekekos, propios de la cultura andina. SHORTHAND SOCIAL
Ekekos, propios de la cultura andina. SHORTHAND SOCIAL
El Ekeko, de jorobado, panzón y sin ropa a ser el “dios de la abundancia”

El Ekeko es puesto en una mesa y se le pone un cigarrillo en la boca, se dice que la comida no le tiene que faltar para que atraiga la prosperidad y la abundancia. El personaje es el rostro de la fiesta de la Alasita, que inicia el 24 de enero y termina el 4 de febrero. La celebración es esperada por los bolivianos que buscan nuevas oportunidades y tienen la esperanza de cumplir sueños. De ser jorobado, sin ropa y panzón, así cambió el Ekeko durante los años.

Pero ¿de dónde surge el Ekeko? La adoración a este ídolo ya se realizaba por los pucaras, antes de los tiwanacotas.

“Era un ídolo pequeño, era una persona pequeña y llevaba una joroba en la espalda. Este personaje se hizo muy popular porque la joroba se asociaba con el trueno, se creía que las mujeres que tenían hijos jorobados era porque habían sido beneficiadas, porque lo habían visto o porque les había caído el rayo”, relató la historiadora Sayuri Loza a Urgente.bo.

Esto, indica, le atribuía propiedades especiales al Ekeko, que también era conocido como Tunupa, referidas a la abundancia, porque el rayo se relaciona con la lluvia y ésta representa fertilidad, producción y campos con cosechas.

El personaje era venerado por habitantes prehispánicos mucho antes de Tiwanacu, que tiempo después asumió el culto y siguió con la adoración al Ekeko. La estatuilla tenía las rodillas dobladas y un caracol en la mano.

Años después, la situación cambió y el Ekeko es una estatuilla que no tiene ropa. “Cuando llega el incario, esta visión se modifica, ya no es un personaje jorobado, sino que se pone sus genitales expuestos tomando en cuenta que es el acto sexual y los genitales, todo aquello que tiene que ver con la fertilidad”, dice Loza.

En ese periodo también aparece la Ekeka para representar la dualidad, se trata de la misma figura, pero con genitales femeninos, sin embargo, este personaje no se marcó con fuerza y se quedó el Ekeko.

Por el año 1781, se vivía una dura realidad por el dominio español del que sufrían los aymaras quienes hicieron un cerco en La Paz para provocar una hambruna a la ciudad. En ese año, el intendente de La Paz, Sebastián Segurola, no sufrió de la comida, esto se asoció al Ekeko.

Por ello, Segurola dispuso que se realice el festejo de la Alasita cada 24 de enero y así apareció el mercado de miniatura.

La adoración al Ekejo se mantuvo aún con la corona, pues esto, según la historiadora es una manera de mostrar que se aceptaba la religiosidad andina y la veneración al Ekeko, pero se le cambia la forma, es decir que ya no se muestra un personaje con los genitales al aire, sino se lo viste y ya no tiene la joroba.

El tercer Ekeko muestra como un símbolo de ambulancia la panza que para los europeos en el siglo 18 significaba tener dinero. Así, se estableció la imagen del ídolo que es conocido actualmente.