Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 27 de julio de 2021
  • Actualizado 07:31

Gonzalo camina a La Paz y pide Bs 20.000 de sus aportes a AFP

Hace tres años perdió su trabajo de contador y ahora es ayudante de albañil. Tiene siete hijos y la necesidad económica. Quiere reunirse con el presidente Luis Arce.
Gonzalo Melgar en la avenida Petrolera, Cochabamba. DICO SOLÍS
Gonzalo Melgar en la avenida Petrolera, Cochabamba. DICO SOLÍS
Gonzalo camina a La Paz y pide Bs 20.000 de sus aportes a AFP

Gonzalo Melgar Vaquero es un hombre de 52 años que hace un mes comenzó una travesía en busca de la devolución de sus aportes a la Administradora de Fondos de Pensiones (AFP) para superar la difícil situación económica que vive junto a su esposa y siete hijos.

El cruceño, de profesión contador, salió el 10 de mayo en caminata desde Santa Cruz y su meta es llegar a La Paz para reunirse con el presidente Luis Arce con dos objetivos: hacerle recuerdo su promesa electoral de devolver los aportes y pedirle que instruya la aprobación del proyecto de ley que se encuentra, desde hace cinco meses, en la Asamblea Legislativa.

La norma 078 Para la Devolución Parcial o Total de los Aportes fue enviada por el Ejecutivo y plantea la entrega del 15% de los recursos a quienes tengan en su cuenta personal previsional un monto menor o igual a Bs 100.000 independientemente de su edad. También establece la devolución del 100% a quienes tienen un monto menor o igual a Bs 10.000 y cuenten con la edad de 50 años o más.

Se estima que los beneficiarios alcanzarán a 1.5 millones.

Gonzalo pide que para los aportantes que tienen más de Bs 100.000, como es su caso, se les devuelva un monto fijo de hasta Bs 20.000.

Según sus cálculos, en 20 años de trabajo como contador general, logró acumular Bs 217.000.

Su meta es instalar con este dinero una fábrica para hacer fiambres y una churrasquería. 

No se puede argumentar que no hay plata porque cada día entra y esto permitirá tener más circulante para reactivar la economía. Somos más de medio millón de desempleados que necesitamos nuestro dinero”, señaló.

UN GRAN PESO

Son al menos 1.000 kilómetros de recorrido. 

Esta semana llegó a Cochabamba, tras caminar más de 500 kilómetros y cambiar dos pares de zapatos. 

El lunes, día de su cumpleaños 53, retomará la caminata hacia la sede de Gobierno. Espera llegar en 21 días.   

Sobre su espalda carga 48 kilos y 6 libras de equipaje, entre su camping, dos mudadas de ropa, un sleeping, una colcha, sus artículos de aseo y algunos medicamentos para controlar el mal de chagas avanzado que padece.

Pero no solo lleva ese peso, sino también la responsabilidad de lograr su cometido. Detrás de él hay miles de personas que le siguen a través de las redes sociales y le envían mensajes de apoyo, pero también está su familia.

Gonzalo es padre de siete hijos (5 mujeres y 2 hombres) y su esposa es ahora la que se encarga de sostener el hogar. Dos de sus hijos son mayores de edad, pero todavía tiene a dos en la universidad y tres en el colegio.

Su trabajo como ayudante de albañil no le permite reunir el dinero suficiente para cubrir sus gastos escolares, de alimentación y más.

“En las empresas ya no quieren gente mayor como yo, no hay cabida para la experiencia sino para los jóvenes que se venden por unos pesos, no se puede competir contra eso”, manifestó.

Dijo también que no podrá esperar cinco años para jubilarse porque la vida es ahora y necesita esos recursos para subsistir. 

LOCO IDEALISTA

Gonzalo confesó que su familia, cuando se enteró de su decisión de recorrer el eje central del país para pedir la devolución de sus aportes, lo tildó de loco y aunque no le apoyan, siempre están pendientes de lo que hace y le siguen a través de su Facebook, donde cada día cuenta sus experiencias.

En esta red social tiene una especie de diario digital.

“Lucho contra la locura y la desconfianza de las personas”, acotó.

Contó que en la carretera encontró poblaciones en las que la comunicación fue fluida con sus habitantes y en otras donde el idioma fue una barrera.

Un capítulo que recuerda con mucho pesar es cuando le hablaron en quechua y no supo qué responder, pero se esforzó para que le entiendan que su medida no tiene ningún afán político. 

En ese lugar, donde la gente fue reacia, le negaron un espacio en el que descansar, pero en la mañana le ofrecieron un vaso de chocolate caliente con sus tres panes. 

“Parece que se arrepintieron, pero yo les entiendo, eso no hace que me desmaye, sino me da más fuerzas para seguir”, dijo.

Confesó que, en un momento de su travesía, en medio de la oscuridad y en la soledad, se sintió devastado, pero su fe en Dios fue más fuerte.

Antes de estudiar para ser contador, entró al seminario, quería ser sacerdote, pero “una falda pudo más”.

En su familia es el único católico porque “nadie pudo cambiarme, tengo mis raíces bien fuertes”,

Se califica como un idealista, un soñador, una persona que odia la rutina, que no planifica, que las cosas le nacen, “es algo innato” y, principalmente, libre.

Su mayor referente es Ghandi, quien llevó adelante una lucha pacífica para conseguir la independencia de la India. Practicó la desobediencia civil no violenta. Además de pacifista, fue político, pensador y abogado hinduista indio.