Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 19 de octubre de 2021
  • Actualizado 17:18

EL PASO DEL CONFINAMIENTO AL RELAJAMIENTO

COVID-19 deja en 5 meses más del doble de casos que en 2020

Desde marzo de 2019, las familias suplicaron por plasma y hoy sufren por la escasez de oxígeno medicinal. Las nuevas autoridades intentan aplacar la situación.
Fila de personas que buscan recargar los cilindros de oxígeno.        DICO SOLÍS
Fila de personas que buscan recargar los cilindros de oxígeno. DICO SOLÍS
COVID-19 deja en 5 meses más del doble de casos que en 2020

Bolivia vive 15 meses de pandemia por el coronavirus COVID-19, tres olas y bordea los 350.000 casos y 14.000 muertes.

En este tiempo, se pasó de un duro confinamiento, en la gestión de Jeanine Áñez, a un plan que con Luis Arce prioriza la detección temprana de contagios, la vacunación y la coordinación.

Mientras tanto, la población mostró relajamiento en el cumplimiento de las medidas de bioseguridad, que se ve reflejado en el incremento de los casos que han llevado al país a su pico más alto.

En los cinco meses de este año, se tiene el registro de más del doble de los casos, en comparación con los 10 meses del año pasado.

Esta gestión, hubo 182.941 contagios mientras que, en 2020, desde el inicio de la pandemia hasta el 31 de diciembre, fueron 160.124.

Esta situación también se atribuye al ingreso de nuevas variantes (británica y brasileña) y las cargas virales de las mismas.

Entre tanto, una vez más, se asoma la sombra de la escasez de los medicamentos, la falta de personal médico y el colapso de los crematorios en algunas regiones.

El colapso de los hospitales y centros médicos públicos y privados es el común en estas tres olas y las autoridades subnacionales, así como el Gobierno, apuran tareas de coordinación para garantizar la atención que la población que ya siente esta crisis sanitaria.

LA SITUACIÓN La expresidenta Áñez en los primeros tres meses de la pandemia emitió 43 decretos supremos para contener el virus y contrarrestar sus efectos. En ese mismo tiempo, con Arce, fueron cinco normativas referidas a la COVID-19.

La primera ola alcanzó su pico más alto de contagios con 2.036 el 18 de julio. Su daño mayor se prolongó por los meses de junio, julio y agosto.

En la segunda etapa, que culminó en el mes de abril, el récord se fijó en enero. El incremento de casos se atribuyó a la falta de control durante las fiestas de fin de año. La cifra más alta se registró el 27 de enero con 2.866 positivos.

La tercera ola comenzó a causar alarma. Los casos se dispararon y superaron la barrera de los 3.000 diarios. El 6 de mayo fueron 3.618 personas que dieron positivo a COVID-19. 

Una de las proyecciones de los profesionales de salud es que la meseta más alta se dé en los próximos días, es decir hasta fines de mayo, y en junio comiencen a bajar los contagios, pese al inicio del invierno.

PRIMERA OLA La idea de que la enfermedad mortal llegue al país era lejana hasta que se reportaron los dos primeros casos, en marzo de 2020. El Gobierno de Áñez no dudó y dictó las medidas de confinamiento con cierre de fronteras y suspensión de vuelos internacionales y nacionales.

El miedo comenzó a cundir y pobladores de zonas cercanas a los centros médicos se dieron a la tarea de impedir el ingreso de los enfermos con el virus. Se sumó la especulación en la venta de medicamentos y la alta demanda de plasma hiperinmune para los enfermos con COVID-19.

Las redes sociales se inundaron de súplicas de familiares por la sangre de quienes ya contrajeron el virus e incluso se buscó impulsar su donación a través de incentivos. 

La crisis sanitaria también se reflejó en la falta de equipamiento, insumos, personal de salud y espacios para la atención, además de muertos en las calles.

Ante esta situación, la población se dio modos para enfrentar la pandemia usando hierbas medicinales y dióxido de cloro, por ejemplo.

En busca de reactivar la economía se entregaron los bonos Canasta, Familia y Universal.

La política se inmiscuyó en la pandemia y derivó en la suspensión de las elecciones generales. El conflicto social derivó en los bloqueos de caminos que impidieron el paso de oxígeno medicinal y se atribuyó a esto la muerte de algunos pacientes.

En esta primera ola, cuando se ponía a prueba la capacidad del Gobierno, se destapó un escándalo de corrupción por la compra con sobreprecio de casi 500 respiradores de procedencia española y china. 

También se delegó las decisiones sobre la flexibilización de la cuarentena a las gobernaciones y los municipios que, en algunos casos, mantuvieron el encapsulamiento.

SEGUNDA OLA Estuvo marcada por las tensiones políticas y un giro en las estrategias de contención. 

Con el nuevo Gobierno, tras la elección de Luis Arce, del Movimiento Al Socialismo (MAS), como Presidente del país para los próximos 5 años, la primera medida fue entregar el Bono Contra el Hambre. Ante el incremento de los casos, diferentes sectores pidieron aplicar una nueva cuarentena, pero hubo resistencia a ella.

Diciembre marcó una inflexión con la segunda ola que se extendió durante enero y febrero que dejó el pico más alto de estos 15 meses. 

La pandemia no dio tregua. La esperanza se puso en las pruebas para detectar el virus y las vacunas. En enero llegaron las primeras 20.000 dosis de la rusa Sputnik V y, un mes después, las 500.000 de la china Sinopharm que fueron aplicadas, en primera instancia, al personal de salud y luego a los enfermos crónicos.

Arce no estuvo libre de conflictos sociales. Los médicos rechazaron la Ley de Emergencia Sanitaria, por falta de consenso, y desarrollaron un paro de labores. Aún no hay solución y se anticipan más medidas de presión.

TERCERA OLA Esta etapa se caracteriza por el reforzamiento de la vacunación masiva con miras a alcanzar en este mes a la cuarta parte de la población vacunable. También se prepara para traer más dosis tras gestiones con diferentes empresas.

El Gobierno, a su vez, impulsa una campaña internacional por la liberación de las patentes.

Por otro lado, fue en mayo que el Gobierno confirmó la presencia de la variante brasileña P.1 y más antes se alcanzó a verificar el ingreso de la variante británica.

Se hace más común en las redes sociales los pedidos de información sobre oxígeno medicinal y los cilindros. También se puede ver pedidos de colaboración económica e invitaciones para asistir a kermesse, en busca de recaudar fondos y cubrir los gastos médicos de los enfermos.

El 13% de los muertos de 2020 fue por la pandemia

Las muertes por la pandemia del coronavirus COVID-19 representan el 13% del total de la mortalidad del país.

La cifra más alta de decesos reportados por el Ministerio de Salud fue de 102 el 2 de septiembre del año pasado. 

Las proyecciones de población del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) de 2020 reportan 72.635 defunciones y para este año se proyecta que disminuyan y lleguen a 72.5050, siendo la tasa bruta de mortalidad x 1.000 de 6.22%.

Hasta ahora, la pandemia dejó un total de 13.780 muertes; los primeros 10 meses fueron 9.165 y los 5 meses de este año alcanzaron a 4.615 hasta el jueves.

Según el Ministerio de Salud, en la primera ola, la tasa de letalidad alcanzó el 6.2%, mientras que la segunda llegó a 2.6% y esta última a 2%, tres veces menos que en 2020.

Actualmente hay un promedio de entre 80 y 90 muertes cada día.

El ministro de Salud, Jeyson Auza señaló que, de acuerdo con un informe de la Organización Mundial de la Salud/Organización Panamericana de la Salud (OMS/OPS) y la Universidad John Hopkins, Bolivia registra la cifra más baja de casos de fallecimientos con relación a países vecinos como Argentina, Chile, Paraguay, Brasil y Perú.

El mes de julio hubo descontrol por las muertes. Personas con síntomas de COVID-19 quedaban por horas en las calles sin vida y en los domicilios se daba la misma situación. 

Los protocolos para el manejo de los cadáveres no se cumplían a cabalidad. La Policía, el personal del Servicio Departamental de Salud (SEDES) y el Instituto Departamental de Investigaciones Forenses (IDIF) no lograban ponerse de acuerdo cuando se daban estos casos.

Se sumaron las funerarias que rechazaron la atención de los cuerpos de fallecidos por COVID.19 argumentando que no cuentan con las garantías biológicas y sanitarias.

El protocolo para el manejo y disposición de cadáveres, establecido por la OMS/OPS, puede ser adaptado de acuerdo con costumbres culturales, pero prohíbe el rito del velatorio, informó el representante del Organismo internacional para Bolivia, Alfonso Tenorio, el año pasado.

"Los protocolos de la OMS/OPS son dados a los países para que hagan sus adaptaciones culturales, pero también jurídico-normativas, lo que el Ministerio de Salud de Bolivia ha tomado nos parece apropiado, los cuerpos se pueden enterrar o cremar, la recomendación es no hacer velatorio lo que la OMS/OPS va a hacer siempre es respetar las condiciones del país", señaló en ese entonces.

El documento también recomienda prohibir el acercamiento de la familia al cuerpo, pero si lo solicitan antes del embalaje, pueden hacerlo no más de dos parientes. Entre los requisitos está el vestir equipos de bioseguridad y no podrán estar más de cinco minutos a una distancia no menor a dos metros. Tampoco se permite el contacto físico y se prohíbe velar el cuerpo.

El cadáver debe ser embalado y transferido lo antes posible. No puede sobrepasar las 12 horas tras el fallecimiento.

La guía recomienda no realizar autopsias a fallecidos por coronavirus porque existe un mayor riesgo de infección por contacto con material infecto-contagioso. Si es necesario que se realice, se exigen indicaciones médico legales bien fundamentadas.

El objetivo de este protocolo es establecer acciones para el personal de salud, las fuerzas de seguridad, servicios funerarios y personal en general para prevenir el riesgo de contagio y propagación de la enfermedad mortal.