Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 02 de diciembre de 2021
  • Actualizado 15:32

El Boeing 727-200 del LAB accidentado es ahora parte del paisaje de la Amazonía boliviana

Para los 150 pasajeros de la aeronave, el 1 de febrero de 2008 significa más que un día, casi todos volvieron a nacer y celebran todos los años como un segundo cumpleaños.

El avión siniestrado en la selva de Trinidad.
El avión siniestrado en la selva de Trinidad.
El Boeing 727-200 del LAB accidentado es ahora parte del paisaje de la Amazonía boliviana

En la carretera Trinidad-La Loma, a unos 15 kilómetros de la capital de Beni, están los restos del avión del Lloyd Aéreo Boliviano (LAB), un Boeing 727-200, que cayó a tierra el 1 de febrero de 2008.  Fue la primera aeronave boliviana que se precipitó por falta de combustible en pleno vuelo. El segundo fue un avión Avro RJ85 de la empresa Lamia, el 8 de noviembre de 2016, cuando recorría la ruta de Santa Cruz a Bogotá.

El aparato de la legendaria aerolínea LAB, la empresa más importante de la historia de la aeronavegación en Bolivia, se encuentra aún en la selva, en un recóndito punto de Trinidad, donde el espeso bosque devora en semanas todo lo que encuentra en su camino. Sin embargo, el avión está intacto, excepto los daños materiales ocurridos en el siniestro, como los trenes de aterrizaje que se encuentran a varios metros del lugar.

A 13 años del accidente, la estructura de aluminio del avión se mantiene erguida y contrasta con el paisaje verde de la Amazonía boliviana. Las enormes letras azules de LAB en el avión se mantienen visibles, pero carcomidas por el tiempo y la extrema humedad de la zona.

El avión está desmantelado y casi todos los equipos valiosos fueron retirados de la aeronave. Las tres turbinas, los tableros electrónicos y los asientos fueron evacuados a Cochabamba, seguramente para ser utilizados como repuestos.

El Boeing 727, matrícula CP-2429, del LAB trasladaba a 150 pasajeros desde La Paz a Pando, pero la falta de combustible obligó al piloto a desviar su vuelo e intentar aterrizar en el aeropuerto “Teniente Jorge Henrich Araúz”, en Trinidad, Sin embargo, cuando faltaban ocho kilómetros para tocar la pista, el jet fuel se agotó y la aeronave fue cayendo metro a metro hasta impactar en la tierra.

Para los 150 pasajeros de la aeronave, el 1 de febrero de 2008 significa más que un día, casi todos volvieron a nacer y celebran todos los años como un segundo cumpleaños.

Contra todas las escalofriantes estadísticas mundiales de accidentes aéreos, este siniestro terminó con 148 pasajeros ilesos y dos leves heridos. Milagro o no, todos terminaron espantados y aterrorizados. Muchos se arrodillaron y extendieron sus manos para agradecer a Dios el feliz desenlace.

Además, este accidente fue afortunado porque al mando de la aeronave estaban dos experimentados pilotos. La pericia y el alto nivel de profesionalidad de los profesionales evitó un desenlace fatal.

Hoy, la nave está abandonada y destruida, como todos los aviones accidentados, su rostro tiene presencia, pero solo en la historia, y al igual que el LAB, es parte del pasado.