Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 24 de junio de 2021
  • Actualizado 10:49

BBC Mundo recuerda a Boris Miranda, uno de los periodistas "más destacados de su generación"

Boris Miranda, el periodista paceño en la sala de redacción de BBC Mundo en Miami. BBC Mundo
Boris Miranda, el periodista paceño en la sala de redacción de BBC Mundo en Miami. BBC Mundo
BBC Mundo recuerda a Boris Miranda, uno de los periodistas "más destacados de su generación"

Lo que más llamaba la atención cuando uno conocía a Boris Miranda no era su aguda capacidad periodística, ni su amabilidad de gigante bueno, su amor por las empanadas salteñas o su desvarío por el Club Bolívar.

Lo primero que sorprendía del periodista paceño y colega de BBC Mundo, que falleció este domingo en Miami, era su irrevocable vocación de servicio.

Cada vez que uno pensaba en alguien que le pudiera dar una mano en las tardes más apretadas de publicación, la primera imagen que llegaba era su rostro juvenil dispuesto a entregarse en la misma batalla contigo. Siempre con un "sí, claro".

A las pruebas nos remitimos: cada tanto a sus amigos en Facebook o a sus seguidores en Twitter nos llegaban notificaciones de colegas suyos agradeciendo una aparición en un seminario, un análisis desinteresado sobre la realidad política boliviana -una de sus grandes pasiones- o, en el caso más personal, una generosa e ilimitada lista de contactos para cubrir cualquier historia que ocurriera entre Miami, la Colombia que lo tuvo de corresponsal unos años y su amada Bolivia.

Un periodista de la calle

Tal vez esa inclinación irredimible de servicio haya sido lo que lo llevó dedicar su vida al periodismo.

Boris fue de esos reporteros que se come la suela de los zapatos. El que se curte la piel por el sol o se empapa si el día es de lluvia. El que desborda libretas con apuntes hechos a mano.

Nació hace 37 años en La Paz. Hijo del periodista Iván Miranda, quien tristemente falleció a principios de este año debido a la pandemia de COVID-19, creció entre artículos, entrevistas y análisis.

Comenzó su andar periodístico en el diario La Prensa en 2008. Después hizo parte del equipo fundador, uno de sus grandes orgullos, de Página Siete, en el que estuvo desde 2010 hasta 2013. En 2015 se integró al equipo de BBC Mundo.

Su trabajo en Bolivia lo llevó a escribir dos libros: "La mañana después de la guerra", sobre la crisis política que sacudió a su país en 2008, y "La última tarde del adiós", una crónica sobre la caída del expresidente Gonzálo Sánchez de Lozada en 2003.

Esos libros y decenas de artículos lo llevaron a ser considerado por varios de sus colegas bolivianos como el "mejor periodista de su generación", como repiten muchos en sus mensajes de adiós, y a recibir varios reconocimientos por su trabajo.

Además del milimétrico conocimiento de su país, el narcotráfico en América Latina también se convirtió en una de sus áreas de especialización, lo que lo llevó a ser referencia de otros periodistas que buscaban una fuente confiable sobre este tema.

Un ejemplo de ello fue su aparición en el documental "Amazonas clandestino", de Netflix, para el que fue entrevistado por el periodista español David Beriain.

Miami y Colombia

Carolina Robino, directora de BBC Mundo, recuerda el día que le hizo la entrevista de trabajo a Boris para un puesto en nuestra oficina de Miami.

"Ya tenía una mochila de experiencia y un libro publicado y, sin embargo, no tenía ínfulas de grandeza. Ninguna. Con su perfil bajo, dispuesto a darlo todo y a aprender, Boris se fue haciendo su lugar en la redacción y luego como corresponsal en Colombia", anota.

A todos los que lo conocimos nos quedó claro que su mayor aspiración, su condecoración favorita, su honóris causa predilecto es que lo llamaran periodista.

En BBC Mundo se destacó no solo por su bagaje de conocimientos adquiridos en las redacciones bolivianas, sino por la avidez por incorporar nuevas herramientas a su trabajo.

Una muestra de su profesionalismo la dio el día que murió Fidel Castro, el 25 de noviembre de 2016.

Era la medianoche, su turno se encaminaba hacia el final y en la redacción estaban solos, Boris y otra compañera, Antía Castedo, cuando comenzó a circular el rumor de la muerte del líder cubano.

Solos y a contrarreloj, luego de confirmar la noticia pasaron varias horas escribiendo, corrigiendo y publicando material de la muerte de Castro. Cuando terminaron, Boris no se fue a descansar sino que se marchó directo a cubrir lo que estaba pasando en las calles de Miami aquella madrugada.

Con ese talento llegó a la corresponsalía de Colombia en 2017, donde no se guardó una gota de sudor para cubrir un país que acababa de salir de un conflicto de 50 años, tras la firma de los Acuerdos de Paz.

A esa capacidad de entrega, se le sumaba una alegría ilimitada. Siempre con Boris se brindaba, siempre había charlas largas, de esas con risas y anécdotas que van cobrando vuelo con los años.

Y siempre, claro, su pasión desbordada por el fútbol.

Varios colegas recordamos una tarde, después de una agotadora jornada laboral, en que comenzamos a hablar sobre cosas absurdas que, como hinchas, habíamos hecho por nuestro equipos.

Cuando llegó el turno de Boris, se levantó y con el orgullo que solo le producía La Academia, relató la odisea de su viaje desde Miami a La Paz con regreso el mismo día solo para ver campeón a su querido Bolívar.

Él era así: lo que podía resultar inconcebible para muchos, para él era algo natural, porque la pasión no tiene límites.

Ahora que todos hemos conocido la noticia de su muerte, vemos cómo los homenajes abundan, las palabras de admiración se multiplican y no dejan duda de la gran persona, colega y amigo que fue Boris.

"Amigo querido, nada de lo que pueda decir acá es más importante que tu vida y que tu brillo. Que sepas que gracias, que te quiero, que te voy a buscar, y que va ser una huevada no encontrarte. El capitán eres tú, no me voy a olvidar", le escribió uno de sus amigos en el muro de Facebook.