Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 03 de agosto de 2021
  • Actualizado 16:04

NO LE HICIERON CASO

Airado reclamo de ministro Arias a una reunión de dolientes causa alboroto en Laja

Fuera de sí, el ministro de Obras Públicas advirtió a las personas reunidas que vulneraban la cuarentena y se exponían a contraer coronavirus.
El ministro Iván Arias discute con un comunario, en Laja. ERBOL
El ministro Iván Arias discute con un comunario, en Laja. ERBOL
Airado reclamo de ministro Arias a una reunión de dolientes causa alboroto en Laja

Vestido de terno, debajo una chompa negra, con las manos cruzadas hacia atrás y a paso cansino, el ministro de Obras Públicas, Iván Arias, se dirigió la tarde de este sábado a una concentración de dolientes y acompañantes, a donde ingresó lanzando un vehemente reclamo al observar que este grupo de personas se encontraba en una flagrante violación de la cuarentena total por el coronavirus.

Un intenso sol y vientos típicos del altiplano paceño acompañaron la osada incursión a una zona en la población de Laja, provincia Los Andes del departamento de La Paz. El ministro pudo entrar en su movilidad al lugar, pero prefirió caminar cerca de cien metros acompañado de las cámaras de televisión, para luego meterse en medio de las personas a las que, luego de darles las buenas tares, comenzó a gritar.

“¡Qué es esto señores! Hay cuarentena, saben lo que va a ocurrir…”, expresó. Luego de escuchar un primer reclamo de una voz que venía de atrás, Arias se volcó a buscar a la persona e increparla: “Señor, dígame algo, dígame; dime, qué me vas a decir”, gritaba a un hombre quien, portando una bolsa de coca, se acercó también a gritos a pedirle relaciones humanas.

“¿Qué cosa, qué me vas a decir? ¡Respete la regla!”, dijo el enfurecido ministro al hombre que trató de explicar que estaban de duelo. Esa reacción motivó un fuerte cruce de palabras, donde la autoridad quería hacer entender que cuando se muera algún familiar no lo iban a enterrar porque el gobierno lo mandaría a cremar.

Totalmente fuera de sí, con el dedo apuntaba a un grupo de personas a las que advertía que se estaban poniendo en peligro de contagio por el coronavirus.

Otro hombre le salió al paso, lo acusó de causar violencia y de llegar muy tarde a la tarea de prevención cuando debieron haberlo hecho en diciembre. “¡Quién es usted!”, gritó nuevamente Arias. “O sea, vengo a protegerlos y se enojan. Les vengo a decir que están poniendo en peligro la vida de esos niños y a las personas mayores”, continuaba esa autoridad.

El ministro pedía a las personas que se retiren del lugar después de cumplir con el entierro y se acercó a la familia doliente para explicarles que la cercanía entre las personas podía causar contagio. Otra persona más serena le decía que comprendieron el mensaje y lo invitaba a retirarse más allá y a controlar a los medios de comunicación que lo habían acompañado.

Arias se retiró sin lograr que la concentración se disuelva ante sus reclamos. Se fue escoltado de una persona de civil encargada de su seguridad y dos oficiales de Tránsito de la Policía Boliviana.

Bajo similares características en su andar, se acercó a una tienda abierta, golpeó con fuerza la plancha de una rejilla.  Un hombre salió de la puerta del garaje y recibió otro reclamo contundente: “Señor por qué no cierra su negocio”. “Está cerrado señor”, respondió el propietario. “Estoy ciego yo, por qué no respeta, tiene familia, tiene hijos pequeños. ¿Sabe qué? Cuando se muera su hijo usted no lo va a poder ir a visitar”, le advertía el ministro.

De igual forma se dirigió a un taller de llantas que casualmente era el mismo dueño de la tienda a quien le pedía a gritos cerrar el negocio sino quería que lo vaya a meter preso. Notoriamente molesto, Arias se retiró y a lo distancia señaló al grupo de dolientes a los que acusó de “cagarse” en las medidas de restricción.

En su calidad de Delegado Presidencial para el cumplimiento de la cuarentena en La Paz y Oruro, Arias junto a una delegación de otros ministros y el Gobernador Félix Patzi, cumplió este sábado una jornada de inspección en algunas ciudades intermedias y poblaciones rurales de La Paz. Hasta las poblaciones de Achacachi y  Huatajata todo era ejemplar, pero ese criterio cambió horas más tarde cuando visitó la población de Laja, donde el ministro no solo que repartió reclamos sino  también recibió gentilezas por su violenta incursión.