Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 16 de septiembre de 2019
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VAR contra los árbitros

VAR contra los árbitros
Juro que iba a escribir de otra cosa, de la Champions o de lo que fuere, pero no de la maldita Copa Libertadores de América. Me temía que esta semana acabaría mal para los clubes bolivianos: Wilster iba a visitar a Boca Juniors en la Bombonera, mientras que San José recalaría en el Maracaná para disputar ante el Flamengo.

Y pasó lo peor: el Rojo acabó goleado 4-0 y el Santo se trajo seis pepinos (perdió 6-1) para enterrar en la veta más insondable de su socavón. No hay mucho por decir. Ambas derrotas fueron merecidas e irrebatibles. Salvo que, aun sin necesitarla, recibieron la inestimable ayudita de los árbitros.

En el partido jugado el miércoles en la Bombonera, Boca fue abismalmente superior a Wilstermann de principio a fin, pero era incapaz de abrir el cerrojo del arco defendido por Pipo Giménez. Probablemente frustrado por no ver un golcito de los xeneizes, el árbitro Diego Haro (peruano) se dio el gustito de cobrar penal en la primera acción de forcejeo físico que hubo en el área de la visita. Es cierto que Silva metió la pierna a destiempo, pero la jugada solo podía cobrarse como falta si favorecía a un equipo grande y local. Una acción de esa naturaleza no se habría sancionado para un equipo chico, boliviano y visitante como Wilster. Ya ni modo: Benedetto pateó el penal, pero no contó con la ágil estirada de Giménez, que lo tapó. Aun así, el combinado cochabambino ya estaba afectado y nervioso: sabía que el partido había que jugarlo ante el rival y el árbitro. Una pésima cobertura de Aponte dio lugar al 1-0 de Reynoso. Nada que objetar.

No contento con su hechura, en el segundo tiempo, el referí se condolió de Benedetto y le regaló un segundo penal, más ficticio que el primero, que esta vez no falló. De ahí en más, los dirigidos por Portugal perdieron la poca resistencia plantada hasta entonces y facilitaron la goleada.

Contra el rival y el árbitro (Pedro Maza, de Chile) jugó también San José el jueves, en Río de Janeiro. Aunque, en rigor, fue el juez de línea el que dio la ayudita al Flamengo, al recomendar expulsar al defensa visitante Jorge Toco, tras una falta que el referí solo había sancionado con amarilla. De poco sirvió que los orureños empataran el encuentro aun estando con 10. La diferencia numérica desencadenó la llegada del segundo gol y, en el segundo tiempo, de los restantes cuatro. Flamengo mereció ganar, al igual que Boca, pero sus victorias dejan un regustro de injusticia por la colaboración inocultable de los arbitrajes. Tanto así que dan ganas de pedir que se apure la llegada del VAR a Sudamérica, no tanto para revisar jugadas polémicas como para desenmascarar decisiones arbitrales descaradamente cómplices con los mismos vencedores de siempre.