Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 16 de septiembre de 2019
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Lo que aún América no termina por comprender

Lo que aún América no termina por comprender
A pesar de que más de 50 países reconocen a Juan Guaidó como el Presidente legítimo de Venezuela, las sanciones petroleras impuestas por Estados Unidos, las protestas callejeras masivas y la peor crisis económica en la historia moderna, Nicolás Maduro persiste.

El poder de permanencia del Gobierno de Maduro ha confundido a la comunidad internacional, académicos, analistas y periodistas. La incapacidad de desentrañar la resistencia de un régimen autoritario muestra cuán políticamente ingenuos se han vuelto aquellos en democracias liberales.

Cuando la probabilidad de que Maduro pueda desafiar las expectativas y mantenerse en el poder durante mucho más tiempo se plantea en las reuniones con los responsables de la formulación de políticas en Washington o los financieros en Nueva York, a menudo incita a la ira o la incredulidad. En mi trabajo con Control Risks, una consultora global de gestión de riesgos, hemos alertado durante los últimos tres años y medio de que Maduro y su movimiento político chavista pueden aferrarse al poder durante más tiempo de lo que la mayoría de la gente piensa.

Suponemos que los dictadores sin fondos caerán rápidamente porque ya no pueden comprar la lealtad de la gente. Pero no entendemos que cuando el dinero escasea, regímenes inescrupulosos como los de Corea del Norte, Cuba y Venezuela utilizan el miedo y el terror para imponer la obediencia.

También nos gusta pensar que las dictaduras se balancean al borde del abismo debido a instituciones débiles y corruptas. Pero regímenes como el de Maduro alientan la corrupción como una manera de mantener leales a los codiciosos burócratas, y de tener algo que sostener sobre sus cabezas si se convierten en enemigos. Hay muchos ejemplos de corruptos leales a Maduro que fueron perseguidos cuando se volvieron contra el régimen.

Una idea errónea es que las personas hambrientas lucharán por su libertad e inevitablemente derrocarán a los regímenes. Los estudios demuestran que las personas que experimentan escasez de alimentos se enfocan en la supervivencia diaria. El hambre hace que sean más dependientes del Estado que las controla, tal como los venezolanos ahora son más dependientes de los alimentos de Maduro. Una ciudadanía maltratada cae en la “indefensión aprendida” y se vuelve más flexible y acobardada.

Cuando cae un régimen desagradable, también nos gusta pensar que los buenos toman el control. Si Maduro se va –especialmente después de una negociación–, una serie de chavistas que controlan las palancas del poder podrían llegar a la cima. Nadie renuncia al poder voluntariamente sin algo a cambio. Esto significa que los miembros del régimen aún podrían ejercer el poder de Maduro, probablemente compartiéndolo con miembros de la oposición de tendencia populista.

Para ayudar a los países a vencer a los gobernantes dictatoriales, la comunidad internacional primero debe quitarse los lentes teñidos de rosa. El pensamiento positivo casi se ha convertido en una ideología en los círculos de la política exterior (...).