Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 14 de octubre de 2019
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DE FRENTE

Tragedias invisibles

Tragedias invisibles
En toda sociedad existen temas de los que la gente, y mucho menos sus autoridades, desean hablar. Son problemas que prefieren ignorar o minimizar. Uno de ellos es el embarazo infantil del que se conoce muy poco, no obstante constituir un atentado a los derechos humanos básicos de millones de niñas alrededor del mundo.

Un estudio realizado en 14 países por el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (CLADEM) ha develado que, anualmente en el mundo, aproximadamente dos millones de niñas son madres antes de cumplir los 15 años. En la región latinoamericana y el Caribe, decenas de miles de niñas quedan embarazadas y son madres, mayoritariamente a consecuencia de abusos sexuales cometidos por familiares, personas cercanas a ellas o desconocidos. En varios países las niñas embarazadas son obligadas a llevar a término la gestación por imposición legal, dificultades para acceder a métodos seguros de interrupción o por presión social.

El poco interés de los estados para abordar el problema se refleja en la inexistencia de estadísticas precisas. En El Salvador, país que sí cuenta con estadísticas de embarazo forzado infantil, en 2013 se registraron 1.540 embarazos infantiles y solo dos tercios llegaron al parto. Y en México, de los 6.178 embarazos infantiles llegaron a parto solo entre un tercio y un quinto.

En general, las cifras del embarazo infantil forzado no aparecen porque se hallan mimetizadas entre las del embarazo adolescente (ocurrido entre los 15 y 19 años) en el que la incidencia mayor, a diferencia del embarazo infantil, es debido a la iniciación sexual temprana.

Las consecuencias del embarazo infantil resultan devastadoras para la salud física y mental de las niñas. El estudio señala que el riesgo de muerte materna para las madres menores de 15 años en países de bajos y medianos ingresos es el doble que el de las mujeres de más edad. Las niñas se enfrentan a mayores tasas de fístula obstétrica que las adolescentes. En cuanto a la salud mental, muchas niñas embarazadas o madres presentan cuadros de depresión, ansiedad y hasta intentos de suicidio.

Las consecuencias de la maternidad infantil son también sociales y económicas. El estudio señala que la mayoría de las niñas embarazadas tuvieron que dejar la escuela siendo muy bajo el porcentaje de las que retorna, lo que aumenta las posibilidades de vulnerabilidad económica.

Ojalá que en Bolivia empezáramos a mirar con mayor atención el problema.