Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 23 de septiembre de 2019
  • Actualizado 07:53

Tinku

Hace poco regresé de Virginia, EEUU, lugar donde residen muchísimos compatriotas. Tuve la suerte de tener un encuentro con la Fraternidad “Cultura Pachamama”, que, por gestión del orureño Gonzalo Alanes, me invitó a dar una charla sobre “Cosmovisión Andina: cultura quechua sin fronteras”.

La experiencia, más allá de lo fascinante que es compartir, este tema en particular, fue muy emotiva, pues fue un encuentro donde los asistentes adultos estaban con muchos deseos de que los jóvenes que nacieron en aquel país, conozcan sobre la cultura quechua. Curiosamente, una jovencita dijo que en Virginia conoció el significado de las danzas bolivianas, que ignoraba cuando vivía en Bolivia.

Una de las inquietudes manifiestas de los asistentes fue sobre las innovaciones de las danzas folclóricas, principalmente el referido a la vestimenta. No es de extrañarse que sientan preocupación, pues hay personas que sostienen una identidad arraigada en la memoria histórica y que se resisten a estos cambios. Sin embargo, la cultura es vulnerable y las innovaciones son inevitables.

Entiendo que es difícil aceptar cambios, pero estamos viviendo en tiempos y espacios vulnerables a la globalización y forzosamente suceden tales cosas. No obstante, si bien la cultura es un entramado de símbolos, creencias, rituales, formas de ser y de organización, se debe tomar en cuenta dos campos: de las manifestaciones y de las representaciones.

El campo de las manifestaciones se refiere a todo lo que se observa y que es material, como la artesanía, danza, música, rituales, vestimenta, comida, vale decir, todo lo que permite la interpretación de una sociedad. Y en este campo precisamente es donde se observa transformaciones aceleradas, en el que existen dinámicas de cambio.

El campo de las representaciones se refiere a aspectos más profundos, ocultos y encubiertos. Este campo es de los imaginarios, las cosmovisiones y de los significados simbólicos, el mismo que hace viable la creación de una forma de ser cultural, de un sistema de valores, ideas, sentimientos y da pie al sentido identitario, pues está sujeto a un proceso de historicidad de larga duración, porque se nutre de una raíz de ancestralidad que constituye la memoria colectiva.

Además, en este tejido de símbolos, la construcción de la identidad es dialéctica, flexible y dinámica y en interacción con otros grupos, se crean las diferencias o similitudes. Sin embargo, dicha construcción pasa primero por el autoreconocimiento que nos permite decir: así somos nosotros. De manera que el sentido de pertenencia cultural, tendrá que referirse al sentimiento de “ser parte de” una comunidad, pues tienen el mismo universo simbólico, la misma raíz histórica y, sobre todo, una particular visión de la vida. Así pues, en nuestra visión particular como culturas de tierras altas, será importante (por ejemplo) conocer el simbolismo de la chakana que se refiere a la cosmogonía andina. Entonces, la fuerza de una cultura está en el campo de las representaciones simbólicas, por eso será valioso queridos amigos de la Fraternidad Cultura Pachamama, que reforcemos lo simbólico para hacer frente a las innovaciones que nos induce la popular globalización. Con afecto a mis compatriotas en Virginia. Una llajtamasi.