Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 21 de septiembre de 2020
  • Actualizado 08:15

DIOS ES REDONDO

Pumari contra Camacho, el nuevo clásico

Pumari contra Camacho, el nuevo clásico

Estadio Ramón Tahuichi Aguilera. Santa Cruz de la Sierra. Domingo 1 de diciembre. Ingresan al campo de juego Marco Antonio Pumari y Luis Fernando Camacho. Ninguno de los dos va a jugar el clásico entre Oriente Petrolero y Blooming. Nada raro. Ninguno de los dos es futbolista, por más que sus nombres los desmientan. Pumari lleva el nombre compuesto de Etcheverry, uno de los mayores ídolos del fútbol boliviano. Y Camacho, a más de su guiño a las telenovelas mexicanas, lleva los nombres que remiten a dos jugadores españoles contemporáneos de El Diablo, Luis Enrique y Fernando Hierro. Mientras el cívico potosino rinde homenaje al Tío de la mina altoperuana; el cruceño “engorretado” invoca a los conquistadores ibéricos que saquearon la plata potosina. Tampoco se descarta que los nombres de Camacho aludan a la (de)formación mandibular de Luis Enrique y a la virulencia de la derecha con que Hierro golpeaba la pelota.

Ambos llevan la camiseta 21. En uno está acompañada de la F y en otro de la D. Si comparten el mismo número es porque se cree que ambos son del mismo equipo. Muchos los quieren del mismo equipo. Los clubes que los condecoran, antes de jugar a la pelota, los quieren juntos, al punto de que, sin mayor empacho, meten de contrabando en un evento deportivo un acto abiertamente político, cuasi partidario y electoral. 

Pumari y Camacho se prueban las casacas. Sonríen para jolgorio y espanto de la tribuna, dependiendo de quién ríe. Ninguno es futbolista, pero posan para los fotógrafos. Para calentar antes del juego emplean pititas en lugar de pelotas. Las despliegan con destreza y las manipulan con celeridad para saltar y arengarse entre sí. Mientras uno pregunta: ¿Quién se rinde?, el otro responde: ¡Nadie se rinde!. Y a la hora de saludarse, intercambian biblias en lugar de banderines. Cuando la ovación cede, salen del campo. Juntos.

Sin embargo, esa postal contemporánea de “la unión hace la fuerza” se desdibuja en los siguientes días. Camacho le pide a Pumari más velocidad para responder a sus pases. Le demanda más compromiso en el ataque conjunto. El potosino lo para en seco: le dice que no se desespere, que su juego depende de la coherencia con su base defensiva, que la compra definitiva de su pase aún está en “veremos”. Y así, el equipo ideal del 20/O comienza a resquebrajarse para devenir un desencuentro. Un choque. El nuevo clásico de esta Bolivia pitita: Pumari contra Camacho.