Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 08 de febrero de 2023
  • Actualizado 13:49

“Ñañitay”

“Ñañitay”
Gonzalo Viscarra Pando



La dulzura del quechua tiene expresiones que reflejan, sin eufemismos, la autenticidad de un pueblo sincero, abierto, franco, transparente y cariñoso, heredero de una riquísima cultura milenaria.

Una de esas acepciones quechuas es “Ñañitay”. Surgió espontáneamente hace pocos días en un simpático coloquio donde estuvieron presentes varios periodistas de las minas de Potosí y Oruro.

No sólo campesinos, sino también citadinos, utilizan esa bonita expresión quechua, refrescando implícitamente uno de los valores de nuestro patrimonio cultural que, afortunadamente en nuestro tiempo y en sus distintas manifestaciones, está siendo rescatado, revitalizado y practicado. “Ñañitay” es una expresión simbiótica de afecto, hermandad, sinceridad, y sobre todo, de amor por el prójimo. Ese valor nos demuestra que las empobrecidas sociedades nativas, fueron y siguen siendo las portadoras de realizaciones culturales milenarias e irreversibles. Los indígenas de tierras altas y bajas, no anidan resentimientos ni rencores, como contrariamente insiste la clase privilegiada alienada. Sociedades originarias como las nuestras, desconocen la hipocresía, la vanidad, el odio y la venganza. Hay que convivir con ellos para conocerlos. Quienes no los conocen son enemigos del todo lo que es pluricultural y multiétnico. Satanizan su accionar. Hablan de ellos con desprecio, sin darse cuenta que son lo más auténtico que tenemos en capital humano. Una diputada de “Podemos” decía que los campesinos llegaban a Cochabamba para reeditar violencia contra los citadinos. Que eran grupos de choque pagados, etc, y, como si fuera dueña de la ciudad, contradictoriamente, les daba la bienvenida. Eso, además de hipocresía es disociación. Lo que debemos propender es despojarnos de nuestra condición social que nos separa, contribuir a una convivencia plena entre todos. Admitir que llegó el tiempo del cambio. Que es hora de pagar la ancestral deuda social que tenemos con nuestros indígenas y restaurar, sin odios ni revanchas, ese tejido social que los agentes de la aculturación y del racismo, lo hicieron pomada con su intolerancia. Recuperemos nuestros valores primigenios y aceptemos que vivimos un proceso de reconstrucción de nuestro pluralismo cultural.



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Gonzalo Viscarra Pando es periodista y escritor.