Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 25 de enero de 2021
  • Actualizado 03:19

Milicias armadas en Bolivia y paralelismo

Milicias armadas en Bolivia y paralelismo
Hay quienes dicen que en determinados procesos revolucionarios o cuando menos en los que a decir de sus protagonistas son considerados tales, se registran siempre etapas cíclicas en la historia de los países. Otros de manera directa, afirman que la historia se repite o tiende a calcarse incluso en sus éxitos y en sus fracasos y que éstos últimos resultan siendo los más.


Los que defienden estas posturas aseguran que en los procesos revolucionarios no hay nada que inventar, principalmente en aquellos que persiguen la toma del poder político y económico del país y que en medio de esto no encuentran metas claras y menos aún principios que demuestren objetivamente que esas revoluciones son para consagrar principios de liberación y de mejorar las condiciones de vida de grandes segmentos de la población.


Cuando los últimos días la población boliviana ha conocido que en cuarteles de las Fuerzas Armadas se están entrenando a civiles supuestamente para la formación cívica y para proteger a la patria, se podría aceptar paralelismo con lo que ocurrió en la revolución del Movimiento Nacionalista Revolucionario del año 1952. El Gobierno del presidente Paz Estenssoro mediante Decreto Supremo de 12 de junio de 1954 creó el “Servicio de Seguridad Rural” para la ejecución de la Reforma Agraria, para que una fuerza especial, compuesta por civiles reservistas conformen una milicia armada, con jurisdicción departamental, con asiento en las capitales de departamento y con la misión de acudir a los lugares donde fuere necesaria su presencia y a petición expresa y motivada de los jueces agrarios. Tenían la misión de preservar el orden y la tranquilidad y resguardar las garantías personales y reales en el campo, ejecutar por la vía coactiva los mandamientos, sentencias y resoluciones de los tribunales y autoridades. En realidad las milicias armadas del MNR se encargaron de llevar a la práctica, mediante la vía armada, la confiscación de las tierras y feudos en manos privadas y entregarlos a los campesinos.


Puede o no que exista paralelismo con la formación de milicias que están siendo propiciadas por el actual Gobierno. La gran pregunta es ¿para qué? La respuesta hasta ahora nadie la ha brindado, a no ser afirmaciones y balbuceos que confunden y atemorizan a la población. En el supuesto de que el Gobierno tenga un objetivo claro, incluso hasta cívico, ¿estaría en condiciones de normar el funcionamiento de estos grupos mediante un decreto como aconteció en la revolución de 1952?


¿Quién ha decidido en la actual circunstancia, la preparación armada, cívica y de adoctrinamiento de civiles en los cuarteles? ¿Es el Presidente del Estado Plurinacional como capitán general de las FFAA? y si es así ¿cuáles son los objetivos? Si es para defensa de la patria ante peligros internos y externos, no son suficientes los militares?


Las milicias movimientistas fueron el instrumento político armado para instaurar un régimen de desconfianza, terror y persecución entre los opositores políticos del régimen y población en general, y al final terminaron en enfrentamientos sangrientos entre campesinos, como los ocurridos entre Cliza y Ucureña.


Alguien tiene que brindar una explicación racional ante la población respecto al entrenamiento militar de civiles en cuarteles de La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y que se extenderá a otras unidades militares del país. Alguien debe asumir la responsabilidad constitucional de esta orden, de los gastos presupuestados, de sus consecuencias en la vida nacional y democrática del país y sobre todo de lo que puede significar para la paz pública.