Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 24 de septiembre de 2021
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Los indignados

Los indignados
Reza la vieja profecía que la aurora de un nuevo orden mundial vendrá de la mano de la gente común. La historia de la sociedad humana, se caracteriza por las diversas revoluciones surgidas al calor del hastío ante la injusticia y la soberbia. No hace falta erudición alguna para saber que lo que la gente quiere y busca, sin distinción de tiempo, raza, credo y color, son oportunidad de trabajo, libertad de vivir y calidad de vida. Poco o nada le importan las ideas políticas, vistas más como versos sin sentido a la hora de solucionar sus problemas. El mal, no está en las ideas o la forma que revistan; el mal, se halla en quienes las usan para el provecho personal o de una minoría, algo que repugna e indigna.

Todo cambio nace al seno de la juventud. Aún queda en la memoria -de los no tan jóvenes, la contundente movilización de mayo del ‘68, que unió a estudiantes y trabajadores en contundente manifestación cansados de un creciente capitalismo que se avizoraba desmedido y cruel. Las injusticias sociales, surgen de la ambición sin límites de minorías inescrupulosas que no dudan en explotar al pueblo con tal de mantener su status y acaparar mayor riqueza.

Para ese momento, la inspiración vino de la revolución cubana - cuando todavía el socialismo y la izquierda eran utopías a creer-, de la cruenta oposición a la Guerra del Vietnam y de la revolución cultural que se extendía a pasos agigantados. Han pasado más de cuarenta años de todo ello y la situación no ha variado mucho. ¿Qué sucedió? Sucedió que la utopía izquierdista suplió a la derecha y el pueblo cayó en cuenta que no son las ideas, son los hombres. Sucedió que la ambición seguía siendo la misma y la corrupción ilimitada para saciar tal sed. Sucedió que en la pulseta entre lo ideal y lo práctico, el pueblo fue perdiendo su derecho a la réplica porque la izquierda conoce muy bien ese poder. A la protesta, entonces, se le ha puesto mordaza y a la revolución, nombre. Y las promesas de un mundo socialista justo, libre y soberano, han quedado hundidas en el lodazal del engaño y la violencia, impregnadas de la misma ambición de poder y lucro. ¿Dónde correr?

La indignación de la gente crece y son los jóvenes quienes se atreven a movilizarse. No conciben un mundo que no les depara futuro alguno. Sin tinte político, sin estrategias, ni líderes vociferando consignas, se rebela; sin ideales ni promesas de cambio, como tampoco buscando revolución alguna que no suele llegar a buen término.

Sólo indignación ante lo injusto y opresivo del sistema con todas sus instituciones incluidas. La crisis económica y financiera ha demostrado que el sistema no está dispuesta a ceder y miles de personas han perdido sus casas, estranguladas por quienes fueron los culpables de la debacle y debieron afrontar las consecuencias de sus actos. Los despidos siguen a la orden del día y la política y sus politiqueros no son referente alguno de solución. Se busca entonces un fin al sistema y entra en estertores.

En sus últimos aletazos, los políticos –de diversos tintes- quieren llevar a su terreno este creciente movimiento sin poder lograrlo. Olvidan que el pueblo perdió su inocencia gracias a un sistema que se hunde junto con sus utopías e ideales políticos.

Entonces, hay que prepararse, una nueva “polis” está por iniciar.