Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 11 de diciembre de 2019
  • Actualizado 13:40

Lejano mar

En política exterior no se puede ser incoherente. La principal contradicción, no solo de este, sino de todos los Gobiernos precedentes, ha sido confundir políticas de Estado con políticas de Gobierno, de ahí que unos hayan pretendido multilateralizar el diferendo con Chile y otros bilateralizarlo ¿Cuándo se asumirá una posición definitiva?

Si bilateralmente, no ha podido ser resuelto en 132 años, ¿qué hace pensar que tendrá resultados en el futuro? Si los Gobiernos chilenos dicen que “nunca” negociarán con Bolivia una solución que suponga la cesión de soberanía ¿por qué seguir con el diálogo bilateral? Ningún Gobierno chileno aceptará que su país sea dividido por un corredor soberano de otro país. Aunque resulta absurdo el argumento, la alternativa de un comodato, en territorio que fue boliviano, no rompe la continuidad territorial de Chile, el tráfico de personas y de mercadería puede seguir realizándose libremente. Pero, aun si concediera una salida exigirán compensaciones territoriales e impondrán condicionamientos. Ambos hipotéticos acuerdos requerirían una consulta popular en Chile como en Bolivia, y se puede vaticinar su rechazo.

Si el único corredor posible con soberanía, es a través de la actual frontera entre Chile y Perú, entonces ¿por qué no se trilateriza la solución? ¿Por qué se prescinde del Perú? ¿Por qué presionamos a Chile a que unilateralmente desconozca el Tratado de 1929? Como nunca se consultó al Perú si quiere un corredor para Bolivia en su frontera, debemos estar preparados para que vuelva a empantanar las perspectivas de una solución, pues Perú nos cedió el “despreciado” puerto de Ilo, y ahí termina su solidaridad. Además, un corredor al mar a través de territorios que pertenecieron al Perú, podría motivar el pedido de una compensación a Bolivia.

La alternativa menos costosa, pero no expedita, es la multilateralizacion del conflicto. El tema ya tiene el respaldo no solo de la OEA, sino también de la ONU. Esto significa retornar a la estrategia de la denuncia “integral”, en todo escenario internacional en los que el lobby boliviano plantee su demanda marítima invocando la solidaridad internacional para presionar a Chile con efecto demoledor. Sin embargo, la OEA es puro poema burocrático internacional. Como sus resoluciones no son vinculantes, es incapaz de hacer cumplir sus propias resoluciones y menos aun nos defenderá en “casus belli”. Bolivia debe elegir entre continuar con el diálogo infructuoso o ser pragmáticos, pues ¿qué sentido tiene bilaterizar, trilaterizar o multilaterizar la negociación con Chile para lograr un acceso al mar sin atisbo de soberanía? ¿Se justifica el tiempo y el esfuerzo de la negociación para obtener algo que ya tenemos en IIo, y sin compensaciones?