Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 19 de noviembre de 2019
  • Actualizado 05:11

¿Cuánto vale la vida de una mujer?

¿Cuánto vale la vida de una mujer?
¡Al parecer NADA!

La muerte y la injusticia nos asedian como si fuéramos presas impotentes de una hambrienta fiera en medio de la selva.

Víctimas de violencia en la calle, en la casa, en el trabajo, en los pesados sistemas de salud, o en los entuertos que tienen los mecanismos judiciales y policiales, casi siempre nuestras denuncias y reclamos quedan en la impunidad. Somos re-victimizadas, muchas veces culpabilizadas y nuestra vida devaluada a cero.

Este desalentador panorama, me retrotrae a un pasaje bíblico en el Evangelio de Lucas 8:40-56, donde Jesús en medio del tumulto que le da la fama, se aleja de ese destello aturdidor que puede inflar egos, y se enfoca en dos necesidades, primero en una mujer que por 12 años había sufrido de hemorragias y luego en una niña enferma que ya había muerto.

Para una sociedad patriarcal y adulto-céntrica como la que rodea el contexto histórico de este pasaje, la primera era una mujer “impura” y, por ende era hasta una afrenta que se haya expuesto en público; la segunda una niña que para ellos carecía de importancia. Y como ya estaba muerta, también era “impura”.

La acción de Jesús le da un revés a ese sistema podrido y devaluador del ser humano donde la mujer no valía ni contaba. Jesús no solo sana a la mujer aislada y repudiada como si fuera culpable por sus hemorragias; sino, además, contra todo pronóstico resucita a la niña muerta, maravillando a unos, y causando molestia a quienes querían que nada cambie en ese sistema deshumanizante que los engordaba y privilegiaba.

Esa y otras escenas similares –que muestran las opciones preferenciales de Jesús por las pobres, las marginadas, las ignoradas– hacen que su Evangelio se contraponga a un grotesco sistema de leyes farisaicas, esta vez con explícitos valores éticos de un nuevo orden que priorice al ser humano y se fundamente en un “ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Ahora que entramos en una etapa electoral, ¿habrá alguien a quien realmente le importe la vida de nosotras las mujeres? ¿Alguien que quiera salir de las amarillas y viejas páginas de la ley y encarnarlas en acciones concretas a favor nuestro? ¿Alguien que atienda nuestro clamor de “ni una menos” y resucite nuestras esperanzas marchitas y agotadas de tanto clamar?

¡No lo sé!