Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 12 de diciembre de 2019
  • Actualizado 07:19

DESDE EL CUARTO PROPIO

Escalada de violencia

Escalada de violencia
Estamos viendo una escalada de violencia contra las mujeres en el país, no solo en número, sino también en crueldad. Muestra de ello es que el 2018 cerró con un saldo de aproximadamente 100 feminicidios, entre los que cuentan el de una mujer trans, el de una mujer asesinada con 33 puñaladas y el tristemente célebre caso de violación colectiva (La Manada boliviana). El inicio de 2019 fue aún peor, solo el 1º de enero se registraron cuatro feminicidios.

Aunque no de manera textual, Rita Segato, una de las estudiosas de la violencia machista más lúcidas de nuestra región, plantea que nos encontramos en un momento de “dueñidad” en el que aparecen “figuras dueñas de la vida y de la muerte”. Al mismo tiempo se refiere a la violencia sexual como un crimen de poder, que no es comparable a otros crímenes, pues se trata de mostrar la dominación, la punición. Es entonces un acto moralizador, aleccionador en el que no solo participa el perpetrador, sino la sociedad en su conjunto y los valores que la sustentan.

Eso es probablemente lo que hemos visto en los casos antes mencionados, ya que en su difusión pública lo que se ha cuestionado es el comportamiento de las víctimas y puesto en duda sus palabras, y no los actos violentos de los agresores y violadores. En el caso de la mujer trans, se argumenta que ella habría provocado la agresión al responder a los insultos que se le proferían; en el feminicidio la mujer, estaba bajo sospecha de ser infiel y, por tanto, habría merecido el castigo; en el caso de la violación colectiva, se critica que ella haya consumido drogas y que estuviera “sola” aún cuando se encontraba con cuatro amigos desde la infancia. Pareciera una guía de comportamiento para las mujeres que quieren evitar la violencia.

Los ojos de los medios de comunicación buscan desesperadamente las causas y se niegan a reconocer que es una sociedad que naturaliza la violencia machista contra las mujeres y las condiciones materiales en que se reproduce el patriarcado. Ni las drogas, ni el alcohol, ni la doble vida de las mujeres son las causas de la violencia contra las mujeres. La violencia por su magnitud, incidencia y prevalencia no puede ser considerada individualmente, ni como casos aislados (no se trata de negar la responsabilidad de los agresores sobre sus actos), sino de entender que se trata de una problemática social en la que todos nosotros tenemos responsabilidad.