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  • Diario Digital | sábado, 15 de junio de 2024
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El rostro de la Navidad

El rostro de la Navidad
Los centros comerciales anticiparon los adornos y la propaganda para la Navidad, ya en el mes de noviembre se encontraban muchos lugares con ofertas de productos para animar a la compra como si la celebración de Navidad fuera “la fiesta de los regalos”, en la que es importante el tipo de regalo para obsequiar a los demás y que esto suscitará paz, amor y alegría.

En este tiempo de Navidad encontramos personas e instituciones que tienen una sensibilidad social muy elevada: empiezan a pedir a los demás juguetes, productos alimenticios, insumos para preparar una chocolatada o llegar con regalos a personas de escasos recursos y que viven en las periferias. Con estas acciones, pareciera buscarse que los demás pasen bien estas fiestas, aunque sea un momento, y con ello sentirse bien porque se dio algo en pro de la necesidad del otro. No se puede negar que es una buena acción preocuparse por el prójimo, claro está que sería importante suscitar acciones sociales estructurales para responder a la realidad de pobreza que vive mucha gente, que en Navidad se hacen más visibles.

El papa Francisco, en su catequesis del miércoles 19 de diciembre y ante esta sociedad que en Navidad impulsa la compra de regalos, nos presenta las cuestionantes de: “¿Es esta la fiesta que agrada a Dios? ¿Qué Navidad le gustaría, qué regalos y qué sorpresas?”. Exhorta a lo largo de su alocución a detenernos en el contexto y la escena del nacimiento o la encarnación del Hijo de Dios e indica que hay que contemplar a sus actores principales: Dios Padre, el Niño Jesús, María y José, los Pastores, entre los otros que aparecen en los relatos de los evangelios, qué actitud tuvieron ante este gran acontecimiento del nacimiento del Hijo de Dios, y cómo cada uno de nosotros entra en sintonía con lo acontecido.

Dios Padre sorprende a la humanidad con un don tan preciado, su único Hijo que se hace hombre para darnos vida plena en Él. San José que es capaz de obedecer en silencio ante la Palabra de Dios; María Santísima que se hace disponible a la voluntad de Dios. El Niño Jesús que nace en un pobre portal de Belén, en la pobreza y la necesidad, en el silencio del mundo.

Qué celebración más grande se puede encontrar en la Navidad cuando se le da su verdadero sentido, el nacimiento del Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo; por ello se hace importante no solo saber que Él nace en Navidad, sino actuar conforme a lo que celebramos y, con ello, a la actitud que tuvo a lo largo de su vida, situación que nos recuerda San Pablo en el himno cristológico de Filipenses 2, 5-11: “Tengan entre ustedes los mismos sentimientos que Cristo: el cual, siendo de condición divina, no codició el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre, se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente”.

En este tiempo de adviento, el papa Francisco exhorta a todos los creyentes a no mundanizar la Navidad, es decir, dejar de actuar con los parámetros de la época, ya que nos alejan del verdadero sentido que tiene esta celebración.

La Navidad es un tiempo de hacer presente a Jesucristo en la vida de las personas, de las familias y de la sociedad entera, porque trae consigo el don preciado de la vida plena junto a Dios y de reconocer en el otro el amor que emana de Él.