Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 23 de septiembre de 2019
  • Actualizado 08:09

El proceso de cambio

El proceso de cambio
Dice Hegel:

¡Cuán ciegos están los que pueden imaginar que las instituciones, las constituciones y las leyes pueden persistir cuando ya no están de acuerdo con la moral, la necesidad y los fines de la humanidad y cuando están ya vacíos de sentido; que las formas ya vacías de comprensión y de sentimiento pueden tener aún fuerza para unir a una nación! Y el comentario que sigue: “Esas instituciones deben cambiar o ceder el lugar a nuevas encarnaciones de la aspiración nacional”.

Hegel veía con desagrado el terror y la anarquía en los cuales desembocó la Revolución Francesa, que había proclamado la libertad política del individuo. En cambio, era partidario de un Estado fuerte porque Alemania no se había unificado por los provincianismos y particularismos de entonces, y Hegel soñaba con la unificación de Alemania bajo un Estado nacional fuerte. Creía, por tanto, en el espíritu nacional, no en los caprichos de los individuos.

Como Alemania, Bolivia, pese a años de estatismo, quizá solo es un Estado en construcción porque le hacen competencia particularismos y provincianismos detrás de los cuales Bolivia sería un “Estado aparente” porque está dividido entre cambas y collas, chaqueños y chapacos, centralistas y federalistas, población de tierras altas y bajas… y quizá seamos iguales ante la ley solo por una ficción constitucional que data de 1825, pues en realidad nos dominaría el racismo común a las regiones de nuestro territorio.

Para colmo, los analistas confirman que nunca tuvimos una burguesía nacional, pues los ricos siempre estuvieron ligados a intereses extranjeros, a transnacionales o al Estado concebido como un patrimonio de ellos para obtener contratos públicos mediante el uso sistemático de la corrupción.

La burguesía “nacional” era por esencia exportadora; tenía los ojos puestos en el mercado mundial, el árbitro de sus ganancias, y no hizo nada por construir el mercado interno. Ni siquiera Cochabamba, cuyo destino depende del mercado interno por su ubicación central, de bisagra entre tierras altas y bajas del territorio, ha podido construir el mercado interno. Solo el Estado boliviano ha tratado de construir y sigue en el intento.

Alemania a inicios del siglo 19 estaba constituida por ciudades libres, príncipes independientes, patrimonios, gremios y sectas religiosas que conspiraban contra el Estado esgrimiendo sus fueros provenientes del Derecho feudal. ¿Pero Bolivia no será lo mismo? En Bolivia ¿no regirá el mismo principio: Hágase la justicia y perezca Alemania? ¿Qué valen, entonces, las críticas de la oposición?