Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 22 de octubre de 2019
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MIRADAS ANTROPOLÓGICAS

Ecología política o popular

Ecología política o popular
Debido a un ambientalismo emergente, las últimas décadas se anota en agenda la revalorización de la naturaleza expresado en grupos y movimientos sociales. Según los estudiosos, cuando se aborda la temática ambiental, surgen dos enfoques: ambientalista y ecologista. El ambientalista, supone que los problemas ambientales, económicos y sociales se resuelven desde la racionalidad económica del mercado en el cual no se contemplan las transformaciones sociales, políticas y económicas necesarias; es decir, que solo se preocupa de racionalizar el dominio humano sobre la naturaleza. 
A la par, la idea del enfoque ambientalista es de conciliar su sostenibilidad con el desarrollo y frente a estas debilidades el enfoque ecologista propone mayor radicalidad demostrando cómo el modelo neoliberal de mercado genera la crisis real, debido a que el sistema-mundo está al servicio del capital. De modo que, no es posible desde esa perspectiva solucionar la crisis ecológica, pues ignora los impactos que provoca y los reduce simplemente a disfunciones que se resuelven con simples ajustes normativos. 
Por el contrario, el enfoque ecológico plantea que en relación con el ambiente se deben realizar cambios fundamentales en las formas sociales, políticas y económicas. Es así que propone una ecología política o popular. ¿Qué significa esto? Pues bien, significa vivir en una política de los límites, es decir, “una sociedad de la escasez”, completando que es necesario vivir una organización económica descentralizada. Por ejemplo: reducir el consumo de energía; educar a una sociedad de consumo sano, de bienestar individual y colectivo; una forma de vida responsable, con cultura política sensible hacia temas socio-ambientales. En suma, cubrir las necesidades humanas esenciales (salud, alimentación, vivienda, afecto) y en este tejido, ser militante con actitudes y valores enfocados en la biodiversidad. 
Sin embargo, y a pesar nuestro, el tema es muy complejo porque vivimos en sociedades de alto consumo de basura, enterrados en plástico, engordados por ensayos de comida, excesivo carbohidrato, cremas dérmicas llenas de químicos, soldaditos de plomo, etc. En ese contexto, si el ambientalismo es timorato, el reto es adquirir una conciencia ecológica impartida en el hogar y proyectarla progresivamente hacia afuera; en colegios, en los mercados, tiendas de barrio, la casera de la esquina. Esto significa hacer una revolución en nuestro pensamiento y concretar en acciones equilibradas para nuestros hijos, nietos y la sociedad entera.  
Los pequeños retos como el separar basura, reciclar, utilizar bolsas de tocuyo, los huertos orgánicos, alimentarse sanamente, tomar abundante agua, no consumir mucha energía eléctrica, plantar y adoptar arbolitos, caminar, sonreír. En fin, son estas y muchas cosas más que nos llevan a tener una actitud revolucionaria con nosotros mismos y con los demás. Ahora la pregunta es ¿el ecologismo es una opción de cambio? Sí, porque debe trascender como fuerza política con el fin de luchar por la preservación de la vida y la administración racional de los recursos naturales. 
En suma, vivimos escenarios de inseguridad, es hora de intervenir. Gandhi expresó: “Debes ser el cambio que deseas ver en el mundo”.