Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 16 de septiembre de 2019
  • Actualizado 00:40

Después de la Copa América

Después de la Copa América
Después de la Copa América, la conclusión es que el proceso debe continuar con Eduardo Villegas Cámara, elaborando un plan a mediano plazo, con la Federación Boliviana de Fútbol, con vista a la clasificatoria que comienza en marzo 2020

La lapidación mediática, cometida por el lego en fútbol, contra jugadores de Selección, es comprensible pero no aceptable, escuchando, leyendo y viendo opiniones serenas y conocedoras de quienes fueron jugadores y entrenadores exitosos.

Inobjetable que el grupo que “dio la cara” ante Brasil, Perú y Venezuela se aplazó en el examen y chispazos que apenas se vieron, no alcanzan para vislumbrar jerarquía y calidad, que anteriores seleccionados exhibieron, registrando buenos y malos resultados.

Sin embargo, es lo que se tiene y quizá hubiese sido mejor contar con algunos jugadores más de experiencia, pero apremiaba el recambio generacional y suprimiendo pretextos, todavía no dieron la talla en defensa, ni en medio campo, peor en la delantera.

Hasta el arquero no alcanza buena nota, por el par de errores, producto de la inseguridad en las líneas que dieron sus primeros pasos, en la dura competencia internacional, donde ratificamos sin duda, que estamos calificados últimos.

El objetivo es ganar partidos de la eliminatoria en Bolivia, pero fundamentalmente foguear a una nueva generación que apunte a la Copa del Mundo del año 2026, que por primera vez se realizará con 48 equipos, en Canadá, Estados Unidos y México.

Para eso, la FBF debe emprender un proceso consciente desde la base, emulando planes de otros países, incluyendo Venezuela, que de Cenicienta pasó a protagonista en las últimas competencias, dejando la cola y pozo para nuestro fútbol, muy venido a menos.

Elemento humano, como Deimar “Chupete” Mariaca existe en todo lado, pero precisa una estructura que apuntale a los talentos, haga seguimiento permanente y garantice su continuidad en la proyección, preparación y consagración futbolística.

El futbolista, como todo profesional, merece respeto, tiene familia y amigos, pero debe comprender que está expuesto a la opinión pública y debe ser un ejemplo para niños y jóvenes que, por vocación, talento y sacrificio, sueñan con esta carrera, que puede depararles satisfacciones y frustraciones.