Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 29 de octubre de 2020
  • Actualizado 21:22

Crisis del sistema de valores de oficiales del Ejército

Crisis del sistema de valores de oficiales del Ejército
Marco A. R. Escalera Rivero



Antecedentes.- La actuación y conducta de la oficialidad militar –del Cuerpo de Oficiales- en la historia de Bolivia, presenta una infinidad de hechos relevantes, que van -a modo de péndulo- de un extremo a otro, desde la más épica heroicidad posible (alcanzada por los defensores de Boquerón) hasta la más inverosímil conducta crapulosa (característica del caudillismo militar y ejemplificada con las miles de anécdotas de Melgarejo).

Esta oscilación antitética, caracterizará la acción colectiva e individual de los oficiales a través del tiempo y originará en la sociedad civil niveles de ininteligibilidad de la misma. En la práctica, a pesar de la trascendencia de las acciones militares en el desarrollo histórico del Estado y la nación boliviana, poco o muy escaso ha sido el interés de los llamados a entenderla y explicarla, a estudiarla y comprenderla. Ese es el desafío del presente artículo.

Las acciones, las funciones y el rol que desempeñan los militares en una sociedad, son fundamentales para la continuación histórica de la misma. Esto, obviamente, en el modelo Estado-Nación. Sin embargo, los militares en Bolivia son funcionales al sistema, porque principalmente garantizan la continuidad del Gobierno vigente sin considerar la naturaleza del mismo, y al mismo tiempo son disfuncionales a su ética, porque han desarrollado una tradición cultural contraria a la misma: en el balance general del estado de resultados del ejercicio de su profesionalidad existe un saldo negativo, porque no han salvaguardado los intereses de la colectividad, pero sí los de grupos de poder conectados con el capital internacional y, sobre todo, han salvaguardado sus intereses corporativos a través de una gestión administrativa autónoma. Esta última, sólo se explica por dos fenómenos a modo de constantes históricas. Primero, por la falta de liderazgo del sistema político y su incapacidad de imponer objetivos nacionales a los militares, y –segundo- por la complicidad silenciosa de la sociedad civil al fomentar los denominados códigos paralelos, que pueden caracterizarse como construcciones culturales que privilegian el interés personal y/o de pequeños grupos y que están basados en sistemas axiológicos negativos.

Las escuelas militares en el imaginario colectivo del Cuerpo de Oficiales.- La profunda crisis institucional que vive en este momento el Ejército de Bolivia, se manifiesta a través de una división ideológica al interior de la institución como resultado de la co-existencia de al menos dos escuelas: la prusiano-alemana, representada por oficiales de alta graduación (lo que no excluye que oficiales jóvenes se identifiquen con esta corriente), cuyo norte ideológico es el cumplimiento estricto de la normatividad institucional, a través de una disciplina férrea y estricta que no admite críticas ni interpelaciones al accionar de los mandos superiores; y la –llámese así– norteamericana-liberal, que cuestiona fuertemente la rigidez de la primera y propone un esquema más horizontal y democrático en la administración de la profesión militar, además de incentivar y buscar un acercamiento a la sociedad civil a través de la “apertura intelectual” de los miembros del Ejército. A la par de estas influencias, se observan muchas otras más. Quizás la más cotidiana y aceptada culturalmente es la influencia colonial española que se manifiesta en la vigencia de prácticas segregacionistas, discriminatorias y racistas al interior del COO.



La crisis del Sistema de Valores del Cuerpo de Oficiales (COO en adelante). –es decir, su inobservancia-, está ocasionando una serie de conflictos al interior de la institución, que van desde aspectos doctrinarios básicos, hasta la inadecuación funcional a sus fines últimos. Las nuevas generaciones de oficiales enfrentan una serie y variada índole de problemas (inaplicabilidad de la doctrina vigente, infraestructura y equipamiento deficientes, pertrechos y armamentos obsoletos, pérdida de status de la profesión ante la sociedad civil, etc.). Asimismo, concurren a un período histórico carente de liderazgo al interior de la institución, fenómeno que conduce al COO a buscar soluciones creativas que logren superar las dificultades, esto pasa por reconfigurar, por repensar la naturaleza corporativa de la oficialidad.

Así, la falta de cohesión del COO boliviano comprenderá aspectos doctrinales, ideológicos, filosóficos y sobre todo axiológicos. Este último preocupa de sobremanera, puesto que la profesión militar, a diferencia de todas las demás, fundamenta todo su accionar en el cumplimiento estricto del Código de Honor, del Sistema de Valores que pregona e internaliza en sus miembros desde el primer momento en que los acoge. Aquí no se propone que el COO no disponga de un Sistema de Valores, aquí lo que se comprueba es que éste no es respetado, es inobservado y esto es sencillamente inadmisible. Atenta a la esencia misma de la profesión militar moderna. Eso es lo que dice la teoría y la doctrina militar. Sencillamente el Sistema de Valores del COO del Ejército de Bolivia está en crisis. La pregunta es ¿hasta cuándo?

El oficial militar profesional: un tipo social universal contemporáneo.- Uno de los grandes escollos vencidos por el profesionalismo militar, es –precisamente-, haber demostrado, ante sus más connotados críticos el alto nivel de especialización alcanzado por sus profesantes La nueva concepción caracteriza a los profesionales militares como un grupo funcional altamente especializado en la “administración de la violencia”, característica que lo distinguirá de los legos –los civiles- y de otros tipos sociales similares (sargentos, sub oficiales, técnicos militares, etc.)

Ahora bien, la función primordial militar, es corporativamente llevada a efecto. Por lo tanto, se deduce la importancia que debe asignársele a la formación de un COO altamente idóneo y profesional; puesto que del ejercicio de su profesionalidad, dependerá la continuidad histórica del Estado-Nación al cual presta sus servicios. Un COO idóneo debe estar compuesto por especialistas, que posean una metódica y prolongada educación, que estén dispuestos a brindar sus servicios cuando así lo exija la sociedad a través de las disposiciones gubernamentales correspondientes, y que compartan un sentido de unidad orgánica y de conciencia de sí mismos como grupo distinto de los legos. La presente nota propone, adicionar a estas categorías, el cumplimiento estricto –la observancia extrema-, del Sistema de Valores del COO.



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Marco A. R. Escalera Rivero, es sociólogo.