Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 24 de septiembre de 2022
  • Actualizado 15:21

EL EXMANDATARIO RECUERDA LAS HORAS EN QUE GONI ESCAPÓ DE LA PAZ Y ÉL DEBIÓ ASUMIR LA PRESIDENCIA

Las horas decisivas de Carlos D. Mesa el 17 de octubre

Las horas decisivas de Carlos D. Mesa el 17 de octubre





¿QUÉ HICE EL 17 DE OCTUBRE? A las 10:00 me visitaron los enviados de Argentina, Eduardo Sguiglia y de Brasil, Marco Aurelio García. Fue una reunión más bien formal, parte de un circuito de encuentros que realizaban con diferentes fuerzas y que incluía al Presidente. Ratifiqué mi posición de ruptura y les dije que me daba la impresión de que al gobierno se le acababa el aire.(...)

Casi a las misma hora, 10:40, Manfred Reyes Villa, jefe de Nueva Fuerza Republicana (NFR), que había calculado muy mal su ingreso al gobierno apenas dos meses antes (el 5 de agosto al recomponerse el gabinete en el que volvió a entrar Sánchez Berzaín junto a varios ministros de NFR), decidió quitarle el respaldo al Presidente. A su salida de la residencia dijo, en un escueto encuentro con los medios, que no se podía remar contra corriente y que le había pedido su renuncia al mandatario. El penúltimo eslabón de la cadena se rompía. El último, el MIR, se mantuvo hasta el final. Horas después, a las 14:45, Jaime Paz, en unas palabras pronunciadas en el interior de la residencia, delante de un estandarte nacional con un crespón negro y con voz entrecortada por el llanto, dijo que se debía esperar un mensaje de Sánchez de Lozada. "Hoy tenemos que ser más bolivianos que nunca", remató.

En tanto, en mi casa, recibí sucesivamente los telefonazos de Washington de María Paula. A poco de terminar el almuerzo, me llamó Guillermo "Chacho" Justiniano para decirme lo que ya sabía, que el Presidente había decidido renunciar y que le había pedido que baje a hablar conmigo para plantearme las condiciones de su renuncia, le dije que lo esperaba. En realidad me había transmitido el último rasgo de personalidad de un hombre derrotado.

En esos mismos momentos, la casa presidencial estaba siendo abandonada. La residencia de San Jorge fue la última prisión de Gonzalo Sánchez de Lozada antes de su caída. (...)

A las 15:10 salió de allí Jaime Paz, a las 16:20 Carlos Sánchez Berzaín y Javier Torres Goitia, el primero en una vagoneta negra sin placa, el segundo a pie. Las últimas personas que estuvieron con el mandatario fueron Mirtha Quevedo y Hormando Vaca Diez, que entraron a las 17:05, apenas unos minutos antes de la salida definitiva de la familia presidencial. A las 17:15 se abrió la puerta del garaje que da la espalda a la entrada principal de la casa. Abandonaba el lugar la primera dama Ximena Iturralde en una vagoneta verde blindada con rumbo al Colegio Militar en Irpavi. Gonzalo Sánchez de Lozada lo hizo diez minutos después en una vagoneta de seguridad con vidrios polarizados, que enfiló regular velocidad hacia la Academia Nacional de Policías en Següencoma. Fue un lúgubre grupo que abordó por turnos y desde lugares distintos el único helicóptero de la Fuerza Aérea Boliviana, que hizo varios vuelos con rumbo a El Alto. A las 18:37 dejó la casa la última persona allegada al Primer Mandatario, su fiel secretaria personal, Marcela Garrett.

Los aprestos de la sucesión

Como a las 17:30 (Guillermo) Justiniano volvió a llamar para decirme esta vez que el Presidente había abandonado la residencia y que no tenía caso hablar de condiciones, que la renuncia era incondicional y que la haría conocer al país en pocos minutos más. Alrededor de las 18:00 me visitaron representantes del Parlamento, los dos presidentes, Hormando Vaca Diez del Senado y Óscar Arrien de Diputados. Recuerdo entre los presentes a Erick Reyes Villa y al propio Justiniano.

Creo que no había nadie del MAS. Me confirmaron que esperaban la renuncia en instantes, que habían organizado un operativo aéreo para traer a los parlamentarios que estaban fuera de La Paz y que le habían pedido protección de las FFAA para que pudieran trasladarse de El Alto al Congreso. Me dijeron que iban a aceptar la renuncia y que por el mecanismo de sucesión me correspondía la presidencia (una afirmación que no por obvia dejaba de ser relevante viniendo de sus bocas), me pidieron que estuviera listo para jurar al cargo esa misma noche.

“¿Carlitos, te hubieras imaginado ser Presidente de Bolivia”?



La última visita a mi casa fue la de Filemón Escóbar, Antonio Peredo y su esposa. Filemón estaba exultante. Me dio un abrazo muy sentido. Nos habíamos conocido veinte años antes en los turbulentos días de la UDP, cuando él creía ciegamente en la COB como órgano de poder. (...) “¿Carlitos, te hubieras imaginado ser Presidente de Bolivia, che oye?”. Fue el único contacto que tuve con representantes del MAS en los días de la crisis.

Inmediatamente les pedí a Pepe Galindo, Miguel Urioste y Horst Grebe que se comunicaran con el alcalde paceño Juan del Granado, Felipe Quispe y Ana María Romero para explicarles la situación, pedirles que tranquilizasen a la gente movilizada y adelantarles que el Presidente había decidido renunciar y que en un par de horas se produciría mi posesión.

Señales: La medalla presidencial y la bóveda del Banco Central



Ximena se comunicó con Juan Antonio Morales, presidente del Banco Central, para explicarle que en pocas horas sería posesionado presidente y pedirle que hiciese trasladar inmediatamente la medalla presidencial al Congreso. A los pocos minutos, Morales la llamó y le dijo que era imposible. La bóveda del Banco era manejada por un sistema computarizado que la sellaba automáticamente a las 18:00 horas del viernes y desactivaba el sellado a las 9:00 de la mañana del lunes, sólo quedaba una “bovedilla” con dinero para emergencias. La medalla estaba en la bóveda principal, era imposible sacarla. Por esa curiosa razón no me la impusieron en el pecho el día de mi posesión. Veintiún años antes, a Hernán Siles se la pusieron al revés. (Todos los textos de esta página fueron tomados del libro “Presidencia sitiada. Memorias de mi Gobierno”, de Carlos D. Mesa Gisbert).