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  • Diario Digital | miércoles, 28 de febrero de 2024
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ESTUDIOS

Los oasis del cuidado de la salud mental, los centros peruanos que combaten el estigma

Este centro, situado en una zona humilde de periferia limeña, nació en 2015 y fue el primero de los 248 que en la actualidad hay en el país andino y que se han ido instalando desde entonces con un éxito de afluencia de pacientes que han visto como la salud mental se ha traslado a sus comunidades y así se ha alejado el estigma.
 
Pacientes asisten a terapia en el Centro de Salud Mental Comunitario San Gabriel Alto, el 11 de mayo 2023, en Lima (Perú)./ EFE
Pacientes asisten a terapia en el Centro de Salud Mental Comunitario San Gabriel Alto, el 11 de mayo 2023, en Lima (Perú)./ EFE
Los oasis del cuidado de la salud mental, los centros peruanos que combaten el estigma
Entre el caos del tráfico y el polvo de un cerro limeño, destaca un edificio de paredes blancas y amarillas que alberga una de las joyas del frágil sistema de salud peruano, los centros de salud mental, un oasis donde atienden a pacientes con diversos diagnósticos desde una perspectiva cercana y natural, alejada de los fríos hospitales psiquiátricos.

"La misión y lo que venimos trabajando es reinsertar al paciente o usuario que padecen un problema o trastorno de salud mental en su comunidad, que realmente pueda reducirse el estigma, que la población entienda que es una persona regular que tiene sus sufrimiento como cualquier otro y que pueda ser productivo y ser parte de la sociedad", afirma a EFE la jefa del Centro de Salud Mental Comunitario San Gabriel Alto, Denisse Salas.

Este centro, situado en una zona humilde de periferia limeña, nació en 2015 y fue el primero de los 248 que en la actualidad hay en el país andino y que se han ido instalando desde entonces con un éxito de afluencia de pacientes que han visto como la salud mental se ha traslado a sus comunidades y así se ha alejado el estigma.

"La idea de tener estos centros nace del hecho de que teníamos que sacar de los hospitales generales, de los grandes hospitales manicomiales, la saturación de pacientes que había", relata el coordinador de la estrategia de salud mental y cultura de paz de la Dirección Regional de Salud de Lima Sur, Rolando Velásquez.

Además del reto de atravesar las enormes distancias limeñas, la población debía esperar tres o cuatro meses entre cita y cita, y a la vez, permanecer horas en estos hospitales, una serie de obstáculos que provocan que pacientes y familias dejarán de acudir y abandonaran terapias y tratamientos.

El doctor explica que desde los años 80 existía la idea de que la salud mental se debía priorizar, pero no fue hasta los primeros años de este siglo cuando se concretaron medidas específicas.

"Se estableció que teníamos que acercarnos a la comunidad, ya no que ellos vengan a nosotros, sino nosotros acercarnos", sostiene Velásquez.

UN OASIS PARA LUCHAR CONTRA EL ESTIGMA

Con las puertas abiertas al barrio, el Centro Gabriel Alto da la bienvenida con normalidad a pacientes con depresión, ansiedad, a niños con dificultades en el aprendizaje, personas con adicciones o psicosis, enfermedades psiquiátricas graves y víctimas de todo tipo de violencia.

La filosofía de estos es también ayudar a la reinserción en la sociedad de personas que han sufrido o sufren estos problemas, por lo que se imparten terapias ocupacionales y del lenguaje y talleres diversos para así darles estrategias para que puedan ser productivos.

En una sala de espera al aire libre junto a un jardín, una usuaria que acaba de participar en una terapia grupal de música y baile, aguarda su turno para pedir su siguiente consulta psiquiátrica.

"Estos sitios nos ayudan mucho porque están cerca", dice a EFE al referirse a que vive con su madre anciana cerca de este, lo que le permite ir con regularidad a sus citas, algo que no le pasaba antes, puesto que tenía que desplazarse a un hospital lejos de su casa.

Tanto la directora como el coordinador de la dirección regional de salud, coinciden en que el triunfo de los centros y la razón por la cual se están multiplicando por todo el país, es porque los vecinos forman parte del proyecto.

"El éxito de que hayan crecido tanto los centros es porque la comunidad se ha interesado (...) Trabajamos el objetivo de que comprendan que la responsabilidad de la salud mental no es solo de nosotros, sino también de la propia comunidad si ellos hacen suyo eso, van a participar y lo hemos visto", señala el doctor.

Parte del trabajo habitual del centro no solo es atender a los pacientes, si no salir a concienciar y formar sobre la salud mental a asociaciones y localizar casos de personas que estén sufriendo todo tipo de padecimientos o violencia para tratarles.

TRABAJO MULTISECTORIAL

Entre miles de carpetas de cartón marrones apiladas, Salas explica que, pese a lo infinito y abrumador que puede parecer un lugar que atiende tantos y complejos problemas, se organizan bien al ser un centro pequeño.

"Tenemos un equipo multidisciplinario de médicos de familia, psiquiatras, enfermeros de cuidados paliativos, psicólogos, psicoterapeutas para adultos y niños, trabajadores sociales", además de los profesionales que atienden en un módulo especial de víctimas de violencia, que se tuvo que habilitar en la pandemia por la cantidad de este tipo de casos que se daban, sobre todo, en los núcleos familiares.

Velásquez reconoce que la pandemia "destapó una realidad que estaba muy oculta" en cuanto a diversos problemas de salud mental que no se trataban, y que frente al gran aumento de casos de depresión, ansiedad y violencia intrafamiliar, las comunidades necesitaban este tipo de espacios en los que se respira esperanza.