Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 25 de octubre de 2020
  • Actualizado 10:34

Grafitero brasileño sale del anonimato y sus obras dan la vuelta al mundo

Fabio Acosta Gomes, a sus 30 años, ve florecer el sueño de ganarse la vida como artista.

Un mural del artista grafiterio en Brasil. EFE
Un mural del artista grafiterio en Brasil. EFE
Grafitero brasileño sale del anonimato y sus obras dan la vuelta al mundo

Un grafitero brasileño ve sus obras florecer y dar la vuelta al mundo, después de que una artista de cine publicara fotografías en sus redes para que den la vuelta al mundo, tras vencer las adversidades de las drogas y una vida afectada seriamente por la crisis económica.

En un mural de un pequeño municipio de Brasil sobresale el rostro vivido de una mujer negra. No es una pintura común. Las hojas de un frondoso cerezo asemejan el cabello de esta joven retratada por un humilde grafitero cuya obra empezó a darle la vuelta al mundo gracias a una actriz de Hollywood.

La ganadora del Oscar Viola Davis compartió las imágenes en sus redes sociales tras enamorarse de la obra al verla publicada en el portal de Tina Knowles, madre de Beyoncé.

Desde entonces, aplausos e invitaciones no paran de llegar para Fabio Acosta Gomes, quien a sus 30 años ve florecer el sueño de ganarse la vida como artista, tras un historial de dificultades y penurias en los que predominó la pobreza y donde casi lo vence la drogadicción.

Nacido en Primavera del este, una pequeña población de Mato Grosso, Acosta creció en medio de la pobreza, pasó hambre y nunca fue bueno en el estudio, pero desde sus primeros años ya dibujaba.

"Pinto desde pequeño. Me gustaba mucho hacerlo en el colegio donde me la pasaba dibujando en las clases. Yo no le daba mucha importancia al estudio, por eso reprobé seis años", dijo el artista.

En su hogar, las necesidades del día a día lo obligaron a dejar la escuela varias veces para trabajar y ayudar a su madre.

La falta de estudios no le dejó muchas opciones y terminó trabajando como auxiliar de construcción para sobrevivir, pero nunca paró de pintar.

A Trinidad, el municipio de Goiania donde vive actualmente, llegó hace diez años por su mujer que tiene familia allí, luego de un largo trasegar que incluso lo mantuvo por mucho tiempo en las drogas.

Desde hace cinco años comenzó a plasmar sus obras en las paredes de la ciudad y hoy ya son más de 300 muros pintados con su arte.