Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 18 de noviembre de 2019
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Enfermera potosina trabaja en el hospital más grande de Madrid

Migró hace un poco más de 20 años a España. Fue la primera profesional boliviana en Enfermería en hacer homologar su título. De su tierra extraña el calor de su familia.
Lita Mallón en su oficina, en el hospital que trabaja, en Madrid.      FOTO: LITA MALLÓN CÁCERES
Lita Mallón en su oficina, en el hospital que trabaja, en Madrid. FOTO: LITA MALLÓN CÁCERES
Enfermera potosina trabaja en el hospital más grande de Madrid

La muerte del pilar fundamental de su familia, su padre, obligó a Lita Mallón Cáceres a tratar de ocupar ese vacío que había dejado su progenitor. Ella debía hacerse cargo de sus cinco hermanos menores.

Lita es enfermera y actualmente trabaja en dos importantes hospitales de Madrid, en España. Tiene una experiencia laboral de más de 20 años.

Nació en Ánimas, localidad minera al sur de Potosí, el 22 de abril de 1974. 

Su familia permaneció en Ánimas hasta que ella cumplió 14 años y antes de cumplir 15 se trasladaron a Cochabamba, la tierra natal de su madre. Su padre es natural de Potosí.

En Cochabamba egresó como bachiller y estudió Enfermería en la Facultad Elizabeth Seton de la Universidad Católica Boliviana, entre 1990 y 1995.

Tras graduarse como enfermera, hizo un año de provincia en Aiquile y después trabajó en el río Iténez, en un barco hospital en la frontera entre Brasil y Bolivia, durante un año.

Retornó a Cochabamba y consiguió un lugar en el hospital Quillacollo. Había trabajado dos meses cuando, desafortunadamente, falleció su padre, quien era la cabeza de su hogar. La carga económica estaba sobre los hombros de Lita por ser la hija mayor.

La pérdida de su padre dejó a su familia con "una fractura económica", y en ese momento difícil, providencialmente Médicos Sin Fronteras le ofreció ir a  Mizque para hacer el trabajo de supervisión.

En el hospital de Mizque conoció a un médico español, quien le propuso ir a España para cursar un máster en Salud Pública.

Con 25 años, y tras enviar su documentación con el apoyo de Médicos Sin Fronteras, Lita fue admitida en la Escuela Nacional de Salud de España. Así empezó su carrera como enfermera en ese país.

Recuerda que llegó como “una emigrante más” a España, en 1998, pero su determinación y esfuerzo le permitieron trabajar en su profesión y seguir estudiando para especializarse.

Por eso aconseja que los bolivianos migrantes se esfuercen para trabajar en sus profesiones.

Ella se siente agradecida porque se rodeó de buenos médicos, latinoamericanos y españoles, quienes le ayudaron a que homologue su título de enfermera obtenido en Bolivia, para que pudiese desempeñarse en las instituciones de salud pública de España.

En ese tiempo, el Ministerio de Salud de España no había homologado ningún título de Enfermería de Bolivia y el que tramitó Lita fue el primero. Por eso tardó al menos dos años.

Mientras estudiaba el máster, Lita empezó a trabajar en una residencia de ancianos (asilo), y después hizo suplencias que le permitieron ganar experiencia laboral.

La enfermera señala que actualmente trabaja en dos hospitales, por la mañana en el Gregorio Marañón, que es el más grande de Madrid, y cumple turnos en una entidad privada por la tarde, haciendo guardias nocturnas pasado un día.

Lita se siente privilegiada por trabajar en la profesión que estudió, porque, “lamentablemente, muchos migrantes no lo consiguen y aceptan empleos en la construcción, tareas domésticas o el cuidado de niños y ancianos”.

Asegura que para los migrantes que llegan a España es difícil acceder a un puesto en el sistema público, a menos que adquieran la nacionalidad española.

Además de haber homologado su título de enfermera, consiguió la nacionalidad española.

SACRIFICIO Lita señala que el trabajo que cumplen las enfermeras es sacrificado, pero que conlleva satisfacciones, porque se ayuda a los pacientes a aliviar sus dolencias.

Lo interesante en España, según Lita, es que la enfermera es valorada y reconocida, al contrario de lo que sucede en el país, donde se toma a esta profesional como una “simple ayudante” del médico y no tiene poder de decisión.

“En cambio, en España, el papel de la enfermera es científico y fundamental, toma decisiones y, al igual que un médico, tiene sus consultas”.

Un ejemplo es que en España el Estado apoya con la formación de los profesionales. Hace un tiempo, ella estuvo en un congreso internacional, en Singapur, y el Colegio de Enfermería le aportó la inscripción y el Ministerio de Salud los días libres, lo que le motiva a seguir capacitándose.

PASATIEMPOS Lita, además del arduo trabajo que realiza en su profesión, le gusta hacer mucho deporte, especialmente básquet, para lo cual se reúne con bolivianos que viven en Madrid.

Asimismo, asiste al gimnasio, por lo menos dos días a la semana, y también le gusta manejar bicicleta y especialmente viajar.

Y cuando tiene algo de tiempo lee, aunque no lo hace de forma asidua. Aprovecha cuando viaja en el metro.

NOSTALGIA Viajar a un país como migrante tiene, según Lita, aspectos positivos y negativos.

“Cuando uno llega a otro país, consigue éxito profesional y laboral, pero se deja a la familia, a los padres y hermanos”.

Lita está agradecida con todo lo que consiguió, pero aún recuerda con mucha nostalgia a su familia, especialmente a sus padres que ya fallecieron.

“Si en nuestro país pudiésemos tener más oportunidades, no tendríamos que dejar a nuestra familia”, concluye.