Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 18 de enero de 2020
  • Actualizado 05:07

El DJ que usa su fama en EEUU para promover cruzadas

Triunfa como DJ Iguana, impulsa campañas para ayudar y fue nominado dos veces a Boliviano Notable.
Juan aprovecha sus visitas al país para ayudar a los más carenciados.
Juan aprovecha sus visitas al país para ayudar a los más carenciados.
El DJ que usa su fama en EEUU para promover cruzadas

¿Quién podría apostar todas sus fichas, sentar juramento y afirmar que toda la historia de DJ Iguana, el dueño de una de las compañías de animación musical más conocidas de Virgnia, Estados Unidos,  descansa sobre los cimientos del  hobbie? Bien, el actor principal de este relato, Juan Hurtado, lo hace.

Origen

El nombre DJ Iguana surgió gracias a un amigo de Juan, que durante un partido de fútbol decidió bautizarlo así por su pelo, en ese entonces, verde.

No se trata de exageración alguna. El cochabambino, que a los 16 años empezó su incursión desbocada en discotecas italianas y luego trasladó su vocación hacia el país que anualmente llora el recuerdo del 11 de septiembre de 2001, consiguió montar una empresa especialista en animación de fiestas respetada en el ambiente, siempre “a pulmón”.

El pasatiempos de Juan, aquel arte de saber mezclar la música mediante transiciones perfectas, dejó de ser un pasatiempos en 2013 para transformarse en un negocio formal con marca personal en Washington DC: DJ Iguana Productions. “Soy el creador de los concursos de pareja caporal, tinkus y salay en el mundo. Lo implementé hace nueve años. Todo nació como un hobbie. Luego lo llevé al ámbito profesional y pude abrir la compañía. Asi surgió la idea de usar, un poco, mi popularidad para ayudar a gente necesitada”.

Su fama fue el puente hacia la solidaridad, hacia la promoción de campañas para personas accidentadas, en situación de calle o con enfermedades crónicas que viven, siempre, en Bolivia. Juan fue notando que los videos cortos que viralizaba en las redes sociales, en los que llamaba a la reflexión a todos, daban resultado.

Y hubo un caso, en particular, que movió su estantería de confort y que lo hizo cambiar su modo de vida por completo. Ese día se dio el mágico “click”.

Sucedió hace poco más de cuatro años, con lo que él bautizó como el caso como “Marthita”.

Estaba descansando en su cuarto, luego de una ardua jornada. Allegados, conocidos y desconocidos “potencialmente amigos”    lo habían “bombardeado” con un video que él se negaba a ver. Quizás por agotamiento acumulado, tal vez por mera falta de ganas. El dedo índice de su mano derecha no se aproximaba hacia el archivo.

Hasta que decidió sacudir la modorra y, por fin, descubrir el contenido de un video que cambiaría su vida, le daría más color.

“Ya había ayudado muchas veces acá, en distintas quermeses a favor de gente enferma o con accidentes, pero nunca hice algo tan grande como en Bolivia con Marthita. Abrí el video. Eran cinco minutos. Lo que vi tocó mi alma y mi vida. Cambió todo en mí. Dije: ‘hago eventos, somos de las personas que malgastamos el dinero en cosas innecesarias’. Me puse la mano al pecho. Recuerdo que necesitaban 3.500 dólares para cubrir cuatro operaciones en La Paz. En un día pude colectar 5.600, con una base mía, claro. No realicé ningún evento. Solo grabé un video, Dije: ‘por favor, comunidad boliviana, ayúdenme a ayudar’. Así empezó todo”.

La acción no podía quedar ahí. Envió el dinero recaudado a un hospital para que allí operaran a la niña. Sin embargo, los días pasaban y Marthita no entraba al quirófano. Impotente ante la quietud, Juan viajó hacia La Paz y exigió que las autoridades de dicho nosocomio le devolvieran el monto.

“Tres días después de haber mandado el dinero dejé mis actividades y me fui a Bolivia. Me hice devolver todo. Se armó un quilombo. Saqué a la niña y me la llevé a una clínica privada.  Le hice operar. El gasto se hizo mayor, pero hubo mucha gente que colaboró. Estuve con el caso hasta el final. Incluso la bauticé (risas). Luego me empezaron a llegar, por todos lados, más videos. Ayudé a una señora con cáncer. después, a los ocho hijos de una mujer que se quebró la cadera en La Paz. También recuerdo a once chicos que  quedaron huérfanos porque el papá mató a la madre. Les llevé víveres, los vesti, les compré cocina y camas. Empezó todo con el caso de Marthita”.

Sobre aquellos 11 hermanos, Juan rememora que todo se dio de forma “muy linda”. Estaba en el aeropuerto de El Alto. Fue en 2016. Su vuelo se había atrasado y no tenía otra opción que saborear un tinto y echarle un vistazo a las noticias en el celu. De pronto se encontraba con la historia. “Mi corazón se encendió. Pregunté dónde era, agarré un taxi y me fui a la casa. Dios me puso en el lugar exacto”.

En dos ocasiones, DJ Iguana fue ternado como el Boliviano Notable de Estados Unidos por la revista digital Bolivianos en USA. Esto, por su perfil como “emprendedor exitoso y vocación de servicio social y solidaridad con niños necesitados”.

“Me pone orgulloso”.

Hace escasas semanas visitó la Llajta. Sintió el impulso de dejar su casa y sus deberes a cambio de “enlisarse” y luchar con la famosa Resistencia Juvenil Cochala (RJC). Sí. Juan fue uno de ellos. No lo conformaba seguir las noticias desde suelo norteamericano. Quería ser parte activa.

“Primero, promovimos pequeños cabildos de protesta en Washington. Me quedaron dos fines de semana libres. Llamé a una amiga de una agencia y me fui para Bolivia. Me lancé al éxito. fue una de las experiencias más grandes de mi vida. Aprendí mucho. Fue jodido”.

En sus inicios, el cochabambino se abrió un espacio en Radio La Nueva (87.7), una emisora muy conocida en el medio latino de Washington.  “Fui el único DJ boliviano que tuvo la radio. Solían ser centroamericanos o del Caribe. Ahí gané mucho rating”.

 Está seguro de que siempre lo moverán aquellos casos en los que haya gente carenciada, vulnerable. Y sabe que en el país, ese target abunda.

“A las personas en extrema pobreza las ayudo al 100%, sin dudarlo. Me gusta”.

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