Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 28 de enero de 2023
  • Actualizado 13:38

IRENE APAZA

“Desde Sayari ya sentía ese calorcito valluno que me cautivó”

“Desde Sayari ya sentía ese calorcito valluno que me cautivó”

Emprendedora, tenaz, valiente y sacrificada, son algunos atributos que caracterizan a la mujer paceña. Como muchas, Irene Apaza llegó por primera vez a Cochabamba hace más de 40 años. “Desde Sayari (a 74 kilómetros del Cercado) ya sentía ese calorcito valluno que me cautivó”, recuerda Irene como una de sus primeras impresiones al llegar al valle.

Siendo soltera, su actividad de comerciante le permitió recorrer varios departamentos, pero ese “calorcito” fue el que la sedujo definitivamente. “Son 38 años que vivo en Cochabamba, y como había mucha venta, eso me ha permitido hacer estudiar a mis hijos en una buena universidad”, afirma.

En sus primeros años, ella llegaba de madrugada en flota y extendía su puesto en la calle Francisco Velarde, hoy establecido como el Mercado La Paz. “Éramos pocas las que vendíamos, y tendía mi puesto grande, hasta medio día terminaba toda mi mercadería y retornaba a La Paz”, recuerda.

Pero esta actividad también tiene sus riesgos. Cuando aún no habían casetas los días de feria debía cargar a cuestas su mercadería, corriendo el riesgo de que la asalten o pierda su capital en el camino. Asimismo varios accidentes de flotas cobraron la vida de sus compañeros en su tarea de traer mercadería.

Con el tiempo el pequeño grupo de comerciantes creció y la venta menguó, pero también se consolidó la Asociación de Comerciantes Minoristas del Mercado La Paz, hoy reconocido como una de las organizaciones más pujantes en Cochabamba.

Al igual que ella, muchos paceños se estabilizaron, formaron a sus hijos, pero también establecieron lazos familiares y de amistad.

“Los cochabambinos son muy buenos, tengo mis comadres y compadres aquí, y con ellos he formado mi nueva familia”, expresa.

Entre los cambios de sus primeras visitas hasta ahora percibe fuertemente dos cosas: el crecimiento acelerado y descontrolado del comercio (formal e informal), y el cambio del clima en la llaqta. “Antes aquí era eterna primavera, pero ahora en invierno siento más frío que en La Paz”.

Irene es una de las miles de mujeres que consolida la imagen de la paceña, emprendedora y próspera. “Nunca podría despreciar a Cochabamba, porque Dios me ha dado su bendición aquí”, asevera orgullosa de sus hijos, y sus logros en su actividad comercial.