Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 19 de octubre de 2021
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“Un trabajo que contribuye a la historia local”

“Un trabajo que contribuye a la historia local”



GUSTAVO RODRÍGUEZ  OSTRIA



Durante el mes de noviembre de 1966, la prensa cochabambina publicó avisos de convocatoria a la Asamblea Constitutiva de la Cooperativa Boliviana de Cemento (COBOCE). El propósito de la Asamblea era aprobar el Estatuto y elegir a los miembros del Consejo de Administración y Vigilancia de la cooperativa en proceso de constitución. De este modo culminaban los esfuerzos de un puñado de visionarios cuya intención era dar respuesta a la aguda escasez de cemento y por esta vía impulsar la economía cochabambina.

¿Cuál era el contexto prevaleciente en la región? A fines de 1966, el debate sobre la escasez de cemento en Cochabamba era de apremiante actualidad. Se trataba del viejo anhelo de contar con una adecuada y oportuna cantidad del material constructivo. El dilema sin embargo era el siguiente: ¿dónde hallar los recursos financieros y técnicos el impulso suficiente para echar andar un sector estratégico que demandaba una inversión que sería, en la región, la más significativa en décadas? ¿Debería insistirse en el capitalismo de Estado que dominaba la economía boliviana desde 1952 reforzando la burocracia gubernamental? ¿Habría que sondear en las por entonces esmirriadas fuerzas del sector privado? ¿O por el contrario, como barruntaban algunos, existía una tercera opción alternativa?

La respuesta fue pergeñar una cooperativa, influida por la doctrina social de la Iglesia que provenía del Concilio Vaticano II, y que a la postre se convertiría en el mayor emprendimiento de esa naturaleza en Cochabamba y Bolivia.

De ahí en más y por décadas correspondió al ingeniero Jaime Méndez Quiroga ser uno de los principales impulsores de la empresa cooperativa. (...)

Si alguien esperaba una biografía sin contenido o una mera alegoría, se equivocó de plano pues los autores han logrado una equilibrada y fundada síntesis, de palabra ágil y bien escrita. En sus páginas no advertimos a un Jaime Méndez Quiroga aislado de su época y promotor solamente de su voluntad y su pasión —que las tuvo— sino que emerge de un modo tal que a través de su andar recorremos también por los senderos del pasado regional, merced a un texto que tenemos a continuación, labrado como debe ser una buena biografía: fusionando el personaje con su entorno social e histórico y viceversa.

Acudiendo, por otra parte, a fuentes orales y documentos escritos, como corresponde a la metodología de desentrañar el pasado y vislumbramos las vidas, las desazones y los proyectos de su elite. El texto retrocede incluso en el tiempo años atrás a la propia fundación de COBOCE, apartándose además, para beneficio del lector y la lectora, de la tradición de la empresa para llevarnos, entre otros necesarios vaivenes, por ejemplo a los campos del fútbol, al nacimiento de la avicultura y del cooperativismo regional; todo ello empero sin abandonar el derrotero de la trayectoria de COBOCE ni la de su promotor.

En suma se trata de una sabrosa y sesuda mezcla de anécdotas, narrativas y análisis que permiten que este libro se convierta en una verdadera contribución a la historia de Cochabamba y en ella a la de Jaime Méndez Quiroga.