Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 28 de octubre de 2021
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MILES DE COMERCIANTES SON EL MOTOR QUE ACTIVA LA ACTIVIDAD COMERCIAL Y SE MUEVE RESUMIENDO A COCHABAMBA EN EL POPULAR MERCADO

La Pampa, el hipermercado de la llajta

La Pampa, el hipermercado de la llajta



- “Buen día”, una comerciante a otra.

- “Casera, ¿linaza traeme?”, una vendedora que está sentada.

- “Eso llevate en 10 casera, te voy a yapar”, la vendedora de flores en un puesto provisional sobre la avenida Barrientos.

- “154 [bolivianos] se hace”, vendedora de carne de pollo mientras continúa acomodando su balanza y de fondo se oye una sierra eléctrica que corta carne.

El Coloso de la Llajta despierta antes que el Sol, desata sus brazos, abre su cuerpo y deja caer sus abrigos. El Coloso no duerme, sólo se adormece por horas.

El mercado La Pampa es el centro de abasto más grande de la ciudad de Cochabamba. Aglutina a miles de comerciantes y con presencia de compradores es el reflejo del cochabambino en su máxima expresión.

Son las 5:45 de la mañana y en el mercado ya hay movimiento. Los bultos gigantes están envueltos con telas y amarrados con lazos de goma que comienzan a desatarse para exponer la oferta.

- “Zumo de zanahoria a un peso (1 boliviano), zumo”, una mujer con una bandeja de madera y el zumo servido en vasos de vidrio.

Los proveedores, amigos de siempre, llegan todavía en la oscuridad y dejan sus delicias en las manos del Coloso.

Fruta, verduras, los productos frescos se ofrecen de mayoristas a minoristas y a los compradores que llegan en la madrugada.

El manejo económico está en manos de las mujeres. La mayoría de las comerciantes y compradoras son mujeres. Los varones que hacen compras son pocos, pero saben regatear.

“Rebajame pues”, “tan chiquititos me estás dando”, “¿me vas a yapar, no ve?”, son expresiones comunes en el regateo.

Son las 6:30. Unos caminan rápidamente para hacer compras directas, otros evalúan los productos.

Otros terminaron.

- “Llevaselo esto, ven, ven”, una comerciante llama a un cargador para que traslade la carga de su compradora. “¿Dónde te lo va a llevar, casera?”, pregunta.

En las calles los cargadores con coches que se jalan o empujan, carretillas o con bultos en la espalda van de ida y vuelta.

En la calle Pulacayo y República venden coca, alcohol, cigarros. “Coquita, coquita, casero, llevate en 5 (bolivianos)”, ofrece la vendedora. Un señor se acerca y sin hablar le alcanza una moneda a la dueña y levanta una pequeña botella de alcohol, la señora revisa la moneda, mira a su comprador y asiente con la cabeza sin tampoco decir nada.

Son las 07:05 y el Coloso apenas comienza a moverse, como todos los días.

En quechua se vende mejor

 

El idioma quechua es conocido no sólo en Bolivia sino también en países como Colombia, Ecuador, Perú, Argentina y Chile. Este idioma, propio de los valles del país, es rico en expresiones que describen lo que exactamente se quiere decir. Es inevitable oír y hablar quechua en los mercados.

Los caseros y caseras hacen las compras y llegan de memoria hasta el área bilingüe, la zona de venta de verduras en el mercado La Pampa.

No hay puerta de ingreso ni de salida, la avenida República o los pasillos internos de este mercado conducen hasta la zona donde se ofrece legumbres, hortalizas y tubérculos por kilogramos, cajas y cargas.

Aunque buena parte de los puestos está en un galpón que tiene techo de calaminas en los alrededores se mantienen las “llanthuchas”, sombrillas armadas con tubos de fierro y telas amarradas con cordones en cuatro esquinas.

En esta zona se activa la lengua quechua, el idioma de los valles. Aunque la mayoría de los visitantes a este centro de abasto habla castellano de una manera automática adopta el quechua y se comunica así con los demás. Fuera del lugar se compra en castellano, pero en el área bilingüe toda transacción es en lengua nativa.

“Papituy” o “mamitay” son el gancho para la compra. La yapa en el producto y la rebaja en el precio son la invitación a volver al puesto y así consolidar la relación de los caseros, comprador y vendedor.

Los productos frescos, “recién cosechados”, están en este sector. Se siente el olor a campo, las papas conservan el aroma de la tierra de las alturas y las verduras todavía tienen el aroma del rocío.

Las vendedoras, la mayoría mujeres, se sientan de cuclillas, a la altura de sus productos.

Una mujer de pollera lleva puesto un mandil, tiene trenzas gruesas que se dejan ver bajo una pañoleta. Está sentada tras los locotos, rojos, verdes y los que les dicen “pintones” por empezar a tomar coloración rojiza.

“Locoto caseray, ocho la cuartilla”, ofrece el manjar k’ochala, sin el que las ensaladas no tienen sentido ni se hace la llajwa, la salsa picante del cochabambino.